|| Críticas | ★★★★★
La risa y la navaja
Pedro Pinho
Colonialismos del presente
Miguel Martín Maestro
Valladolid |
ficha técnica:
Portugal, Francia, Brasil, Rumanía, 2025. Título original: «O Riso e a Faca» (La risa y la navaja). Dirección: Pedro Pinho. Guion: Pedro Pinho, Miguel Seabra Lopes, José Filipe Costa, Luísa Homem, Marta Lança, Miguel Carmo, Tiago Hespanha, Leonor Noivo, Luís Miguel Correia, Paul Choquet. Compañías: Uma Pedra no Sapato, Terratreme Filmes, Still Moving, Bubbles Project, deFilm. Festival de presentación: Festival de Cannes 2025 (Un Certain Regard). Distribución en España: Vitrine Films / Estreno en SEMINCI (Punto de Encuentro). Fotografía: Ivo Lopes Araújo. Montaje: Rita M. Pestana, Karen Akerman, Cláudia Oliveira, Pedro Pinho. Sonido: Jules Valeur, Pablo Lamar. Música: Carpotxa, Mazulu. Reparto: Sérgio Coragem, Cleo Diára, Jonathan Guilherme, Jorge Biague, Binta Rosadore, Nastio Mosquito, Giovanni Maucieri, Marçalina Djibril, Roxana Ionesco, Marinho de Pina, João Santos Lopes, Hermínio Amaro, Paulo Leal, João Pedro Sousa, Hamed Nah, Renato Sztutman, Bruno Zhu, Kody Mccree, Valentina Cirelli. Duración: 210 minutos.
Portugal, Francia, Brasil, Rumanía, 2025. Título original: «O Riso e a Faca» (La risa y la navaja). Dirección: Pedro Pinho. Guion: Pedro Pinho, Miguel Seabra Lopes, José Filipe Costa, Luísa Homem, Marta Lança, Miguel Carmo, Tiago Hespanha, Leonor Noivo, Luís Miguel Correia, Paul Choquet. Compañías: Uma Pedra no Sapato, Terratreme Filmes, Still Moving, Bubbles Project, deFilm. Festival de presentación: Festival de Cannes 2025 (Un Certain Regard). Distribución en España: Vitrine Films / Estreno en SEMINCI (Punto de Encuentro). Fotografía: Ivo Lopes Araújo. Montaje: Rita M. Pestana, Karen Akerman, Cláudia Oliveira, Pedro Pinho. Sonido: Jules Valeur, Pablo Lamar. Música: Carpotxa, Mazulu. Reparto: Sérgio Coragem, Cleo Diára, Jonathan Guilherme, Jorge Biague, Binta Rosadore, Nastio Mosquito, Giovanni Maucieri, Marçalina Djibril, Roxana Ionesco, Marinho de Pina, João Santos Lopes, Hermínio Amaro, Paulo Leal, João Pedro Sousa, Hamed Nah, Renato Sztutman, Bruno Zhu, Kody Mccree, Valentina Cirelli. Duración: 210 minutos.
Lo que antes fueron dispositivos, artefactos, ahora son capas, esa expresión de "múltiples capas" que tan de moda está en relación con las obras de creación artística en la de Pinho es cierta, pero no como una sucesión de ellas en las que las de arriba ocultan a las de abajo, estamos ante capas transparentes y osmóticas entre sí, donde los temas no funcionan como un relato cerrado que da paso al siguiente, sino que se conectan y trascienden de unas a otras, demostrando que cada acto personal puede tener consecuencias en lo colectivo. Si Bissau es presentada como una ciudad joven, bulliciosa y cálida donde la sensualidad se muestra a flor de piel, el campo aparece anclado en lo tradicional y en una limitada evolución tecnológica siempre unida al capital extranjero; si hay prostitución unida al dinero siempre aparece un blanco que paga pero sin olvidar que habrá un proxeneta negro; si la obra a autorizar beneficia a las grandes empresas habrá un impacto ecológico que desestabilizará cultivos y fauna al tiempo que beneficiará a los habitantes de la zona porque acercará la capital al campo gracias a las infraestructuras a desarrollar; si hay dinero, mucho dinero, por medio, también habrá presiones a cambio de cohechos o amenazas de consecuencias nada agradables si no se hacen los informes que se esperan. Y en el medio de este maremágnum de decisiones a tomar, que para el personaje principal se reduce a una básica que puede condicionar su futuro, su figura aparenta actuar de manera objetiva y científica, sin implicarse ni expresar su opinión sobre la información que recibe. Visita el país intentando comprender las razones de todos, o al menos escuchar a todos por si algún aspecto de su trabajo se viera influenciado por algo de lo que no se ha percatado. El nuevo colono se sitúa en su atalaya y observa, intenta eliminar su visión eurocéntrica para asimilar las diferencias de una sociedad que tiene muchas necesidades impensables en Europa.
Este viaje de Sergio a través del país, con múltiples idas y vueltas, de aires conradianos o stevensonianos, más del primero porque no deja de haber una amenaza latente en cada situación que vive el ingeniero, pero también del segundo porque en Bissau es posible una libertad personal y hedonista que no es conveniente exponer en la metrópoli, se construyen a partir de una tesis y antítesis no siempre generadora de una síntesis. Para la mentalidad europea, presuntamente más acostumbrada a relaciones sociales abiertas, es un choque la naturalidad con la que la diversidad sexual se manifiesta en las calles; también es un choque que la rectitud moral pueda ser cuestionada desde la facilidad que supone contar con el seguro de un sueldo mensual que impondría la dignidad de evitar ser comprado; no deja de ser un shock encontrarse con manifestaciones de racismo y supremacismo blanco en un país del África negra donde sigue habiendo parcelas de impunidad y cotos cerrados para disfrute del blanco. A todo esto, se asoma con objetividad el protagonista, seducido por la sensualidad de las gentes al tiempo que espantado por la facilidad en que puede ser suprimido sin saberse nada más de él. En una película de más de tres horas hubiera sido lógica la proliferación de tiempos muertos, de impasses inactivos en los que se diera un respiro al espectador; pero no es así, si ya en La fábrica de nada hubo la osadía fructífera de mostrarnos los efectos de la crisis económica y la deslocalización en Portugal mediante un musical posmoderno y amateur en el que nada desfallecía dentro de la lógica narrativa en O riso e a faca se repite la experiencia, aquí la música es plenamente diegética y la estructura se aleja del musical pero el nivel de tensión siempre es alto, y cuando se modifica es para crear un pico climático, como son las escenas donde la violencia verbal se exacerba en la explotación industrial, o en el rapapolvo anticolonialista que la muchacha lanza al ingeniero, la conversación pragmática con el conseguidor nativo o la larga escena final tan explicativa de una realidad que no podrá satisfacer nunca a todos. Estamos ante una de las películas de 2025, una película tan sorprendente como su escena inicial en la que ante un guardia fronterizo armado nuestro protagonista es parado antes de entrar en el país y cuando estamos esperando la petición de una mordida como excolonos que somos, nos llevamos la primera sorpresa agradable del viaje. Disfruten de algo infrecuente. ♦













