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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Entrevista | Entrevista a Damien Dorsaz, director de «Lady Nazca»

    «Lo que más me fascina del personaje de María Reiche es su camino de vida; la idea de alguien que vivía a Alemania y después prueba a irse a Perú, y justo allí, en el desierto, en el lugar menos pensado a priori, encuentra su sendero vital».


    Entrevista | Entrevista a Damien Dorsaz, director de «Lady Nazca»
    Texto | Emilio Luna | Madrid | .

    ¿Qué rasgos de Lady Nazca te fascinaron más y por qué sentiste que su vida debía ser contada en la gran pantalla?

    Lo que más me fascina del personaje de María Reiche es su camino de vida; la idea de alguien que vivía a Alemania y después prueba a irse a Perú, y justo allí, en el desierto, en el lugar menos pensado a priori, encuentra su sendero vital. Cambió absolutamente de modo de vida para encontrar un lugar que le permitiera ser ella misma. Y esto es lo que más importa: Reiche es alguien que sigue a su movimiento interno, personal e íntimo. Es alguien que persigue a su intuición. Con esa película yo quería trasladarle al público la energía de alguien movida por su fe en sí misma, y que no sigue tendencia alguna, ni tampoco a la sociedad. Se mueve bordeando los márgenes, casi en silencio con una gran convicción de lo que quiere en su vida.

    Devrim Lingnau lleva peso emocional de una mujer que deja atrás su antigua vida por una obsesión en el desierto. ¿Qué te hizo darte cuenta de que Devrim era la elección absoluta para encarnar a Maria?

    Lo que más me interesaba, a la hora de encontrar a la actriz principal que encarnara a María era encontrar a alguien con su fuerza, con su energía. Para mí María Reiche es como el viento, alguien con alma, alguien con profundidad pero alguien también de temperamento salvaje y solitario. Lo tuve claro cuando conocí a Devrim Lingnau, ya que ella está muy cerca de todo lo que buscábamos y tenía la capacidad de transmitir esa energía interior. No presté mucha atención a posibles parecidos físicos o personales con Reiche, sino que pensé en alguien que pudiera capturar todo el impulso de ella. Existen diferentes opiniones sobre la personalidad de Reiche pero no le presté demasiada atención. Al final Reiche era una joven que emprendió un viaje exterior e interior, con sus contradicciones.

    Has mencionado antes que María es lo contrario del típico personaje europeo que impone su visión del mundo, mostrando en su lugar una inmensa humildad hacia la cultura local. ¿Cómo trabajasteis tú y tus coguionistas para reflejar esta delicada integración cultural en el guion?

    Fuimos cuidadosos a la hora de crear el guion. Por ejemplo, en los momentos en el colegio, intentamos no mostrar una maestra omnipotente, sino más bien alguien más sensitiva, más abierta, que buscaba entender el mundo que le rodea, más que intentar ser lógica. Una humildad que traslada también en la escena de la fiesta, en la que es la única persona foránea, acompañada de su amiga profesora, que es indígena peruana; o cuando María va al desierto con Paul d'Harcourt (Guillaume Gallienne) y se encuentra con el personaje de Juana (Marina Pumachapi), Paul intenta mantener una conexión básica, casi de turista, sin embargo María va más allá y busca aprehender, desencriptar la mirada indígena. Una escena después María pide permiso para acampar a Juana; símbolo del respeto bidireccional entre ambos mundos, entre ambas miradas. Todo esto viene de mi experiencia. Yo vivo en Perú, conozco el país desde hace treinta años, y todo el tratamiento parte de lo propio, de lo íntimo, de cómo concibo Perú. Lady Nazca es un biopic sobre María pero también hay muchos elementos que aporta su director. Es una mezcla entre hechos reales y vivencias que me pertenecen. La mirada colonial por tanto se aparte pronto para ofrecer empatía. El contrapunto lo podemos encontrar con Paul d'Harcourt, un personaje más clásico, o Amy (Olivia Ross), que es rol que no tiene conexión con Juana ni con el pueblo indígena.

    El desierto peruano no es solo un escenario en la película; se siente como un antagonista y un compañero al mismo tiempo. ¿Cuáles fueron los retos logísticos y artísticos más importantes de rodar en un paisaje tan vasto e indómito?

    Estoy de acuerdo, el desierto, en sí mismo, es un protagonista más de la historia. En realidad Lady Nazca es una historia de amor entre una mujer y un desierto cuya principal cualidad es el misterio que habita en él. Teníamos claro que en la película el desierto nunca sería algo exótico, o algo puramente estético, sino que más bien sería la representación topográfica del alma de María, de todas sus aspiraciones emocionales. El desierto es una pintura de su movimiento interior. Es por ello nuestra concepción visual del desierto tenga muchas equivalencias con el legado pictórico-paisajístico alemán. Más allá de esto, rodar allí fue un enorme desafío: por la distancia, el coste, los horarios y las complicaciones ligadas a un terreno como este. El desierto se llama Pan de Azúcar, a dos horas de Palpa, está lejos de todo; y allí lo más complejo de gestionar es el viento. El rodaje fue en agosto y no había un día sin mucho viento. Fue difícil pero también interesante. Rodar en el desierto es complejo en aspectos como la limpieza de las huellas de nuestros pasos. Lograr el efecto de tierra inexplorada fue difícil. Trabajamos con luz natural y para ello tuvimos que entender cada hora del día en el desierto. Si hablamos de que este es el protagonista el sol también tiene su cuota. Él marcó el rodaje.

    La película equilibra la precisión de las matemáticas y la arqueología con una vocación casi espiritual. Como director, ¿cómo traduces visualmente el proceso interno e intelectual del descubrimiento científico en un cine cautivador?

    Al comienzo de la película, una europea mira a ese mundo nuevo desde un punto de vista científico, apasionado pero científico. Pero con cada paso, María cambia su punto de vista, su conexión con el mundo. María terminad pensando como los peruanos de Nazca y dejará atrás ese pensamiento lógico y abrazará la sencillez, la desnudez por así decirlo, de su estilo de vida. En cierta manera es lo que yo quería conseguir: que el propio público europeo dejara la lógica, y todos los prejuicios derivados, y como Lady Nazca, sentir una nueva realidad. Para mí, la parte científica en el filme expresa que los números forman el mundo pero no lo definen. Me interesa la parte metafísica del camino, la conexión que tiene María con este. En definitiva, lo que más me importa es el sentirse parte del mundo en algún momento de nuestras de vidas, aunque sea solo por unos segundos.

    Sabiendo que la génesis de este proyecto se remonta a 2009, darle vida ha sido un ciclo enorme. ¿Cómo ha evolucionado tu propia visión como cineasta desde esa chispa inicial hasta el montaje final de tu primer largometraje de ficción?

    Es un viaje íntimo, sin duda. Tanto de la protagonista como de las personas que la hicimos. Esto es una idea con la que comenzamos el rodaje. Pero durante todo este proceso todo va mutando a algo mucho más sencillo y a la vez mucho más sensible. Creo que con esta película se da la paradoja de que yo también comienzo a pensar sobre mi conexión con este mundo, con la gente y con mí mismo, de una manera más pura. Atrás he dejado atrás el ego, el orgullo, y todo busca ser más simple. Durante todo el recorrido lo único que he tenido claro han sido los personajes de María y Juana, y todo lo demás ha ido cambiando. Es evidente que si la película se hubiera estrenado en 2012 todo sería muy distinto, he ido añadiendo mi propia experiencia al proceso, el mundo también ha cambiado durante ello. Creo que todo se representa en el personaje de Paul, que representa esa evolución a lo largo de los años. Gracias a esta película entiendo la vida diferente y ese mensaje es el aprendizaje que guarda este relato.

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