|| Críticas | Seminci 2025 | ★★☆☆☆
Girl
Shu Qi
Equilibrios imposibles
Rubén Téllez Brotons
ficha técnica:
Taiwán, 2025. Título original: «Girl/女孩». Dirección y Guion: Shu Qi. Compañías productoras: Mandarin Vision, Aranya Pictures, CMC Entertainment, J.Q. Pictures. Fotografía: Fisher Yu. Música: Lim Giong. Reparto: Roy Chiu, 9m88, Esther Liu, Yu-Fei Lai, Bamboo Chu-Sheng Chen, Xiao-Ying Bai, Pin-Tung Lin. Duración: 125 minutos.
Taiwán, 2025. Título original: «Girl/女孩». Dirección y Guion: Shu Qi. Compañías productoras: Mandarin Vision, Aranya Pictures, CMC Entertainment, J.Q. Pictures. Fotografía: Fisher Yu. Música: Lim Giong. Reparto: Roy Chiu, 9m88, Esther Liu, Yu-Fei Lai, Bamboo Chu-Sheng Chen, Xiao-Ying Bai, Pin-Tung Lin. Duración: 125 minutos.
En determinado momento de Girl, la protagonista observa una araña que se mueve por detrás de una cortina, proyectando una sombra mucho más grande y terrorífica que ella misma. Shu Qi trata de alternar simétricamente la puesta en escena del objeto real y la de las diferentes sombras que este proyecta sobre los rostros de las niñas. La conversión de las deformaciones del mundo producidas por la mente de los personajes en figuras concretas no es producto de una posición subjetivista por parte de la directora: la realidad de la que surgen dichas deformaciones también aparece en pantalla sin alteraciones y, por tanto, el perspectivismo de la cinta es parcial, puesto que sus imágenes no niegan la posibilidad de conocer de manera objetiva un hecho, sino que, a partir del hecho, formulan las pesadillas que este genera en unas niñas cuya situación de opresión las obliga a refugiarse en la fantasía. Así, Girl no propone la fuga onírica como analgésico contra una realidad hostil, sino que presenta una situación concreta en la que eso sucede. La sutileza con que Shu Qi consigue convertir en imágenes algunos frutos de la imaginación de las protagonistas contrasta con los clichés que utiliza para darle forma a otros: la utilización de grandes angulares y desenfoques inesperados en secuencias alucinógenas ya está muy visto. Por el contrario, en los momentos en los que la lente de la cámara se asemeja más al ojo humano y el trabajo con la luz es naturalista, los temores de las niñas se vuelven más reales y extraños. La alternancia de la extravagancia y la concreción visual, de un punto de vista con otro, sostiene la película durante su primera hora de metraje.
Sin embargo, en su segunda mitad, Girl se viene abajo. En primer lugar, porque la directora abandona el perspectivismo parcial que había adoptado inicialmente para seguir durante un día entero a la hermana mayor desde un punto de vista supuestamente neutral. En segundo lugar, porque, lejos de profundizar en la idea nuclear que había presentado durante sus minutos iniciales —el determinismo de clase y género como condicionante de la vida—, Shu Qi la enuncia una y otra vez, sin que la repetición constante añada algo nuevo o la desarrolle más. La sutileza se convierte en sobreexplicación, en flashbacks que muestran aquello que ya había sido sugerido previamente, y una sobredosis verbal llena los vacíos sugerentes de la narración. Sin embargo, lo que más extraña de Girl es el modo en que sus imágenes se van volviendo cada vez más planas e inexpresivas, cómo relatan la huida hacia delante de la protagonista de una manera tan despreocupada que terminan por extinguir de sí mismas cualquier atisbo discursivo. La película, además, es un nuevo exponente de ese cine que, sin llegar a adscribirse totalmente dentro de los códigos la crueldad, introduce en su relato de forma caprichosa secuencias violentas para generar morbo e inyectarle a sus imágenes una dosis de nihilismo esencialista que para nada necesitan. El tercio final de Dreams, de Michel Franco, y la secuencia del pedófilo en Renoir, de Chie Hayakawa, son dos casos concretos que se han podido ver en los festivales de este año. En el caso de Girl, una violación es utilizada como material truculento con el que crear malestar: la directa alterna largos primeros planos del agresor con planos picados de la víctima, traduciendo visualmente la lógica del primero. En otra secuencia, el padre de la protagonista agrede a su madre y el impacto de sus golpes encuentra un eco en los violentos cortes de montaje que hace la cineasta. Una conclusión se puede sacar de Girl: el horror como objeto estético está en alza. ♦










