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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | El reino del planeta de los simios

    || Críticas | ★★★☆☆
    El reino del planeta de los simios
    Wes Ball
    El legado de César


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2024. Título original: Kingdom of the Planet of the Apes. Dirección: Wes Ball. Guion: Josh Friedman, Rick Jaffa, Amanda Silver, Patrick Aison. Producción: Wes Ball, Joe Hartwick Jr., Rick Jaffa, Amanda Silver, Jason Reed. Productoras: 20th Century Studios, Fox Studios Austraila, Oddball Entertainment, Jason T. Reed Productions. Fotografía: Gyula Pados. Música: John Paesano. Montaje: Dirk Westervelt, Dan Zimmerman. Reparto: Owen Teague, Freya Allan, Kevin Durand, Peter Macon, Eka Darville, William H. Macy, Travis Jeffery.

    Hay imágenes icónicas que quedan grabadas para siempre en la memoria colectiva y El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) atesora momentos imborrables para cualquier amante de la ciencia ficción. Cómo olvidar uno de los besos más transgresores de todos los tiempos, el que se dan el coronel George Taylor y la doctora simia Zira, pero, sobre todo, cómo no caer rendido ante uno de los finales más sorprendentes y demoledores que nos ha regalado el género, con un Charlton Heston arrodillado en la arena ante una estatua de la Libertad semienterrada en la playa, horrorizado tras descubrir que el planeta dominado por monos del que estaba tratando de escapar no es otro que la misma Tierra del futuro. La película, basada en una novela homónima de Pierre Boulle, fue un clamoroso éxito de taquilla y crítica, inaugurando una saga que contó con un total de cinco entregas, todas ellas marcadas por un fuerte contenido crítico, ya que tocaban, de manera muy metafórica, temas como los conflictos raciales, la Guerra Fría o los derechos vulnerados de los animales. Tim Burton trató de rescatar la misma historia en una versión de 2001 que sufrió el rechazo más furibundo de la crítica (a día de hoy sigue siendo considerado el mayor tropezón artístico de tan personal director), pese a que económicamente no le fue nada mal. Personalmente, nunca me pareció un trabajo tan desdeñable, pero no sería hasta diez años después cuando Rupert Wyatt inaugurase con El origen del planeta de los simios la que sería una de las mejores trilogías de los últimos tiempos. Matt Reeves se encargaría de dirigir las dos cintas restantes, El amanecer del planeta de los simios (2014) y La guerra del planeta de los simios (2017), completando una magnífica odisea, la del simio César, a quien el gran Andy Serkis supo dotar de una humanidad y una dimensión heroica descomunales, ayudado por la fascinante labor de los responsables de los efectos especiales. Las tres películas fueron el ejemplo perfecto de que se puede hacer un tipo de cine espectáculo épico, pero, a la vez, inteligente y muy emocionante. El reino del planeta de los simios (Wes Ball, 2014) llega con la intención de tomar ejemplo y hacer las cosas bien para no palidecer en exceso ante tan ilustres precedentes. ¿Lo habrá conseguido?

    Siete años después del maravilloso cierre que supuso La guerra del planeta de los simios para su trilogía, y conscientes de los excelentes resultados críticos y comerciales conseguidos, Fox se ha propuesto la meta de crear una nueva trilogía que funcione como continuación a lo acontecido en La guerra del planeta de los simios y, a la vez, sea un puente que enlace con el futuro desolador que se encontrará el astronauta encarnado por Charlton Heston en El planeta de los simios original. Después de un emotivo prólogo en el que asistimos al funeral de César, El reino del planeta de los simios comienza su andadura 300 años después, mostrando un planeta en el que los simios se han convertido, finalmente, en la especie dominante, mientras que el número de humanos, no solo ha menguado, sino que la mayoría de estos han perdido la capacidad de comunicarse mediante el lenguaje, después de que el virus que ellos mismos crearan afectara a su inteligencia. Las tornas se han invertido y pequeños clanes de humanos permanecen escondidos en las sombras, a expensas de ser capturados en cualquier momento por unos monos que, en el pasado, eran quienes vivían encerrados en sus jaulas. Aún resuenan ecos lejanos de las hazañas logradas por César, el primer simio inteligente que se rebelara contra la opresión, pero su mensaje, que abogaba por la unión de todos los simios para lograr la fuerza, ha quedado desvirtuado en algo mucho más radical y violento. Aquí encontramos a un nuevo líder, el tiránico Próximus César, obsesionado con construir un imperio, valiéndose de la tecnología humana, y que, no solo persigue a los humanos, a quienes considera una raza a extinguir si los simios no quieren volver a ser esclavos, sino que también oprime a otros simios más débiles, invadiendo sus poblados y asesinando. Y es aquí donde entra en escena el que estará llamado a ser la nueva esperanza para que el planeta vuelva a alcanzar un equilibrio entre las diferentes especies, el joven chimpancé Noa, heredero de un clan de simios que controlan las águilas, que ve cómo su pueblo es capturado por Próximus, por lo que tendrá que aprender a madurar rápidamente para devolverles la libertad.

    «En El reino del planeta de los simios pesan más sus aciertos que sus errores. Si dejamos a un lado las temibles (y tristemente inevitables) comparaciones con la trilogía anterior, estamos ante un filme de aventuras modélico en sus formas, con cierto sentido de la maravilla de aliento añejo y poseedor de algunos momentos genuinamente emocionantes, destacando un fantástico y desesperanzador final abierto que consigue elevar el interés hacia lo que nos pueda deparar la próxima entrega».


    El reino del planeta de los simios es una historia de carácter iniciático, en la que su héroe tiene que sacar fuerzas de flaqueza para salir adelante, después de que le sea arrebatado todo cuanto ama. Algo que hemos visto en multitud de peliculas anteriores, desde Conan el bárbaro (John Millius, 1982) a El rey león (Rob Minkoff, Roger Allers, 1994), y que aquí se mueve dentro de todos los lugares comunes conocidos. La presencia de insospechados aliados para el protagonista –el sabio Raka, encargado de contarle la verdadera historia de César, o Nova, una humana que aún conserva la capacidad de hablar, por lo que es una pieza codiciada para Próximos y los suyos, que la ven como una amenaza–, los paisajes exóticos –resulta fascinante la visión de esas antiguas ciudades que han acabado sepultadas bajo la vegetación, como si la naturaleza se hubiera abierto paso entre la civilización– y las emocionantes escenas de acción son ingredientes que no podían faltar y están servidos con gran eficacia. Los efectos especiales, especialmente aquellos que juegan con la captura de movimiento de los actores para dar vida a los monos, han alcanzado una perfección que hace que estos resulten hiperrealistas –en contraste, por ejemplo, con el chirriante CGI de la reciente Kong y Godzilla: El nuevo imperio (Adam Wingard, 2014)– y todo el plano visual de la cinta es sobresaliente. También el sonoro, ya que la música de John Paesano posee toda la épica y sentido de la aventura que merece la historia, homenajeando en algunos pasajes a la creación de Jerry Goldsmith para la película de 1968. Sin embargo, algo no termina de funcionar del todo para que El reino del planeta de los simios sea una superproducción tan redonda como los tres filmes anteriores, en general, y los rodados por Matt Reeves, en particular.

    Tal vez sea que el guion, a pesar de contar con nada menos que cuatro responsables, no sea, precisamente, un ejemplo de originalidad. Es una debilidad que en muchas ocasiones se le ha achacado, sin ir más lejos, a Avatar (James Cameron, 2009), calificado como un espectáculo visual de primer orden, pero sin demasiada historia. Pues algo parecido le sucede a la cinta de Wes Ball, por otra parte, un realizador que carece de la personalidad de sus antecesores, ya que su experiencia cinematográfica se reduce a una saga tan intercambiable como la de El corredor del laberinto. Si bien es cierto que el director rueda con oficio sus escenas de acción, el material del que dispone no le permite desarrollar una historia tan íntima y emotiva como la que tuvieron César y el humano encarnado por James Franco en El origen del planeta de los simios, y que fue la que consiguió que el público empatizara con la causa de unos antagonistas, los simios, que solo buscaban su lugar en el mundo, fuera de la esclavitud. A pesar de ello, los pocos momentos de tranquilidad de la película, aquellos en los que los personajes se sientan a hablar, rescatando las aventuras pasadas de César, funcionan razonablemente bien para que todo no sean peleas y persecuciones, y la evolución del personaje de Noa, así como su progresivo acercamiento a la humana Nova, están mostrados de forma convincente. Aún le queda mucho recorrido al protagonista para alcanzar la magnitud heroica que caracterizaba a César. Tal vez aún tiene que pasar por más traiciones y sufrimientos como pasó aquel, pero se trata de una buena presentación del personaje y consigue ser carismático y caer bien al público desde su primera escena. Por todo esto, en El reino del planeta de los simios pesan más sus aciertos que sus errores. Si dejamos a un lado las temibles (y tristemente inevitables) comparaciones con la trilogía anterior, estamos ante un filme de aventuras modélico en sus formas, con cierto sentido de la maravilla de aliento añejo y poseedor de algunos momentos genuinamente emocionantes, destacando un fantástico y desesperanzador final abierto que consigue elevar el interés hacia lo que nos pueda deparar la próxima entrega. Algo sí es seguro: la convivencia entre humanos y simios, de igual a igual, sigue pareciendo imposible y todo continúa avanzando, inexorablemente, hacia el aterrador paisaje apocalíptico que se encontrará Charlton Heston. ♦


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