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    Crítica | The empire

    || Críticas | Competición Berlinale 2024 | ★★★☆☆
    The Empire
    Bruno Dumont
    Epopeya rural


    Luis Enrique Forero Varela
    74ª Berlinale |

    ficha técnica:
    Francia, Italia, Alemania Bélgica, Portugal, 2024. Título original: «L'Empire». Dirección: Bruno Dumont. Guion: Bruno Dumont. Compañías productoras: Tessalit Productions, Red Balloon Film, Ascent Film, Novak Production, Furyo Films. Fotografía: David Chambille. Intérpretes: Lyna Khoudri, Anamaria Vartolomei, Camille Cottin, Fabrice Luchini. Duración: 110 minutos.


    anexo| Cobertura de la Berlinale 2024


    El cineasta francés Bruno Dumont parece haberse divertido enormemente al filmar una película como The empire, particularísima inmersión en el terreno épico de la “space opera”, que juega a desdibujar, eso sí, muy conscientemente, el límite entre el homenaje y la parodia, teniendo muy claras sus intenciones tanto narrativas como estéticas. El afán por tal incursión, muy propia del autor, viene provocada por un genuino interés por el género, con un lenguaje y unos mecanismos determinados, y el reto viene marcado por cómo enfocar la aproximación, hasta dónde tensar o relajar los elementos que toma prestados.

    Referirnos únicamente al argumento no serviría del todo para llegar a entender la película, debido a su carácter particular de interpretación de unos códigos ajenos. Tenemos, por un lado, la pugna grandilocuente de dos civilizaciones intergalácticas, los 1’s y los 0’s, cada una de las cuales posee una ética rígida y una determinación inquebrantable de aniquilación de su némesis. Los 1s representan la bondad y los elevados valores de la justicia; los 0s, por otra, encarnan la maldad pura. En medio del conflicto se encuentra, cómo no, la influenciable, la raza humana y el planeta Tierra como objetivo de urgente conquista. Ah, ¡Cómo olvidarlo! Tenemos también a un niño mesiánico, nacido en la Tierra, como recipiente de la gran fuerza destructora que lo dominará todo. Así que unos deben protegerlo a toda costa de los otros, cuya misión no es otra que la aniquilación necesaria. Hasta aquí, normal.

    La mirada autoral a la que me refería un poco más arriba viene dada por la forma, y también por los aspectos, digamos, tonales. El campo de batalla de esta lucha grandilocuente se encuentra en nada más y nada menos que una pequeña región costera del norte de Francia, entre vacas y lanchas de pesca. En este entorno tan anticlimático se ocultan los 1’s y los 0’s, camuflados en los cuerpos de ancianos encorvados, jóvenes “slackers” y pastores a caballo con la cara sucia, los cuales, con un acento y un hieratismo muy paródicos, recitan diálogos en los que mencionan la épica de esta misión por el control interplanetario. Esta estética autoconsciente de lo paródico se extiende prácticamente por todas partes. Así, el buque espacial de unos, los “buenos”, tiene la forma de una monumental catedral gótica, mientras que el destructor estelar clase imperial de los otros, los “malos”, es literalmente un palacio monárquico del siglo XVIII, ambos navegando las profundidades del cosmos a la espera del comienzo de la contienda. Mención aparte merecen las secuencias palaciegas dentro de esta nave improbable, con un humor muy personal y deudoras de un surrealismo que llega casi a acariciar lo lynchiano.

    Y es que este humor, cuando menos, particular, está muy presente, y Dumont se esmera en presentar a unos personajes con unas características físicas concretas, casi endémicas de la región, comportarse de con unos códigos opuestos a lo esperable, hablando en términos absolutos y pomposos; pero también, por otra parte, el posthumor modela el desarrollo tonal de la película, pues no da la sensación de que la prioridad de The empire sea únicamente hacer reír de este modo más canónico, sino además generar un estado incomodidad en su incomprensión.

    La mirada sobre este entorno llega a través del personaje de Lnie (Lyna Khoudri), casi una caricatura de la generación Z, quien acaba de llegar a la región, y muy pronto se ve absorbida por el poderoso influjo del caballero Jony (Brandon Vlieghe) hasta convertirse a la causa de los 0’s y su misión de destruir a la humanidad gracias al demoniaco heredero. Del otro lado del espectro moral se encuentran Jane (Anamaria Vartolomei) y su joven aprendiz humano Rudy (Julien Manier) —casi un Padawan, podría decirse—, quien vigila atentamente la presencia enemiga y ansía convertirse en un miembro de los 1’s por pleno derecho; motivo por el cual entrena constantemente sus habilidades con una suerte de espada láser de morfología ridícula. Esta constante tensión bélica en la que se encuentran las partes implicadas va acrecentándose y dejando víctimas por el camino, hecho que despertará la suspicacia de dos no muy avispados gendarmes con afán de resolver las incógnitas presentes. De nuevo, la asimetría formal y tonal construyen aquí el espacio para el (post)humor, pues la caracterización, la actuación y el diseño de producción nos llevan exactamente en la dirección opuesta —véase cualquier sketch de Muchachada nui o La hora chanante para hacerse una idea más concreta—.

    Dumont ofrece una mirada personal al género de la ciencia ficción espacial, permitiéndose caprichosamente nutrirse de sus referentes principales. Las obras de las que se sirve para The empire están clarísimas: Star wars, Dune (la de Lynch), 2001: una odisea espacial. Quizás podría llegar uno a pensar que esto se trata de una carísima broma, que el director francés ha orquestado una burla catedralicia a estos tres tótems de la cultura pop. Sin embargo, en un análisis más detenido, se acaba apreciando, por una parte, el sincero aprecio por estos y otros filmes similares, por su épica y su espectacularidad, así como se hace evidente también lo mucho que se está divirtiendo en adaptar a su mirada, en alguna medida transgresora, las fuentes de la que bebe. Y esto sí que lo lleva a cabo con seriedad incuestionable. Su método de escritura de guion, para quien no lo sepa —aunque a estas alturas quizás sea ya vox populi— consiste en erigir prácticamente una novela, alejándose de la parquedad de las meras líneas de diálogo y el recuento de escenas. Este trabajo tan concienzudo y planeado se aplica también aquí. A pesar de su intención (post)humorística, se toma esto con la diligencia que merece. Por lo tanto, cualquier primera impresión de banalidad se disipa progresivamente, y uno acaba entretenido ante este universo tan discordante, patético y pintoresco en igual medida.

    Como artefacto, The empire es una obra sin ninguna duda singular, lo cual, por sí mismo, por huir de los convencionalismos y la previsibilidad, supone una virtud. Posee más capas de profundidad de las apreciables con una mirada distraída —el hecho de que las dos naves espaciales de estas civilizaciones bélicas tengan la apariencia de la omnipotente institución católica y la monarquía absolutista no son exactamente una coincidencia—. Además, contiene algunas secuencias que casi llegan a lo estúpido, llegando uno a preguntarse si es este el momento de la risa o no; entonces es donde se aprecia que el filme ha cumplido su objetivo epatante con relativa solvencia. ♦


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