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    Crítica | Scrapper

    || Críticas | ★★★☆☆
    Scrapper
    Charlotte Regan
    Chaplin en Disney Channel


    Ignacio Pablo Rico Guastavino
    Madrid|

    ficha técnica:
    Reino Unido, 2023. Título original: «Scrapper». Dirección: Charlotte Regan. Guion: Charlotte Regan. Compañías productoras: BBC Film, British Film Institute, DMC Film, Great Point Media. Fotografía: Molly Manning Walker. Montaje: Matteo Bini, Billy Sneddon. Reparto: Lola Campbell, Harris Dickinson, Alin Uzun, Ambreen Razia. Duración: 84 minutos.

    El debut en el largometraje de la directora británica Charlotte Regan, abonada hasta ahora al formato corto y a la televisión –Bite Size Halloween (2020), The Bucaneers: Aristócratas por amor (2023)– ha sido comparado, desde su paso triunfal por el Festival de Sundance (Gran Premio del Jurado - World Cinema), con dos hitos recientes del cine indie como son The Florida Project (Sean Baker, 2017) y Aftersun (Charlotte Wells, 2022). En el primer caso, la comparación no nos parece en absoluto arbitraria: el trabajo escenográfico y la puesta en escena del filme embellecen, a través de la imaginativa mirada infantil, un empobrecido barrio londinense. No obstante, Scrapper elude la faceta más discutible de la película de Baker, ligada a la demagógica complacencia con que el cineasta simpatizaba con un personaje de cualidades tóxicas y destructivas como el de Halley (Bria Vinaite), la madre. Y esto nos lleva hasta la segunda equiparación: mientras que tanto The Florida Project como Aftersun se aproximan a adultos inmaduros, incapaces de lidiar funcionalmente con sus exigencias laborales y familiares, Scrapper es una narración acerca de la inocencia.

    La madre de Georgie (Lola Campbell) falleció unos meses atrás, y la pequeña, con apenas doce años, se las arregla sola, fingiendo ante los servicios sociales que se encarga de ella su tío, sospechosamente llamado Winston Churchill. Junto con su único amigo, Ali (Alin Uzun), roba y vende bicicletas para mantenerse. Su vida interior, sin embargo, es un misterio para los demás, resguardada en un cuarto cerrado a las visitas. El panorama de Georgie se transforma cuando Jason (Harris Dickinson), su padre, aparece por primera vez con la intención de hacerse cargo de ella. Pero aunque este se presente a los espectadores como un niño grande, desbordado por la responsabilidad que ha de asumir, Regan plantea a través de su figura una defensa de la candidez como instrumento para lidiar con un universo dominado por seres maduros que no son sino críos fingiéndose mayores, incapaces de una auténtica empatía hacia el otro. En su desconfianza a las instituciones y a la organización social, Scrapper tiene mucho más de El chico (The Kid, Charles Chaplin, 1921) que de cualquier producción reciente.

    Scrapper
    Gran Premio del Jurado de la World Cinema Competition del 39º Festival de Sundance


    «Si el guion de Scrapper está trufado de encuentros y desencuentros predecibles, difícilmente expresivos sobre el papel, las imágenes concebidas por Regan y su directora de fotografía, Molly Manning Walker, encuentran el modo de dotar a lo esperado de un delicado latido interior».


    A pesar de la desgracia vivida, Georgie sigue siendo una niña. Es interesante que en sus ensoñaciones, punto de encuentro para la imagen animada, el sketch y los juegos visuales con el lenguaje del meme o del videojuego, hallemos mucho menos la presencia de aquella variante finisecular del realismo mágico –de Léolo (Jean-Claude Lauzon, 1993) a Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)– con el que se ha emparentado al filme, que dos décadas de hallazgos formales que debemos, en cierta medida, a Disney Channel y Disney XD, de un influjo tan poderoso como silenciado en cierto audiovisual contemporáneo: Lizzie McGuire (2001-2004), Sunny, entre estrellas (Sonny with a Chance, 2009-2011), Zapped (Peter DeLuise, 2014), Manual del jugón para casi todo (2015-2017) y, hace muy poco tiempo, Ms. Marvel (Bisha K. Ali, 2022). Sin ser el aspecto más estimulante de Scrapper, una vez más el cine popular le lleva años de delantera a propuestas que terminan erigiéndose en soplos de aire fresco dentro de registros cinematográficos hipercodificados.

    Porque Scrapper no deja de ser, en más de un sentido, un trabajo de escuadra y cartabón: la construcción de la relación entre los dos protagonistas, Georgie y Jason, atiende menos a una profundización dramática en la condición psicológica de los mismos que a la necesidad de cumplir determinados checkpoints que, diríase, no pueden faltar jamás en un european Sundance que maneje estas líneas argumentales. Llegado a este punto, el lector bien podrá dilucidar que, en efecto, el cariño entre Georgie y Jason queda sellado mediante un bailecito enternecedor. Las limitaciones de esta ópera prima son disculpadas por el talento que demuestra Regan. Y más aún siendo una película instalada en un ecosistema cinematográfico donde se piensa antes cómo adecuar el encuadre y el plano a la vertiente fílmica en boga de turno, que en las posibilidades expresivas de la cámara. Scrapper es una obra que piensa el mundo íntimo, recóndito, de sus personajes, sirviéndose de la composición y el montaje. El punto álgido lo encontramos en la rima entre las dos escenas más bellas: aquella en que descubrimos lo que esconde Georgie en su habitación a partir de un contrapicado que, sumado a la nocturna paleta cromática, confiere cualidades oníricas a lo observado; y el instante en que su padre entra, por primera vez, a dicha estancia, filmada ahora con un afán casi documental. Si el guion de Scrapper está trufado de encuentros y desencuentros predecibles, difícilmente expresivos sobre el papel, las imágenes concebidas por Regan y su directora de fotografía, Molly Manning Walker, encuentran el modo de dotar a lo esperado de un delicado latido interior. ♦


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