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    Crítica | Elemental

    || Críticas | ★★★☆☆
    Elemental
    Peter Sohn
    El arte de encender una cerilla o hacer match


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2023. Presentación: Festival de Cannes 2023. Dirección: Peter Sohn. Guion: John Hoberg, Kat Likkel y Brenda Hsueh. Producción: Walt Disney Pictures / Pixar Animation Studios. Fotografía: David Juan Bianchi y Jean-Claude Kalache. Montaje: Stephen Schaffer. Música: Thomas Newman. Diseño de producción: Don Shank. Dirección artística: Jennifer Chang. Reparto (voces): Leah Lewis, Mamoudou Athie, Ronnie Del Carmen, Shila Ommi, Wendi McLendon-Covey. Duración: 101 minutos.

    En los últimos años la unión cada vez más estrecha entre Pixar y Disney está provocando que la primera de estas compañías pierda buena parte de su excepcionalidad en la industria, incluso algo de su reputación. Antes una película de Pixar era todo un acontecimiento, el referente anual del cine de animación y un éxito asegurado de crítica y público. De especial mención es la racha que prolongaron entre 2007 y 2010, encadenando Ratatouille, WALL·E, Up y Toy Story 3. Poco después llegaría la cima de Del revés (2015), pero esta ya había estado precedida por alguna cinta menor, como Monstruos University (2013) o Brave (2012). A partir de ahí, los triunfos de Pixar ya no se contarían por número de estrenos, quizá por el aumento en el ritmo de producción. A Coco (2017) o Soul (2020), por ejemplo, les acompañaron, esos mismos años, otras películas más cuestionadas o, directamente, más olvidadas: respectivamente Cars 3 y Onward, aunque quien esto escribe se halla en la minoría defensora de esta última. En cualquier caso, una nueva película de Pixar ya no sería sinónimo de premisa innovadora, guion redondo, precisión técnica y emoción para todos, sino que algunas de sus películas funcionarían mejor, y otras peor, en estos y otros departamentos, como cualquiera de otros tantos estudios de animación. Pixar, por tanto, ya no ocupa un lugar de privilegio.

    Su vuelta al festival de Cannes, al clausurarlo este año con Elemental, ha generado cierta expectativa sobre el alcance y calidad de esta nueva obra. Al fin y al cabo, en el certamen galo también se presentaron en su día Up o Del revés. Con todo, al programarse ahora como pase de clausura, la potencial repercusión del trabajo de Peter Sohn ya venía muy minorada, pues este suele ser el pase al que menos prensa asiste y al que se presta menos atención, precisamente por ser el último, fuera de competición. Realmente, esta puesta de largo no ha contribuido a impulsar Elemental a pocas semanas de su llegada a la cartelera. De hecho, los pocos críticos que entonces pudieron visionarla apenas la han destacado, y esta relativa indiferencia ante un nuevo estreno de Pixar contrasta, como decíamos, con lo que ocurría hace una década. Centrándonos en su historia, es lógico que Elemental no haya estimulado en exceso a sus primeros espectadores, porque, pese a su evidente calidad, no es, en efecto, demasiado original ni memorable. Al verla uno pronto comprueba lo mucho que recicla de historias pasadas y lo mucho que se asemeja, al menos en un plano temático, a otras muchas producciones comerciales recientes. Su principal reclamo, para buscar la novedad, sería crear a todos sus personajes a partir de uno de cuatro elementos: fuego, agua, aire y tierra, y situarlos en un mundo de fantasía, dominado por reglas propias. Pero la imaginación de tales personajes y del mundo en que habitan queda limitada ante la derivación estereotipada de aquellos y la superficialidad arquitectónica de este.

    En concreto, seguimos las peripecias de Ember, una joven de naturaleza fogosa (en sentido literal), que trabaja con sus padres en una tienda de un barrio anexo a la gran ciudad. Un prólogo nos muestra la llegada de la pareja inmigrante desde su tierra natal, cómo montan la tienda y conciben y crían allí a su hija, pero todo ello en la periferia, sin apenas transitar por la moderna urbe donde conviven especímenes de los otros tres elementos. El fuego se apaga con el agua y quema la vegetación, por lo que los seres de este cuarto elemento tienen prohibido el acceso a ciertos lugares y no pueden entrar en contacto con otros conciudadanos… hasta que Ember conoce a Wade, de la variante agua, un inspector del ayuntamiento que amenaza la regularidad de la tienda. Contra todo pronóstico, ambos van compartiendo cada vez mayor complicidad, unidos por una misión para salvar aquel negocio, ligados por ciertos intereses en común y, cabe pensar, eventualmente enlazados por la intimidad del contacto físico. Aunque, cuando acontece, este resulta anticlimático, al margen del conflicto trágico que podría suscitar, concuerda con la previsibilidad de la narración, inspirada, por cierto, en la biografía de su director. Sus padres también eran inmigrantes que llegaron a Estados Unidos para abrir una tienda local, en el Bronx, barrio periférico de Nueva York. La barrera cultural e idiomática que entonces sufrieron se transforma, en esta película, en barrera física: todos hablan el mismo idioma pero están encasillados en cuatro categorías biológicas, por lo que su superación se antoja incluso más antinatural. El bonito mensaje de Elemental es que, por muy radical que pueda parecer una diferencia, personal o colectiva, siempre es relativa y nunca justifica la discriminación ni la segregación.

    Esta película goza así de una narración y un contexto cuyos propósito y significado son claros y oportunos, pero, como adelantábamos, no los desarrolla todo lo que podría. A los personajes les faltan momentos que permitan ahondar en sus motivaciones, como la que empuja a los padres de Ember a instalarse en su nueva localización o la que invierte la disposición de Wade a ayudar a Ember. En estas y otras ocasiones, el guion y el montaje avanzan a marchas algo forzadas, sin dar la suficiente importancia a algunos elementos, nunca mejor dicho, de una historia que pedía una mayor sensibilidad, más allá del aludido contexto con el que cualquiera puede estar familiarizado. Por otro lado, Elemental se crece en detalles que, a priori, son menos trascendentes, aunque se agradece el ingenio que les dedica, en especial a unos diálogos llenos de juegos de palabras y sin notas en falso. La película nunca deja de entretener y aúna bastante bien la fascinación (incluyendo alguna imagen brillante, como la puesta de sol en el horizonte con el mar) con la ligereza y el sentido del humor, al aprovechar las múltiples posibilidades que brinda este mundo ficticio. En cambio, salvo en alguna escena como la del estadio al que acuden Wade y Ember o su visita submarina a una planta milagrosa, esto no ocurre con el contenido del maravilloso decorado de esta gran metrópoli, que apenas se deja intuir. Hay varios planos generales que solo dejan adivinar, tras sus coloridas y multiformes fachadas y otras estructuras, lo que hay dentro, a un nivel más cercano, por lo que dicho decorado se parece más a un paisaje que se contempla desde lejos que a un lugar por el que verdaderamente se muevan estos personajes. De ahí que, en conjunto, ambos tengan escasa profundidad. En suma, Elemental no es una película compleja pero, seguramente, tampoco pretendía serlo, a estas alturas en que Pixar se conforma con estrenar una película que funcione en sus apartados más básicos, en lo elemental, y esta sin duda lo logra.


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