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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Novembre

    || Críticas | ★★★☆☆
    Novembre
    Cédric Jimenez
    Libertad, igualdad, fraternidad


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Francia, 2022. Presentación: Festival de Cannes 2022. Dirección: Cédric Jimenez. Guion: Olivier Demangel. Producción: Récifilms / Chi-Fou-Mi Productions / StudioCanal / France 2 Cinéma / Umedia. Fotografía: Nicolas Loir. Montaje: Laure Gardette. Música: Guillaume Roussel. Diseño de producción: Jean-Philippe Moreaux. Decorados: Dièné Bérété. Vestuario: Stéphanie Watrigant. Reparto: Jean Dujardin, Anaïs Demoustier, Sandrine Kiberlain, Jérémie Renier, Lyna Khoudri, Cédric Kahn, Sofian Khammes, Sami Outalbali, Stéphane Bak. Duración: 106 minutos.

    En 2022 se cumplieron siete años de los atentados terroristas de París del 13 de noviembre de 2015, esa tragedia que en pocas horas se cobró 130 víctimas mortales y centenares de heridos. Los terroristas culpables se suicidaron esa misma noche, fueron pronto abatidos o, tras una frenética investigación, juzgados y encarcelados. Pero todas las personas afectadas por sus crímenes, directa o indirectamente, siguieron y han seguido padeciendo sus secuelas desde entonces. Pronto salieron a la luz sus biografías, testimonios de muchas personas que estuvieron implicadas en estos oscuros hechos, especialmente en el epicentro del terror, la sala de espectáculos Bataclan. Eran recuentos directos, crudos y desoladores de sus experiencias. Y todos sus conciudadanos no podían sino hacerles llegar, desde la impotencia e indignación, mensajes de cariño y gestos de consuelo. En suma, debía pasar un tiempo para que todo ello pudiera ser narrado desde otra perspectiva, ahora como una ficción, basada en hechos reales, por supuesto, pero ya distanciada de la realidad, como ha ocurrido, por desgracia, en otras ocasiones de la Historia reciente. Y ha sido precisamente el año pasado, en 2022, cuando han coincidido al menos tres estrenos cinematográficos con esta premisa, pasando sucesivamente por tres de los festivales de más renombre del continente: primero, Un año, una noche, de Isaki Lacuesta, que compitió en la Berlinale; después, Novembre, de Cédric Jimenez, que reseñamos seguidamente, presentada fuera de competición en Cannes; y, en fin, Vous n’aurez pas mas haine, de Kilian Riedhof, que pudimos ver en primicia en Locarno. Las cintas de Lacuesta y Riedhof se centraban ambas en víctimas del Bataclan, para construir dramas intimistas hermanados aunque diferenciados, sobre todo, por el montaje y el tratamiento de los personajes.

    Frente a ambas, el filme de Jimenez se acerca más al thriller, no se detiene en el trauma de las víctimas sino en la labor de las autoridades, fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia durante y en los días inmediatamente posteriores a los atentados. Efectivamente, su título es de lo más escueto y significativo, pues el relato se ciñe, tras un breve prólogo, a los días 13 a 18 de noviembre de 2015. Sus dos personajes principales son un comisario (Jean Dujardin) y una capitana (Anaïs Demoustier) que, junto con otros compañeros de la policía y sus cuerpos especiales, son movilizados desde la noche del 13 de noviembre, con la desconcertante y temible noticia de los ataques terroristas producidos casi en paralelo en distintos puntos de la capital. En esos primeros instantes, el montaje es algo confuso en cuanto a la presentación de tales cargos y la información sobre dichos ataques, si bien esta confusión, incluso caos, concuerda con lo que se debió sentir en esos momentos. Tras ello, progresivamente aunque sin bajar el ritmo, la película va organizando mejor los hitos que se van sucediendo, en concreto las pistas sobre los culpables, y va también dibujando mejor a esos dos personajes, sin olvidar luego la incorporación de un personaje real que tuvo una gran relevancia en la resolución de esta investigación. Cabe destacar, por ejemplo, la construcción del personaje de Demoustier en torno a dos descubrimientos clave de toda la operación policial: uno errado y otro decisivo que, respectivamente, le granjean la reprimenda y el reconocimiento de su jefe (Dujardin). Entre medias, su determinación, no sin resquicios de fragilidad, se interrelaciona con la propia determinación, en gran parte análoga, de su superior. Con ello, aunque solo sea a través de estos dos héroes, y al margen de los demás secundarios que, en la misma línea, participan sin descanso en el dispositivo, se pone el acento en el trabajo colectivo, pues todos comparten una misma vocación y una responsabilidad común.

    Esto conlleva, con todo y pese al saber hacer de los actores que los interpretan, que el interés individualizado de los personajes sea limitado. La atención del espectador se desplaza ante todo hacia el suspense inherente a la acción, a la intriga sobre el paradero o la identidad de los terroristas y, en particular, al seguimiento que se cierne sobre ellos. Jimenez y su equipo narran estos detalles con minuciosidad e intensidad, sin grandes alardes estéticos pero sin apenas deslices ni pasos en falso. Novembre se emparenta entonces con otras producciones similares de alto calibre técnico, y en especial recuerda, en sus mejores partes, a La noche más oscura (Zero Dark Thirty). Lo que la impide alcanzar una calidad, en conjunto, igual a la de esta y otras películas que sin duda tiene como referentes es que parece contentarse con cumplir el oficio que tiene encomendado, de forma competente y poco más, sin ir más allá en el retrato, la conmoción o la interpretación de estos hechos. Como sus personajes, se limita a sacar adelante el trabajo con perseverancia y ánimo exhaustivo, lo cual es admirable, pero impide que la narración se pueda mover a unos niveles de mayor emotividad, fascinación o reflexión. Si en este rigor se inclinara por una visión casi documental, podría estar justificado, pero los recursos de edición o el uso de la banda sonora (especialmente en los créditos finales, donde desentona un tanto con el recuerdo de lo narrado) dejan claro que estamos principalmente ante una película de género con pretensiones comerciales, de puro entretenimiento. Que esto pueda ser moralmente discutible dada la historia en que se basa, de la que al fin y al cabo no ha pasado tanto tiempo, se sortea un tanto al centrarse, como se ha explicado, no en las víctimas sino en las fuerzas de seguridad, y de hecho la defensa de su labor a menudo oculta, incluso olvidada, resulta oportuna en los tiempos que corren.


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