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    Ibérico 2022 (II)

    || Festivales
    Ibérico 2022
    Segunda sesión
    Segunda crónica del Festival Ibérico de Cinema de Badajoz - 28ª edición


    David Tejero Nogales
    Badajoz |

    fechas
    | Del 19 al 23 de julio en Badajoz, Olivenza y San Vicente de Alcántara |

    En La política de los actores (Luc Moullet), los gestos de muchos interpretes se erigen en autoría dentro de los parámetros del cine clásico de Hollywood. Se observan, en las principales figuras del star system norteamericano, una sucesión de estímulos bajo su mera presencia física. En los andares de John Wayne, en la mirada de James Stewart, la sonrisa y gimnasia corporal al correr de Cary Grant, o en el rostro de Gary Cooper, se atisban ciertas obsesiones temáticas y discursivas que van más lejos de la mera interpretación. El enfoque de Moullet es una brillante disertación acerca de los estilos reconocibles de muchas obras fundamentales del cine a través de lo que suponen sus famosos actores.

    Antiguamente el actor era pieza angular de un proyecto a la hora de atraer las masas al cine. Las películas de la Garbo, de Tyrone Power, de Sara Montiel, etc... ocupaban en las marquesinas o cartelerías de los cines un espacio a veces mayor que el de los propios títulos. Hoy en día no quedan estrellas de cine capaz de sumar por sí solas esa expectación. Solo se me ocurre Tom Cruise como ultimo superviviente de toda esa tradición del Hollywood antiguo. En mi adolescencia desde luego si notábamos esa importancia estelar del reparto. Íbamos al cine a ver la última de Stallone, de Kevin Costner, de Mel Gibson o Julia Roberts. En ellos todavía quedaba de alguna forma algo de esa autoridad temática o de estilo. En el cine español tenemos, o hemos tenido, nuestro star system. Curiosamente este año hay una mayor ocupación de actores conocidos en los cortometrajes a concurso. Figuras consagradas del cine patrio como José Sacristán, Aitana Sánchez Gijón, Julieta Serrano, Luis Tosar, José Mota, Ramón Barea, Antonio Dechent, etc... El cortometraje recibe la compensación de contar con actores famosos y poder exportar o vender mejor sus películas, pero ellos, los actores, hallan en el corto una manera exquisita de respirar a pulmón abierto y obtener la libertad creativa que apenas existe en el largometraje actual.

    Los cortometrajes Espinas (Iván Sainz-Pardo, 2021) y Cemento y acero (Oriol Villar, 2022), ocupan un porcentaje elevadísimo de ese mencionado star system. El primero es un drama generacional, donde la sombra de la muerte y del rencor acechan en todo momento. Carmen (Aitana Sánchez Gijón), desea quitarse la vida, pero una llamada inesperada de su padre (José Sacristán), cambiará el curso de los acontecimientos. Escaneo del cine almodovariano, casualidades o no, la presencia de Julieta Serrano motiva de alguna forma esos paralelismos con el cine del director manchego, y deja entrever sus costuras de melodrama mediterráneo. Subrayar la música sinfónica de Philipp F. Kölmel y una medida dirección de arte. El segundo cuenta con dos actores (Tosar y Guzmán), y un único escenario como parte de un relato de intensidad con agudas y finas líneas de diálogos. Oriol Villar radiografía, pone en entredicho, la masculinidad del mundo de la mafia, dándole una atrevida vuelta de tuerca entre el humor, el polar francés, el terror a lo Saw (su punto de partida), o la mundología de Scorsese.

    La senda (Roger Comella, 2021) y Harta (Julia de Paz, 2021) acogen el punto de vista infantil como motor básico de sus historias. En el caso de La senda una interesante incursión en el found footage, dentro de las posibilidades que ofrecen los formatos móvil y streaming en plataformas y redes sociales. La película de Comella ahonda en el debate, abierto, de los peligros de las aplicaciones modernas tipo TikTok e Instagram, que pueden llegar a convertirse en un serio problema compulsivo en las edades más tempranas. Desvíos al terror, a lo bruja de Blair, o metraje encontrado, y a la comedia salvaje, con un notable sentido del ritmo que mantiene al espectador pegado a la pantalla. La senda es una de las propuestas más frescas de la noche. La complicada posición de los hijos con respecto a los conflictos paternos es la base de Harta para construir una tela de araña alrededor de Carmela (Anna Caponnetto). La directora ofrece un paisaje de derrumbe y ruinas desde el punto de vista de la niña de 12 años que tiene que soportar el incómodo encuentro con su padre, acusado de violencia machista contra su pareja. Un filme articulado de forma sencilla, sin estridencias, con una cámara directa y cercana a la piel de la niña. Un cine de corte social cubierto de naturalidad y transparencia.

    La noche de los gigantes (Robert Mulligan, 1968) es un western imprescindible para todo amante del género. La primera vez que la vi quedé hipnotizado por la manera en la que el realizador nos sumerge en un espacio fantasmagórico, de múltiples lecturas. Estamos ante un hibrido abstracto que sabe manejarse en los terrenos del terror gracias a la presencia amenazante de Salvaje, un indio que mata todo lo que se interpone en su camino en la búsqueda de una mujer y su hijo. El villano es un ser despiadado, tropos del serial killer, filmado en fuera de campo casi todo el metraje. El final en la cabaña perdida en las montañas y la lucha encarnizada de dos mundos enfrentados; el del opresor blanco (Gregory Peck) y el de los indígenas sometidos, posee un lugar de honor entre las mejores secuencias de la historia del cine. Sauerdogs (Guillermo de Oliveira, 2022) (imagen de cabecera) evoca de una manera bellísima toda esa tradición del gran western mundial, más allá de las remembranzas (praderas nevadas) a El gran silencio o El rastro de la pantera. La obra de Oliveira sucumbe al clasicismo gracias al romanticismo y mimo con el que dirige. Uno de los mejores trabajos del festival, que puede entenderse como boceto o teaser de un futuro largometraje. Rodada en 35 milímetros, con reparto internacional (August Diehl, Jonathan Mellor), el director de Desenterrando a Sad Hill sabe sacarle el máximo partido a la majestuosidad del paisaje con ecos a las obras de Jack London en el mismísimo sentido de la aventura de La llamada de la selva o Colmillo blanco. Menciones especiales para la música de Zeltia Montes, reimaginando el Gloria de Vivaldi, y un cuidado diseño de producción; llama la atención por ejemplo ese cartel a la vieja usanza diseñado por Tony Stella. Rodada a los pies del Aneto cerca de uno de esos grandes ríos a lo Howard Hawks, Sauerdogs posee la alquimia de un cine salido directamente de otro tiempo. La cota portuguesa la pone O Lobo Solitario de Filipe Melo (2021), que ya sabe lo que es ganar el primer premio del festival con Sleepwalk (2018). Un relato circular abre y cierra con el mismo plano, el tintineo de un fluorescente, luces fundidas que simbolizan la duda, a lo Hitchcock, sobre el protagonista. Dominio sobresaliente del espacio, en este caso la cabina de radio, con una cámara que no para de moverse sinuosa por medio de los paneos y travelines que hacen dilatar ese espacio cerrado. El director integra una potente reflexión sin obviar los mecanismos y herramientas del lenguaje cinematográfico. Una de las mejores películas a concurso. ⁜


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