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    Crítica | The Deer King (鹿の王)

    || Críticas | ★★★☆☆
    The Deer King
    Ando Masahi, Masayuki Miyaji
    El ciervo solitario y la manada de lobos


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Japón, 2021. Título original: «Shika no Ō: Yuna to Yakusoku no Tabi / 鹿の王». Presentación: Festival de Annecy 2021. Director: Masashi Ando y Masayuki Miyaji. Guion: Taku Kishimoto (basado en la novela de Nahoko Uehashi). Producción: Production I.G. Música: Harumi Fuuki. Duración: 120 minutos..

    Muchos anime se basan en un manga, y suelen ser bastante fieles al trasladar el relato y la imagen dibujadas a la pantalla. Si el manga está serializado, pueden estrenarse varias películas, por entregas, o producirse la serie correspondiente. Sin embargo, aquí estamos ante un caso distinto. La ópera prima en conjunto de Masashi Ando y Masayuki Miyaji, animadores con experiencia incluso a las órdenes de nada menos que Hayao Miyazaki, se inspiran en la historia fantástica escrita por Nahoko Uehashi, que apareció inicialmente como novela en dos volúmenes. Posteriormente fue traducida al formato del manga, pero su visualización en este caso no se ajusta del todo a este último, sino que intenta condensar en un largometraje la extensa narración de Uehashi. Dicho esto, la película se iba a estrenar inicialmente en 2020, pero su puesta de largo se retrasó hasta el festival de Annecy del año pasado, donde se presentan muchas cintas de animación, y ha llegado a nuestra cartelera en este mes de junio. Dados los paralelismos que pueden trazarse entre su historia y la pandemia que hemos vivido, su fecha de estreno original habría sido aún más llamativa y, en cierto modo, oportuna, si bien las causas del retraso son fácilmente deducibles.

    En cualquier caso, se estrena ahora con poco revuelo, teniendo en cuenta además que el escaso renombre de sus directores y de la fuente que adaptan la separan de otros anime recientes con una legión mucho mayor de seguidores. En verdad la historia de El rey ciervo, más allá de esa interpretación acorde a los tiempos que corren, no aporta muchas novedades y tiene un interés limitado. Empero esto se debe esencialmente a la irregular labor de síntesis que realizan los cineastas al resumir la novela. Sus tramas paralelas en el marco de dos reinos enfrentados, con una epidemia de por medio provocada por una maldición propagada por lobos, de la que los únicos supervivientes en una mina de sal son un guerrero desterrado y una niña huérfana, están desarrolladas con algo de confusión y superficialidad. El metraje apuesta por el montaje en paralelo para mostrar las escenas de estos dos personajes principales, las atinentes a los líderes de unos de los reinos o las relativas al médico encargado por estos últimos para buscar una cura. Sin embargo, los saltos temporales o espaciales son demasiado fugaces, se dedica poco tiempo a la presentación de los personajes y la evolución de su conducta, de tal manera que sus motivaciones parecen muy esquemáticas.

    El propio seguimiento de la narración depende más de los elementos comunes al género que de la identificación de los elementos propios de esta película. Es fácil extraer el trauma del héroe, la maldad del consejero o la frustración del científico, pero apenas un puñado de imágenes nos revelan realmente su respectiva naturaleza. Son antes los arquetipos que asociamos a estos personajes los que nos proporcionan esta información. Esto también se debe al escaso carisma de tales personajes, dada la limitada retórica del guerrero, la presencia anodina del consejero real o la falta de dinamismo del mentado médico. El problema sin embargo radica sobre todo en el montaje que, paradójicamente, tiene el mérito de enlazar multitud de acciones con transiciones fluidas y un ritmo sostenido. En pocas palabras, se trata de una historia demasiado compleja para contarla correctamente en una película de estas características, porque en lugar de centrarse en algunos de sus hitos para construir un relato congruente, quiere darles cabida a todos de la forma más equilibrada posible, pero esto impide otorgarles su debida importancia. Ello deriva además en una épica truncada (incluyendo una música esporádica y bruscamente interrumpida, así como nombres imaginarios de nula proyección) y en un desenlace algo anticlimático.

    Pese a todo, El rey ciervo se ve con agrado y se disfruta sin remedio, hasta el dato del que halla el médico para curar a los enfermos. La estética no es ajena a la referencia de Miyazaki, apuesta por la sencillez en el trazo aunque sin despreciar el detalle de determinadas composiciones, sobre todo las que encuadran la flora y la arquitectura de este paisaje. En relación con ello, la puesta en escena es de envidiable seguridad, permite que ningún momento desentone, incluso en la alternancia entre un drama que linda con el terror y la mayor ligereza de varios trechos del metraje. Esta última debe mucho al encantador personaje de la niña, quien sí tiene bastante carisma, y en su relación con el guerrero que la acoge y protege la cinta encuentra sin ningún obstáculo una cierta emotividad. De hecho, queda la sensación de que, manteniendo constantes todas las partes de la película, y cambiando únicamente su orden y duración, podría haber resultado algo mucho más conseguido, ya que punto por punto aquella funciona: es su ensamblaje, como hemos comentado anteriormente, el que nos parece más discutible. En suma, estamos ante un filme no exento de cualidades, recomendable para pasar un buen rato, pero errático y poco memorable por culpa de su selección y edición de los componentes del relato. ⁜


    鹿の王, Ando Masahi, Masayuki Miyaji
    Festival de Annecy.

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