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    Crítica | X

    || Críticas | ★★★★☆ |
    X
    Ti West
    Dentro de La hija del granjero


    José Martín
    Telde |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: X. Dirección: Ti West. Guion: Ti West. Productores: Jacob Jaffke, Harrison Kreiss, Kevin Turen. Productoras: A24, Bron Studios, MAD SOLAR. Fotografía: Eliot Rockett. Música: Tyler Bates, Chelsea Wolfe. Montaje: David Kashevaroff, Ti West. Reparto: Mia Goth, Jenna Ortega, Brittany Snow, Kid Cudi, Martin Henderson, Owen Campbell, Stephen Ure, James Gaylyn. Duración: 105 minutos.

    Tras seis años de silencio en la gran pantalla –desde que estrenara el atípico western El valle de la venganza (2016)–, el travieso Ti West vuelve a lo que mejor conoce y domina, ese que tan buenos resultados le ha dado en títulos tan estimulantes como La casa del diablo (2009), Los huéspedes (2011) o The Sacrament (2013), el del terror, con un slasher de título tan escueto como directo, X (2022). Un regreso que debería ser saludado por los fans del género como una gran noticia, ya que el director entrega la que es, posiblemente, su mejor película desde La casa del diablo, aquella turbadora historia satánica donde supo imitar como nadie una inconfundible estética ochentera. X es un verdadero disfrute, repleto de sexo bizarro y sangre, rodado con más corazón que estrategia comercial, por alguien que ama de verdad el género y lo homenajea, rindiéndole pleitesía, con tanto respeto como brillantez formal, en otro fascinante ejercicio de estilo retro. El título hace mención al un tipo de cine, el pornográfico, que tuvo su edad de oro en Estados Unidos durante la muy convulsa década de los 70, gracias al mercado videográfico. En unos tiempos de conservadurismo e hipocresía, miles de familias podían dar, en la intimidad de sus hogares, rienda suelta a sus fantasías más ocultas gracias a la explícita sexualidad que ofrecían unos productos que, en algunos casos, llegaron a estrenarse en salas comerciales –Garganta profunda (Gerard Damiano, 1972)–. La nueva obra de Ti West se ambienta, precisamente, en 1979, cuando el boom de este tipo de cintas para adultos se encuentra en su punto álgido, y muestra las andanzas del joven equipo de rodaje de una de estas películas para adultos, cuando, cargados de ilusión y cierta ingenuidad, se desplazan hasta una perdida granja de Texas para filmar el que debería ser ese gran éxito que les catapulte a la fama. RJ (Owen Campbell) es el director, con ínfulas de autor, empeñado en rodar, en riguroso Super-8, la gran obra maestra del porno, La hija del granjero, acompañado por su novia y ayudante de cámara Lorraine (Jenna Ortega); su musa Maxine (Mia Goth), pareja a su vez del productor, Wayne (Martin Henderson); y otra pareja de actores, Bobby-Lynne (Brittany Snow) y Jackson Hole (Kid Cudi).

    Desde el primer momento, la estética setentera, la textura de la fotografía de Eliot Rockett y esos ambientes rurales tan malsanos de la America profunda remiten, directamente, a Tobe Hooper y su esencial La matanza de Texas. Es imposible no acordarse de aquel clásico desde que vemos a los protagonistas viajar por carretera en esa furgoneta hasta llegar a una granja que causa idéntico mal rollo que aquella casa donde Leatherface y el resto de la familia Sawyer cometiera sus macabros crímenes. Ti West disfruta recreando dichos ambientes y no tiene ninguna prisa en entrar en materia sangrienta (el primer asesinato tarda casi una hora en sucederse), destinando esta parte del metraje a presentar a sus protagonistas, describiéndolos a la perfección, especialmente los femeninos. Así se nos muestra a una Maxine ambiciosa, que persigue triunfar en la meca del cine y convertirse en la nueva Lynda Carter, mientras que Lorraine es la chica más (en apariencia) inocente del grupo, hasta que se ve seducida por la posibilidad de ponerse también delante de la cámara. El personaje más divertido de la función es, sin duda, el de la rubia Bobby-Lynne (estupenda Brittany Snow en un rol muy atrevido donde luce generosos desnudos), una descarada stripper que mantiene una relación sentimental con el protagonista masculino de La hija del granjero, un semental negro, ex combatiente de Vietnam, que comparte cama con todas las actrices, remitiendo a aquella Tras la puerta verde (Artie Mitchell, Jim Mitchell, 1972), célebre por haber mostrado la primera escena de porno duro interracial. Durante esta primera hora de X, West introduce al espectador en el rodaje de la película, haciéndole partícipe de un interesante juego de metaficción y donde realiza toda una declaración de intenciones, a través de momentos de alto voltaje sexual y desnudos más que generosos para tratarse de una cinta comercial de la productora A24 – cuna del nuevo “terror elevado” que tendría a La bruja (Robert Eggers, 2015) y Hereditary (Ari Aster, 2018) como principales abanderadas–, sobre sus escasos remilgos a la hora de entregar una obra definitivamente adulta y sucia, que no trata de esquivar la temida calificación R con la que vería menguada su taquilla, poniendo toda la carne (nunca mejor dicho) en el asador, en materia de sexo y violencia.

    Sí, porque cuando la violencia se desata, también lo hace a lo grande. El filme de Ti West tiene de antagonistas al matrimonio de ancianos, dueños de la granja donde se rueda La hija del granjero. Especialmente perturbador resulta el personaje de la mujer, una octogenaria decrépita y de apariencia frágil que esconde un espíritu ardiente y lascivo, que envidia la juventud y el fervor sexual de sus jóvenes huéspedes. Uno de los aspectos más sobresalientes de X es el modo en que conectan los personajes de la anciana y Maxine, como si un juego de espejos se tratara, donde cada una ve reflejada en la otra sus frustraciones y sus miedos, siendo ambos papeles interpretados por la misma Mia Goth, que ofrece un doble trabajo más que notable. En el último acto de la película, esta se convierte en un slasher de lo más salvaje, que rinde homenaje, no solo al American Gothic del Hooper de La matanza de Texas y Trampa mortal (1976) –con ese cocodrilo como bizarro convidado en la trama–, sino también a tantos slashers que aterrorizaron al gran público durante esa libérrima década de los 70, como La última casa a la izquierda (1972) o Las colinas tienen ojos (1977), ambas de Wes Craven. La figura del anciano como amenaza también bebe de ilustres serial killers de avanzada edad como los de El día de la madre (Charles Kauffman, 1980) o Escóndete y tiembla (John Hough, 1988), mientras que también podría formar parte de una atractiva sesión doble junto a la contemporánea La abuela (Paco Plaza, 2021), por la manera en que presenta el sexo geriátrico (aquí mucho más explícito e impactante, en uno de los momentos más alucinantes de la función) y el afán de conseguir el eterno vigor juvenil. El mayor acierto de un trabajo como X reside en que, aun teniendo tantísimos referentes de los que bebe indisimuladamente, consigue, en todo momento, abrazar una personalidad propia, regalando una experiencia bastante diferente a todo lo que hayamos visto antes. Las muertes están filmadas con brillantez y son lo suficientemente impactantes para no desmerecer en escabrosidad a los clásicos en los que se mira –y así no caer en el error de la última y descafeinada entrega de La matanza de Texas (David Blue Garcia, 2022), perpetrada por Netflix–. Nace así un nuevo título de culto del terror contemporáneo, que recupera la manera de hacer cine transgresor y amoral de antaño para las nuevas audiencias, funcionando como un reloj en los dos géneros a los que rinde tributo, el slasher y el pornográfico. Cine actual con alma de exploitation setentera, sádica, divertida e inteligente. ⁜


    X, Ti West
    Terror A24.

    Miguel Ángel Onoda
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