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    Crítica | Onoda, 10.000 noches en la jungla

    || Críticas | ★★★★☆
    Onoda, 10.000 noches en la jungla
    Arthur Harari
    El imperio del sol poniente


    Ignacio Navarro Mejía
    Madrid |

    ficha técnica:
    Francia, Alemania, Italia, Bélgica, 2021. Título original: «Onoda, 10.000 nuits dans la jungle». Presentación: Festival de Cannes 2021. Director: Arthur Harari. Guion: Arthur Harari, Vincent Poymiro. Producción: Bathysphère Productions, Pandora Film, Frakas Productions, Ascent Film, RAI, arte France Cinéma, To Be Continued. Fotografía: Tom Harari. Montaje: Laurent Sénéchal. Música: Olivier Marguerit. Diseño de producción: Brigitte Brassart. Vestuario: Catherine Marchand, Patricia Saive. Reparto: Issei Ogata, Inowaki Kai, Shinsuke Kato, Kanji Tsuda, Yûya Matsuura, Yuya Endo, Tetsuya Chiba. Duración: 173 minutos.

    Hirō Onoda fue un soldado japonés de la Segunda Guerra Mundial, destinado a la isla filipina de Lubang hacia el final de la contienda, cuando la progresión norteamericana por el Pacífico parecía ya incontenible, con una misión secreta de resistencia que entonces se antojaba cuanto menos desesperada. Nadie podía sospechar sin embargo que llevaría esta misión hasta sus últimas consecuencias, prolongándola en soledad durante años, mucho después de que Japón capitulara. Inicialmente, contó con el apoyo de otros tres soldados a su mando, que no creyeron las evidentes señales de que el conflicto había terminado, sobre todo porque su líder había recibido la instrucción de no rendirse y defender la zona, a modo de guerrilla, hasta que un superior le ordenara lo contrario. Sin embargo, con el tiempo se fue quedando solo (incluso fue declarado muerto en 1959) y las noticias dejaron de circular, por lo que la continuidad de su epopeya esquizofrénica hasta 1974, cuando por fin un oficial de antaño acudió a la isla para convencerle de deponer las armas y volver a su país, no tendría apenas justificación. En cualquier caso, fue recibido como un héroe y vivió luego muchos años más, mostrando lo difuso que puede ser el juicio de la conducta, por muy extrema que parezca, de un súbdito cualquiera en tiempos de guerra.

    Era solo cuestión de tiempo que una historia tan increíble fuera llevada a la gran pantalla, pero lo curioso es que lo haya sido por un joven director francés, Arthur Harari, en la que es solo su segunda película. Onoda, 10.000 noches en la jungla abrió el año pasado la sección Una cierta mirada en el festival de Cannes, con una notable acogida que ya compartimos, y volver a verla antes de su estreno en nuestras salas confirma la buena impresión que nos dejó. Es una historia increíble, sí, pero también antigua, que sigue en gran parte los esquemas de tantas otras historias narradas una y otra vez, de manera que uno nunca se cansa de escucharlas o, en este caso, de visionarlas. Conocer la premisa y el desenlace del drama no es óbice para disfrutar del mismo, al igual que ocurría con esos clásicos en que tan claramente se inspira. Sus elementos son de dominio público, como hemos recogido anteriormente, pero la exactitud de una recreación tan específica es una tarea ardua para un cineasta extranjero y poco experimentado. Por ello aprovechar la influencia del cine pasado es tanto un acierto como una necesidad. Así pues, a Harari no le han faltado asideros, más allá de la documentación de la que puede haber dispuesto, ya que ha tomado buena cuenta de esos referentes, siendo evidente la influencia de maestros como Akira Kurosawa o David Lean.

    Y, más allá de esa especificidad, como decíamos, Onoda (el propio título completo ya revela en cierto modo el desenlace, de manera que adelantarlo, como hemos hecho, no es un spoiler) sigue derroteros también clásicos. Al fin y al cabo, se trata de una reformulación del conflicto tradicional entre hombre y naturaleza, y hombre consigo mismo, en un marco bélico. Otro gran acierto de esta película es entonces su equilibrio entre ambas dimensiones: la interna del (anti)héroe, por así decir; y la externa, en su enfrentamiento con lo que le rodea. En otras palabras, puede satisfacer tanto a quienes busquen una cinta de género, que en este caso exige unas ciertas dosis de acción y aventura; como a quienes quieran apreciar su naturaleza introspectiva. En efecto, sería fácil centrarse en la violencia inherente a esta guerra; o adoptar un enfoque puramente pacifista y condenar la locura de este hombre, sin tener en cuenta otros elementos propios de su contexto, formación y psicología. El mensaje final está claro, pero el camino que lo precede es complejo. De ahí su ambigüedad y profundidad dramática, que se presta muy bien a un largometraje de ficción, abordado con esta perspectiva en apariencia más neutra, aunque en realidad integre tanto lo intimista como lo crítico. A partir de ahí, lo primero que salta a la vista de Onoda, aparte de su propia ambición, es la seguridad y paciencia con la que desarrolla este relato, para prestarse a esas distintas vertientes o interpretaciones a que nos referíamos.

    El metraje se acerca entonces a las tres horas, combinando flashbacks y elipsis al narrar varias décadas en la vida de este soldado y sus acompañantes. Con todo, es envidiable su ritmo, gracias a un montaje pausado y que recurre igualmente a transiciones de vieja escuela, como los encadenados; y a una planificación ortodoxa, con posiciones muy precisas de cámara (sobre todo en las composiciones con sus referentes situados en varios términos del encuadre), que permiten una dirección uniforme de la acción. Los movimientos de esta cámara respetan este mismo clasicismo, ya que son frecuentes pero bastante restringidos; y el uso esporádico de la música, ausente durante muchos minutos, imprime adecuadamente una cierta austeridad que contrasta con lo épico, al igual que la susodicha dualidad entre la visión limitada de un solo hombre y las repercusiones mayores de todo lo que sucede más allá de la misma. Incluso hay momentos de humor, derivados del surrealismo de la situación, que aligeran el discurrir del drama. Ahora bien, no todo son aciertos, pues de lo contrario estaríamos ante otra obra maestra en la línea de las que la preceden: hay algunos detalles inverosímiles, sobre todo uno hacia mediados del metraje que deja un sabor un poco amargo y frustrante para el resto; y el carácter episódico de la estructura narrativa no se corresponde siempre con la contundencia a que se aspira. En todo caso, sus virtudes son indudables, y lo mejor es que sigue la estela de ese cine, ya sea bélico o no, propio de otra época, para ofrecer una mirada tan lírica como cruda sobre un paisaje que parece detenido en el tiempo. ⁜


    Onoda, 10.000 nuits dans la jungle, Arthur Harari
    Un Certain Regard del Festival de Cannes 2021.

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