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    Crítica | Zola

    || CRÍTICAS | AMERICANA FILM FEST 2022 | ★★★☆☆ ½
    Zola
    Janicza Bravo
    La una dijo, la otra dijo


    Júlia Gaitano i Mendizábal
    Barcelona | Americana Film Fest |

    Estados Unidos, 2020. Título original: «Zola». Dirección: Janicza Bravo. Guion: Janicza Bravo, A'Ziah King, David Kushner, Jeremy O. Harris. Producción: Killer Films, Gigi Films, Ramona Films. Fotografía: Ari Wegner. Montaje: Joi McMillon. Música: Mica Levi. Reparto: Riley Keough, Taylour Paige, Nicholas Braun, Colman Domingo, Megan Hayes, Dennis Mallen, Steve Heinz, Ari'el Stachel, Michael Opal, Andrew Romano. Duración: 90 minutos.

    Ver Zola es como ir al cine con una amiga que te parlotea durante toda la película en un tono de voz no especialmente bajo. Puede ser molesta para los demás, pero es tu amiguísima (lo que en inglés se conoce como girlfriend, fuera de su connotación romántica) y te divierte, así que le concedes un poco de atención. Además, aunque lo que te cuenta no tiene nada que ver con lo que se está proyectando, al cabo de un rato estás tan dentro del chismorreo que te acaba interesando más que la propia cinta. Algo así sucede con el filme de Janicza Bravo, cineasta norteamericana, habitual de los círculos festivaleros indie de South by Southwest y Sundance. Zola no es tanto el qué, sino el cómo. Bravo toma prestado el argumento del universo del cotilleo digital. Concretamente, del maravilloso mundo de los hilos de Twitter. Cualquier usuario habitual de dicha red social sabrá que en ella cohabitan mensajes e imágenes de muy distinta índole. Desde el sentido alegato político de turno hasta la anécdota más frívola. De todo se puede hacer un tuit. La naturaleza de Twitter, como la de la mayoría de plataformas similares, se basa en la pura efervescencia. A lo máximo, genera un alto impacto viral que va disipándose a medida que aparecen nuevos estímulos, opiniones, y el algoritmo sigue su curso. A no ser, como en el caso del hilo de tuits de Aziah «Zola» King, que el revuelo que se incite acabe interesando a un reportero de la Rolling Stone que le escriba un perfil y que, un lustro más tarde, este sirva de base para el guion de una película. Así es como Zola, el filme, llega a existir.

    Cierto es que la historia de Zola (Taylour Paige), camarera convertida en bailarina de club nocturno, tiene bastante jugo. Es la crónica de cómo Jessica (Riley Keough), una chica blanca un poco simple, pero harto manipuladora, consigue arrastrarla desde Michigan hasta Florida con la promesa de hacer dinero, para acabar introduciéndola en contra de su voluntad en una trama de prostitución con conteo de cuerpos incluida. Una blanca engreída, su novio llorica (Nicholas Braun, el primo Greg de Succession), su chulo amenazante (Colman Domingo, Ali en Euphoria) y una protagonista descarada a quien no le está gustando nada el rollo que llevan sus tres acompañantes. Si lo metes todo en una coctelera, el arriesgado cóctel resultante es Zola. Pero, como decíamos antes, al final el qué se cuenta es lo de menos. De hecho es algo que parece serle igual incluso a la propia película. Con sus características, como mínimo tendría que tratarse de un thriller tenso, con el que pasar un verdadero mal trago. En cambio, las formas lo convierten en una comedia fresca, burbujeante. Una microbajada a los infiernos cubierta de purpurina.

    Con internet, las redes sociales, los smartphones, los selfies… el lenguaje audiovisual ha cambiado drásticamente, así como sus ritmos y normas. Llevo tiempo preguntándome si el cine, un arte tan enraizado a una tradición visual preexistente, puede adaptarse realmente a este nuevo estilo, a estas nuevas temáticas. No es la primera vez que se intenta —pienso en Harmony Korine, con la videoclipera Spring Breakers o los trabajos más underground de artistas locales como los Burnin’ Percebes o Carlo Padial—, pero la línea entre emular esta estética y creérsela de verdad es muy fina. La sorpresa con Zola es estar, finalmente, frente a una propuesta que incluye dicha estética de forma genuinamente fresca y actual. La película es tan puramente insustancial como los tuits de los que surge. Intensa e inconsecuente. Insólita y absurda. En otras circunstancias, todo eso podría resultar simplemente irritante, un fallo de cálculo. En Zola es lógico. De ser de otra forma no tendría el encanto que posee. ¿Cómo se le puede reprochar nada de eso, cuando está inscrito en su propia esencia?

    El montaje picado y musical responde a esta sensibilidad contemporánea tan compleja de llevar a la gran pantalla, así como lo hacen los personajes a través de un guion deslenguado y caradura. Pero, sin duda, la palma se la lleva el reparto, con unas Paige y Keough especialmente estelares. La forma en la que Zola, muy reticente a los encantos de Jessica, va introduciéndose en la trama hasta verse metida hasta el cuello, es simplemente hilarante. El filme de Janicza Bravo puede alcanzar unos niveles de mal rollo considerable en una escena para, acto seguido, ser interrumpido por una sesión de fotos entre amiguísimas en la siguiente. Todo ello, contado a través de una narración prestada literalmente de los hilos tuiteros de la Zola real, con respuesta de su examiga incluida. En definitiva, tanto su formato original como el producto resultante están perfectamente diseñados para el entretenimiento fugaz. Para mantenerse ocupada durante media tarde, cotilleando los perfiles de chicas que no conoces de nada. Familiarizarse con ellas, divertirse con un delicioso escándalo y, una vez consumido todo esto, seguir deslizándose por la cronología de Twitter en busca de una nueva historia que llame nuestra atención. ⁜


    Zola, Janicza Bravo
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