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    Movimiento/fantasma: el cine de Christian Petzold (I)

    Movimiento/fantasma

    Sobre el cine de Christian Petzold (I)

    Especial | Cine alemán Siglo XXI*

    En un parque, un grupo de jóvenes limpiadores descubre a una ladrona. Al unísono, todos echan a correr tras ella… salvo Nina (Julia Hummer). En plano medio lateral, vemos desplazarse borrosos al resto de compañeros mientras ella permanece sentada. Entonces, toma el camino opuesto y busca a la ladrona para ayudarla. En un instante, la ausencia de un movimiento y la realización de otro de signo opuesto abren una vía para la ficción. Nina se mueve en un sentido y eso determina el romance que moverá la historia. Ahora bien, queda una pregunta que nunca será respondida. ¿Por qué se mueve Nina?

    El plano descrito pertenece a Fantasmas (Gespenster, 2005) y conecta claramente a Christian Petzold con una constante de la Escuela de Berlín: la absoluta opacidad psicológica. El contraste entre quietud y movimiento del plano apunta a que, en realidad, no tenemos otra cosa que ese movimiento para explicar a sus personajes. No sabemos de Nina más que lo que las situaciones que transita nos dan a ver, y su pasado es una incógnita incluso para ella misma —es huérfana y no recuerda nada de sus padres—. Cuando la trama la conecte con una mujer que cree reconocer en ella a la hija que perdió, el título del filme nos pone sobre la pista: a ojos de la mujer, Nina es un fantasma. Ahora bien, ¿qué hay de nuestros ojos?

    Sabremos hacia el final que lo de la mujer no es más que proyección emocional sobre la muchacha, y eso nos revela algo: solo proyectando podemos resolver ese misterio en movimiento llamado Nina. Porque los auténticos fantasmas son las fuerzas que se proyectan sobre su figura —nosotros incluidos—. El fantasma del pasado, si queremos llamarlo así, y que añadiendo la dimensión histórica a la biográfica explica a la protagonista de Yella (2007). Una mujer que viaja de la antigua Alemania del Este al Oeste en busca de fortuna, impulsada y a la vez perseguida por diversas fuerzas pretéritas, ya sean un marido maltratador o las desigualdades geopolíticas que persisten.

    El movimiento incesante de esta protagonista entraña la huida de una verdad inquietante: nadie la ve cuando se detiene. Hay una explicación en clave fantástica —no en vano hablamos de una reimaginación de Carnival of Souls— si la interpretamos como un espectro en tránsito hacia el más allá, pero el setting cotidiano hasta lo banal de Petzold apunta en otra dirección. De nuevo, que lo fantasmal es más bien todo lo que se proyecta sobre ella, aquellos imperativos sociales o históricos cuyos rituales sabemos identificar.

    Así podemos entender que en Jerichow (2008), versión libre de El cartero siempre llama dos veces, lo más misterioso sea la pasión irrefrenable que une a dos de los personajes y dicta el trágico triángulo amoroso. El resto de movimientos de la trama, a bordo de vehículos, tienen un fin comercial que reconocemos. Pero, ¿por qué se aman, por qué se mueven frenéticos hacia los brazos del otro esos seres de los que no sabemos nada? Puede que ese movimiento inexplicable, casi risible, sea el más verdadero entre infinitud de movimientos productivos que nos resultan familiares. Falsamente familiares.

    Versión en alemán


    Miguel Muñoz Garnica |
    © Revista EAM / Madrid



    * | Una sección auspiciada por el Goethe-Institut Madrid, institución pública cuya misión es promover, divulgar y promocionar el conocimiento de la lengua alemana y su cultura. |

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