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    Crítica | Jungle Cruise / Disney+

    Godard en la jungla

    Crítica ★★★☆☆ de «Jungle Cruise», de Jaume Collet-Serra.

    Estados Unidos, 2021. Título original: Jungle Cruise. Dirección: Jaume Collet-Serra. Guion: Michael Green, Glenn Ficarra y John Requa. Compañía: Walt Disney Studios. Producción: John Davis, Beau Flynn, John Fox, Dany Garcia y Dwayne Johnson. Música: James Newton Howard. Fotografía: Flavio Martínez Labiano. Montaje: Joel Negron. Reparto: Dwayne Johnson, Emily Blunt, Edgar Ramírez, Jack Whitehall, Jesse Plemons y Paul Giamatti.

    «Ya no sabemos encender el fuego, pero todavía sabemos decir la oración».
    Hélas pour moi. (Jean-Luc Godard, 1993).


    I. PLANTEAMIENTO


    Es extraño el ejercicio crítico, implica un ritual, una forma de acercarse al objeto de estudio desde el margen, apartando la maleza para adentrarse en su interior llegando al mismo centro de la cuestión y comprobando, echando la vista atrás, que el mojón de llegada es opuesto al del comienzo, que los prejuicios de uno se han tornado en juicios. Se podría decir que es un periplo de fuera a dentro (o viceversa) como el que nos vaticinaba Godard en su película citada, explicándonos en su Planteamiento lo que significa una historia, continuándola con una fábula en su Nudo y mostrándonos su crisis de identidad en su Desenlace. Quédense con esas palabras, ya las recordaba Paulino Viota en su magnífico libro-testamento La herencia del cine (Ediciones Asimétricas, 2019). Escenifican la presencia de una estructura y al mismo tiempo, el ambiente narrativo actual donde nos encontramos, una auténtica regresión, una serie de eventos que nos devuelven a un mismo lugar, un regreso a la caverna platónica. Serie sería otro sustantivo a retener.

    Bien, por un lado tenemos un esquema sustentando bajo ese sintagma tripartito y por el otro, un seguimiento, una direccionalidad, un sentido. Historia versus Serie, paradigma vs ripio. Aquello que desafía ser contado de una manera temporal frente a la multiplicidad de perderse cronológicamente, la efigie inamovible de un maniquí contra la mutabilidad de cualquier disfraz que se le ponga. Una serie también es una enumeración pero de números, veamos unos pocos antes de nada. La premiere de Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra, 2021) en livestream por Youtube duró cerca de una hora y cuarenta minutos. De la infinidad de vídeos que cubrieron el evento, señalo éste en particular porque es el oficial de Walt Disney Studios. Pues bien, en el acto no hay ni un minuto, ni un solo segundo, en el que aparezca el director de la película contándonos su opinión. Aparecen productores, actores, se habla de la propia atracción, se la publicita de manera casi pornográfica, aparece una legión de skippers de la atracción real, y sin embargo ni rastro del director. Sí que es cierto que si uno explora la red y pone en la barra de búsqueda de cualquier navegador el nombre del director junto a la premiere, sí que aparecerán unos minutos entrevistándolo pero, curiosamente, en el vídeo oficial, el de la casa del ratón, no aparece salvo al fondo en la photocall, siendo asfixiado por los actores de la película. Esto, que puede resultar divertido, rayando la anécdota, es una prueba sintomática de qué es en realidad Jungle Cruise.

    No estamos ante una película de director sino más bien ante una de productor y, entre el enjambre de productores que aparecen, destaca ¡sorpresa!, el nombre del actor principal Dwayne Johnson, con lo cual habría que hablar también de una película de actor pero además, como las palabras de Godard, esta postura escenifica un statu quo narrativo, uno que impele a mirarlo con otros ojos. Los tiempos no es que estén cambiando sino que ya han mutado. El problema ya no reside tanto en el formato, qué es celuloide y qué digital periclitado por otra parte o en su proyección, qué es una película y qué una serie, ni siquiera en su exhibición, hacerlo en cines o a través de las plataformas digitales, sino que descansa en su forja narrativa, en cómo cuentas la historia. No estoy hablando de una falta de ideas en las ficciones actuales, donde casi es imposible ver una película sino infinitud de ellas dentro de una misma diégesis, o contemplar absorto su multiplicidad genérica, no, sino en el comportamiento mestizo que poseen. Ejemplos como Jungle Cruise vienen para quedarse, es más, se erigen como palimpsestos reemplazando una escritura anterior pero dejándonos algunos trazos para seguir mareándonos con el artificio, instalados en el mismo proscenio creativo, como si se tratase de un Caballo de Troya que va descolgando a la coalición aquea para destruir la Ilion que ya no volverá a ser. Con esto no quiero decir que todavía no existan opciones plausibles al visionado de un relato siendo narrado para ser consumido en un par de horas, sino que cada vez existen más productos híbridos como éste. Es tiempo de volver al paradigma y para ello habría que volver a Godard para recordar que sus películas tenían un «Planteamiento, Nudo y Desenlace, pero no necesariamente en ese orden». A lo que David Mamet contestó, en una de sus Masterclass digitales (Teaches Dramatic Writing) muchos años después, que «por eso el cine francés es tan aburrido».

    El guionista no entendió al director, David se quedó sin su onda frente a Goliath. A lo largo de los años, los discursos han sido infectados por su opacidad, malinterpretando sus propios objetivos. Este de Godard es un ejemplo, y si bien es cierto que su propio creador es un maravilloso maestro de ceremonias, compitiendo con Orson Welles en materia lúdica, despistando si puede, invitando al juego a quien quiera, habría que buscar quizá en otro arte la respuesta. Quizá nos sería útil la Música para poder comprender mejor a Jean-Luc, para evitar el malentendido o quizá acrecentarlo entre el emisor y el receptor. ¿Y sí Godard de lo que realmente estaba hablando era de una composición musical, inmiscuyéndose en la forma de una Sonata? Lógicamente no tenemos prueba de ello, pero solo imaginarlo nos posiciona en un desafío apasionante. Explorando los tres movimientos de la Sonata, Exposición, Desarrollo y Reexposición, investigando sus peculiaridades, sus relaciones y sus mutaciones, observando sus variaciones y llegando a conclusiones tan explosivas como la que expresó el bardo franco suizo. Cojamos la Reexposición. que es una repetición de la exposición, por lo tanto una redundancia, es decir, lo que actualmente es el cine pero con un cambio importante, la segunda sección de la Exposición ahora tendría tonalidad predominante, de esta manera el compositor podría variar la estructura instrumental, como lo hizo Godard con su dialéctica. No ha sido el único. En la película de Collet-Serra, por utilizar un eufemismo autoral, se llega a decir que «luchamos contra el océano pero el río nos venció». Werner Herzog lo hizo mejor en Aguirre, la cólera de dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972), dejó a un lado la poesía y utilizó la retórica de la imagen en su comienzo, no existiendo mejor manera de exponer la desorientación, de (re)imaginarnos unos hechos. Mismo escenario, diferente aproximación. Frente al plano vertical de los conquistadores bajando los Andes en la opción teutona, la horizontalidad serpenteante de la hazaña de Aguirre en la ficción disneyana. ¿Y si… Godard hubiese estado en ese Amazonas digital? O mejor, y permítanme la gracia, ¿y si hubiese puesto un pie en la famosa atracción?

    II. NUDO


    Todo en Jungle Cruise responde a una estructura, pero una que no es la suya. Una bastarda si se quiere, donde detectar al padre, descifrar el origen formal, se convierte casi en una quimera. Utilizando un intervalo temporal, alrededor de la media hora, podemos rastrear el trayecto de Frank Wolff (Dwayne Johnson) y Lily Houghton (Emily Blunt) en busca de Las lágrimas de la Luna e incorporar cada referencia a nuestra mochila particular, como si fuesen el equipaje de MacGregor Houghton (Jack Whitehall), siendo lanzado al río. Como si ese equipaje lastrado fuesen las partes de un todo, nos encontramos ante una concatenación de capítulos, que construidos uno seguido de otro, ya no sólo van formando una especie de primera temporada de Jungle Cruise, sino cimientan su narrativa. Godard se hubiese divertido de lo lindo descuartizando cada episodio de la función, rasgando cada parte compositiva y dándole la vuelta para enfrentarse contra su contrario, pero no somos Godard y lo que haremos, humildemente, será una radiografía de unos hechos llegando tal vez a una peregrina conclusión: ¿hemos visto una película o un reflejo de serie? ¿Hemos sido partícipes de una historia que va desarrollándose de una sola vez o pausándola capitularmente en diferentes momentos?

    Capítulo I, duración 26 minutos aprox. Del Támesis al Amazonas.

    Planteamiento: Lily y MacGregor en Londres, intentando conseguir la Arrowhead mientras que el príncipe Joaquim (Jesse Plemons) intentará impedírselo. Frank por otra parte, se dedica a pasear a sus clientes por un Amazonas de cartón piedra mientras que el señor Nilo (Paul Giamatti) le espera para pagar sus deudas, incautándole su preciado barco, La Quila.

    Nudo: Mientras Lily y su hermano llegan a Porto Bello con la piedra, Frank intentará conseguir el motor de su barco. Tanto la Arrowhead como la propia llave que tiene que conseguir Frank para acceder al almacén donde guarda el corazón de su Quila, conformad una dupla de objetos por mantener o por conseguir para los actantes. El momento en el que ambos destinos narrativos colisionen se producirá un hallazgo: Frank ve la Arrowhead sobre el cuello de Lily, una especie de primer punto de giro.

    Desenlace: Frank consigue su motor y Lily a alguien que la lleve al mítico árbol; pero algo espera parapetado al capitán, un jaguar ataca en el Hotel y nace la confusión pero también la alianza entre los héroes. Los tres empezarán la búsqueda y una caída del telón. Próxima, el jaguar, es la mascota de Frank. El maestro de ceremonias del principio, el capitán que mueve los hilos de su atracción por el Amazonas, queda al descubierto. La pantomima como ejercicio de supervivencia es escenificada cuando Frank y Lily se encuentran con el verdadero señor Nilo. Hasta ese momento Lily creía que Frank era el señor Nilo y el capitán seguía con su farsa hasta que el propio propietario de casi todo Porto Bello aparece delante de sus narices.

    Capítulo II, duración 25 aprox. Escapada de Porto Bello.

    Planteamiento: Lily y MacGegor llegan a La Quila pero son atacados por los alemanes. Ella se escapará mientras que Frank y MacGregor son inconscientes de su huida. Los hombres de Nilo quieren su motor y también van tras Frank. Este Planteamiento establece un curioso mecanismo autoconsciente narrativo. Mientras que Frank y MacGregor no tienen ni idea de lo que está pasando, discutiendo banalmente sobre el equipaje, el espectador es consciente, incluso, de la construcción de la acción, de unos hechos que van tejiéndose delante de él: Lily es capturada.

    Nudo: El cómo se solucionan las dos secuencias paralelas es pura iteración. MacGregor vuelve a estar solo, como en el museo, conduciendo La Quila mientras que Lily, igual que al principio, es la copartícipe del caos, pero esta vez tendrá un aliado, Frank irá a por ella. No se explica muy bien cómo sabe que es ella la que está en peligro, pero el espectador sigue hipnotizado por la acción, una que utiliza cada elemento geográfico del paisaje y del paisanaje, las gentes que pueblan el mercado, Porto Bello, los pájaros, el imperdible, intentando construir una cierta lógica a lo ilógico de la situación. Como veremos sus únicas armas son la fortuna y el error armadas de valor y perseverancia. Por supuesto, ya que hemos citado la Sonata, sus diferentes variaciones bien podrían ser la multiplicidad de referencias que van apareciendo a lo largo de la película, esta vez sobresale con luz propia una versión de Las minas del rey Salomón (King Solomon’s Mines, J. Lee Thompson, 1985) con el simpático Richard Chamberlain como sosias del legendario cazador Quatermain. También seremos testigos del primer miedo de Lily, el agua, que nos puede recordar a otro tipo de fobia, la que sentía el profesor Jones (Harrison Ford) en En busca del arca perdida (Raiders of The Lost Ark, Steven Spielberg, 1981) con respecto a las serpientes y que nos telefoneará, tarde o temprano, del obstáculo a superar de la heroína.



    Desenlace: A pesar de ciertas secuencias, paradas de posta obligadas de cualquier viaje narrativo, donde la noche es la guarnecedora de la calma antes de la tempestad, los héroes se van conociendo con unos planos interesantes, auténticos camarotes estancos de Jungle Cruise, huecos metanarrativos por donde vislumbrar momentos de lo que pudo llegar a ser la película y no fue. A través de una Lecca los veremos en blanco y negro y mudos, representando un acercamiento sobre todo entre Lily y Frank, aunque el velo se caerá pronto, ¡otra vez! Lily descubre que el Jaguar es una mascota del capitán y le dice: «¿Hay alguna cosa de ti de la que me pueda fiar?» A lo que Frank responderá que «Ni una». El desenlace de este episodio es el de la pérdida de confianza de sus personajes.



    Capítulo III, duración 21 minutos aprox. Secretos.

    Planteamiento: Comienza con otra búsqueda. Los alemanes exploran la jungla en busca de la tumba de Lope Aguirre (Edgar Ramírez), de esta manera pueden adelantarse a Lily y a su Arrowhead. Pareciese otra variación musical, desorganizando los planes del espectador, abriéndoles otras posibilidades para el enredo, como si el guion imitase la extensión del propio Amazonas con esos vericuetos geográficos, como si fuese el propio laberinto al que van a adentrarse. Nos presenta la historia de Aguirre de cómo acabó en una prisión eterna en el corazón del Amazonas, y si bien en cierto que al principio del filme, es decir en el capítulo I, había un prólogo que nos contaba su historia, aquí se vuelve a redundar, repitiendo esos mismos planos y secuencias, aumentándolos y transformándolas.

    Nudo: Lily se enfrenta a los Rápidos y decide que MacGregor tenga la Arrowhead, Frank es consciente y manda a su “perrito” a recuperarla. La tensión no sólo estará en sobrevivir a los rápidos sino en saber quién consigue la piedra. Otra digresión, mientras Frank y MacGregor hablan de Lily, ella descubre el secreto de Frank: él también buscaba las Lágrimas de la Luna como Lily, y él tiene cantidad de mapas del cartógrafo de Aguirre pero en ese momento son atacados por los Puka Michuna. La escenografía vuelve a apabullar, la geografía es importante, lo es para la inmersión total de la atracción y de la experiencia cinematográfica también. El trío heroico entra en otro circo, uno más terrorífico.

    La representación regresa a Frank, la cortina se vuelve a caer delante suyo, toda la tribu es una banda de pobres indígenas del Amazonas, herederos de la tribu que encontró Aguirre.

    Desenlace: otra mentira de Frank ante Lily y su hermano. Es suficiente para ella, decide no seguir con el capitán porque lo considera un traidor, un farsante inepto. La líder de la tribu les traduce la piedra y de esta manera Lily descubre el paradero exacto del árbol mágico pero estarán a punto de ser atacados por Aguirre.

    Capítulo IV, duración 24 minutos aprox. Francisco.

    Llegamos a la hora de metraje y habría que recapitular un poco, ya sabemos cómo llegar al árbol pero aún habrá más sorpresas, recuerden que estamos ante una adaptación de una atracción de feria.

    Planteamiento: Aguirre ataca a la tribu del árbol y quiere la Arrowhead. Otra huida se establece. Hasta este momento habíamos disfrutado de una acción “realista”, a partir de ahora entra en escena la fantasía emparejando Jungle Cruise con otra franquicia disneyana, que también toma como base creativa otra atracción de feria, Piratas del Caribe. Tanto Aguirre como sus hombres han permanecido 400 años enclaustrados en su prisión amazónica y han desarrollado mímesis interesantes. Y en la hora y 11 minutos acontecen el drama, Frank cae muerto por Aguirre delante de los ojos de Lily y MacGregor, pero antes el capitán se ha encargado de robar la Arrowhead y lanzársela a Lily.

    Nudo: Al escaparse de sus garras, Aguirre llama al príncipe para que vaya tras ella. Lily logra encontrar a su hermano y algo más, Frank vuelve a sorprenderla, es como si durante toda la odisea ese fuese su cometido, llegando a cansarla por su tozudez de mentiroso compulsivo. Le cuenta su historia, en realidad se llama Francisco y era el cartógrafo de Aguirre por tanto Frank es también un alma maldita y la fantasía ya ha entrado para quedarse, no sólo narrativamente sino formalmente, en un plano imposible la cámara seguirá el recorrido zumbón de unas abejas adentrándose en la entrañas del submarino alemán.

    Desenlace: Su historia hace repetir las imágenes del principio del filme y con ellas, meciéndolas, la melodía de Metallica y su Nothing else matters en una guitarra española.

    Capítulo V, duración 17 minutos aprox. Agua.

    Planteamiento: MacGregor es capturado por Joaquin y éste le amenaza con destruir a toda la tribu de los árboles si no le dice dónde ha ido su hermana.

    Nudo: Justo después de una hora y media, Lily tendrá que enfrentarse con su prueba más dura, el agua y resolver el enigma, desvelar el mecanismo que haga abrir la entrada al árbol. Sumergida lo activa y hace que las aguas vayan desapareciendo, dejando la entrada de un templo al descubierto y el submarino alemán. Todos caen prisioneros de Joaquim, donde conocemos los verdaderos objetivos del príncipe, no sólo ganar la guerra sino reinar por siempre.

    Desenlace: Encuentran el árbol pero parece seco ante sus ojos. La dirección vuelve a ser hecha por la mujer, Lily es la única que puede resolver el siguiente enigma, posicionar la Arrowhead en el sitio correcto. Lily descubre que no es una punta sino un corazón lo que tienen entre sus manos y es en el interior donde yace una piedra con forma de corazón y juntos consiguen renacer el árbol mágico.

    III. DESENLACE.


    ¿Somos conscientes de lo que vemos? ¿Asumimos las imágenes que consumimos y continuamos cediéndolas un protagonismo inusitado? La metástasis formal es un hecho en toda narratividad, pero porque parece no detectarse en una película tan fácilmente, porque nos apoyamos en las etiquetas y procedemos como si no pasara nada, como si fuese lo más normal del mundo poder ver una serie dentro de una película o un film en el interior de un serial. ¿Quizá hemos llegado a una misma conclusión? Ya no se puede hacer nada, otros lucharon por nosotros, la batalla está pérdida. Uno se siente desorientado porque se da cuenta que aquello que tiene enfrente ya no son hechos aislados, se trata de toda una cultura de masas. «Esto es el enemigo, no el hombre con la cámara sino la cultura. Este es el enemigo, en las películas tienes la posibilidad… […]. Incluso puedes sonreírle (se refiere al cámara que lo está grabando), no me revuelvo contra él. El modo de grabarme es tan desagradable que es normal que gente como Le Pen haya dicho que los campos de concentración son un mero detalle. Viene de ese modo de ver, de mirar las cosas. Con la televisión no puedes pensar en otra manera que esa». Palabras dichas por Jean-Luc Godard en Cannes después de verse los dos primeros capítulos de su Histoire(s) du Cinema (1988).


    José Amador Pérez Andújar |
    © Revista EAM / Madrid


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