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    Crítica | Nación

    Nación de mujeres

    Crítica ★★★★☆ de «Nación», de Margarita Ledo.

    España, 2020. Título original: «Nación». Dirección y guion: Margarita Ledo. Fotografía: Alberte Branco. Montaje: Marcos Flórez. Música: Mercedes Peón. Sonido: Sisco Lariño, Emilio García Rivas. Intérpretes: Nieves Pérez Lusquiños, Manuela Nóvoa Pérez, Ester García Lorenzo, Carmen Portela Lusquiños, Carmen Álvarez Seoane, Mónica Camaño, Mónica de Nut, Laura Martínez Iglesias, Xoana Pintos, Eva Veiga. Producción: Margarita Ledo. Compañía productora: Nós Productora Cinematográfica Galega S.L. Duración: 92 minutos.

    No es fácil contar el número de películas que hay dentro de Nación, la última obra de la directora gallega tan enraizada a su territorio. Y no es fácil porque el engarce entre todo lo que se ve y se cuenta es tan perfecto que la ficción parece realidad y la realidad puede trastocarse en ficción. Hay en ella la constatación histórica de unos hechos que dejaron a una comarca desindustrializada: el cierre de la fábrica de cerámica Pontesa; pero esa evidencia no concluyó con ese hecho aislado, sino que se revivió con ventas discutibles del patrimonio público a grupos privados que, aún hoy, siguen provocando litigios de sus trabajadoras para que, por lo menos, se pague lo que se las debe trabajando para el grupo Álvarez, que tras esquilmar los activos sociales, pegó el cerrojazo y volvió a dejar en la calle a las mismas mujeres de Pontesa, porque fueran o no las mismas. La historia de Nación es la de un hermanamiento solidario entre quienes han sufrido, y siguen sufriendo, las consecuencias del capitalismo, algo que se perpetúa cíclicamente en Galicia, y para muestra, Alcoa. Un eterno retorno que no deja respiro y en el que Margarita Ledo decide situar ante la cámara centrándose en quienes, de manera histórica, han sufrido la ausencia de derechos por el solo hecho de ser mujeres. Para ello no hacen falta grandilocuentes mensajes de propaganda, ni repeticiones extenuantes de fechas y testimonios. Basta la cartografía del paisaje y la presencia de los cuerpos de todas las generaciones de luchadoras posibles, sindicadas o no, comprometidas políticamente o sólo por la defensa de un salario y un puesto de trabajo digno; estas mujeres miran a la cámara y sabemos que su fuerza es inquebrantable, que han sufrido penurias y abusos pero ahí siguen demostrando su compromiso con lo que las une, su Nación de mujeres.

    En el horizonte de Nación aparecen los ecos de Numax de Joaquim Jordá, no la única, pero sí la más importante empresa cinematográfica española para dar voz al obrero frente a los desmanes patronales amparados por el sistema. Y en paralelo la confluencia con El año del descubrimiento de López Carrasco, formalmente muy distintas, pero unidas por los hechos de escuchar y oír al protagonista a través de diversas generaciones. Ledo va más allá cuando decide dramatizar, pero sus interludios de ficción, además de introducir el efecto simbólico de una puesta en escena de raíz mitológica, con los pies desnudos en el granito gallego o sobre el barro de la leira que se cultiva; incorporan otras artes; el canto, la danza, la literatura unida a las leyendas, al mar, a la montaña, al agro de Galicia, pero desde el punto de vista de ellas, de la nación del título. El engarce de las imágenes nos permite, dado el éxito de su unión, seguir el relato como si fuera un todo sin solución de continuidad; desde la salida de las obreras de la fábrica «La artística» de Vigo, filmadas en 1928, que evocan las iniciáticas de los Lumière, hasta la repetición de un plano similar en el presente saliendo las obreras de la fábrica de Sargadelos en O Castro; desde las viejas naves abandonadas de las cerámicas cerradas, vacías, llenas de restos del trabajo de tantas mujeres hasta la repetición en el presente de aquella actividad de fabricación de loza, igual de rutinaria pero menos exigente físicamente por la mecanización. Abuelas, hijas, nietas, reunidas al calor del lar para preparar la comida de los animales mientras perpetúan la transmisión oral de cuentos, canciones y, por qué no, de luchas contra el patrón.

    Las imágenes recuerdan que los palos no sólo se dieron en dictadura, algo de lo que las mujeres de Pontesa recuerdan sólo lo divertido porque, como tiende a ocurrirle al ser humano, queremos acordarnos de lo bueno y olvidar lo malo, como aquel sargento de la guardia civil que al ir a detener a un líder sindical descubre que su mujer pertenece al mismo sindicato que el detenido. «Fuimos felices», dicen algunas de las antiguas trabajadoras de Pontesa bajo la mirada reprobatoria de Nieves, a quien imaginamos joven, enorme, rotunda, vociferante, lideresa; ahora ya casi una anciana que impone con su altura, su corpulencia, su «no trabajéis gratis, por favor». Pero no sólo de grises y verdes se llenan los recuerdos de la represión, no fueron los únicos que atizaron a estas mujeres, también los marrones y los azules, porque no hay nada que asuste más al poder que la organización ciudadana para protestar por lo suyo, y es entonces cuando da lo mismo si la policía la manda un gobernador civil con bigotillo, un ministro exsindicalista o un numerario del opus hijo de la herencia franquista; aquí Ledo usa la no ficción, el reportaje periodístico, el "canutazo" informativo, la filmación casera. A la hora de disolver por la fuerza una manifestación que cuestiona al poder no hay más color que el del "orden establecido", que es el mismo que decide despedir a mil personas porque la fábrica no es rentable aunque haya otras firmas dispuestas a seguir con la producción, porque cuando se gana un millón el sistema no se conforma pudiendo ganar dos, aunque sea llevándose la producción donde hay menos derechos y menos salarios.

    Nación, Margarita Ledo.
    «Cine de mujer y de mujeres pero también un cine para todos» | Atalante Cinema.

    «Basta la cartografía del paisaje y la presencia de los cuerpos de todas las generaciones de luchadoras posibles, sindicadas o no, comprometidas políticamente o sólo por la defensa de un salario y un puesto de trabajo digno; estas mujeres miran a la cámara y sabemos que su fuerza es inquebrantable, que han sufrido penurias y abusos pero ahí siguen demostrando su compromiso con lo que las une, su Nación de mujeres».


    Ledo utiliza la memoria y la sociología para realizar un ejercicio de comunicación rememorando lo duro que es adquirir un derecho y lo sencillo que es perderlo incluso luchando. Puede haber un aire nostálgico en las mujeres de Pontesa, pero más parece la nostalgia de una juventud perdida que de un mundo mejor; como también parece que hay un aire de libertad en las generaciones más jóvenes que, sin embargo, siguen chocando contra muros tan invisibles como marginadores contra las mujeres. El recorrido de Ledo por estos siglos de trabajo femenino enfocados en una fábrica concreta transmite ese permanente poso de derrota de los de siempre, pero frente a esa realidad, la introducción de imágenes con el aire indómito del paisaje, del interior de casas y fábricas, los parlamentos reposados de las mujeres de ficción, la película se une con el más reciente cine gallego que no deja de sorprender por lo que se separa del resto del cine español del presente y lo cercano que se muestra a su presente y pasado geográfico. Ledo, generacionalmente mayor que los Laxe, Patiño, Domínguez Serén, Toucedo, Santos Touza, Fazans, Camborda, Nine, Lobelle, Souto, Avilés (la lista es tan interminable como excelente), elabora una película que, en lo esencial, se encuentra tan cómoda con esa línea narrativa predominante que parecería filmada por una componente más de esta joven generación. Nación es una película muy estimable, contenida para no caer en el maniqueísmo de buenas y malos, de opresores y oprimidas, es un cine de mujer y de mujeres pero es un cine para todos, aunque no pertenezcamos a esa "nación" sufriente y discriminada durante siglos.


    Miguel Martín Maestro |
    © Revista EAM / Valladolid


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