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    Crítica | Beast Beast

    Apoderarse del discurso mediático

    Crítica ★★★☆☆ de «Beast Beast», de Danny Madden.

    Estados Unidos. 2020. Título original: Beast Beast. Director: Danny Madden. Guion: Danny Madden. Productores: Marshall Allman, Tara Ansley, Casey Bader, Alec Baldwin, Christine Caro, Jim Cummings, Germain Le Carpentier, Jean-Marie Mazaleyrat, Phaneendra Medida, Matt Miller, William Pisciotta, Eli Raskin, Santiago C. Tapia, Abhishek Vedavalli, Benjamin Wiessner. Productoras: Vanishing Angle, Arsonist’s Films, El Dorado Pictures. Fotografía: Kristian Zuniga. Música: Danny Madden, Robert Allaire. Montaje: David Brundige, Pete Ohs, Mari Walker. Reparto: Shirley Chen, Will Madden, José Ángeles, Courtney Dietz, Daniel Rashid, Anissa Matlock, Stephen Ruffin, Chip Carriere, Kron Moore, Susan Gallagher, Charles Green, Cynthia Barrett.

    El cine de institutos, o de temática adolescente, es uno de los subgéneros más habituales de la producción indie estadounidense, de ahí que al aproximarse a Beast Beast uno tenga la sensación de ya haber estado ahí. Si en el cine comercial este tipo de película se ha tratado mayoritariamente desde la comedia, en el plano del cine con aspiraciones autorales resulta habitual observar cómo dichas narraciones se desarrollan en clave dramática, hasta el punto de que suele ser habitual encontrar una cierta tendencia al catastrofismo. La mirada sobre la adolescencia en clave problemática, con ritos de paso como la entrada en la sexualidad, el contacto con las drogas o el tonteo con la delincuencia, son lugares comunes de las estructuras narrativas de esta tipología. En ese sentido, Beast Beast no supone ninguna evolución, ni tan siquiera una exploración genuina de lo ya antes visto. O al menos, esto es así hasta el último tercio, donde un giro esperable pero igualmente impactante da lugar a un conjunto de ideas provocadoras y de gran fuerza dramática.

    Danny Madden debuta en la dirección de largometrajes con una cinta que sigue las vidas de tres personajes. Krista (Shirley Chen) es una joven de personalidad luminosa que forma parte del grupo de teatro del instituto. La adolescente se fija en Nito (Jose Angeles), un recién llegado al instituto que es un portento con el monopatín pero muy tímido en la interacción humana. Las vidas de ambos se van estrechando mientras siguen con sus actividades en paralelo, la una investigando en el componente emocional del teatro y el otro juntándose con jóvenes delincuentes que pasan el rato fumando marihuana y robando en establecimientos. Apartado de este microcosmos vive Adam (Will Madden, el hermano pequeño del director), un joven que, una vez terminados sus estudios, ha decidido hacer de su pasión su trabajo. Su idea consiste en monetizar vídeos de YouTube, una plataforma en la que ofrece tutoriales. Su objeto de estudio no es otro que las armas de fuego. El joven es incapaz de generar ingresos, puesto que sus vídeos son muy explicativos y técnicos pero carecen de la espectacularidad de los influencers del sector. No hace falta ser muy avispado para saber que si en una película aparece un arma es porque será utilizada como herramienta narrativa. Y teniendo en cuenta que lo que Adam posee en su habitación no es un arma sino todo un arsenal, uno se puede hacer a la idea de que sus herramientas de trabajo no se quedarán colgadas de la pared durante todo el metraje.

    Lo verdaderamente valioso de Beast Beast, lo que la convierte en una obra distinta, es la manera en que se conjuga el cine de institutos con la violencia perpetrada a través del uso de armas. No obstante, esto no impide que el filme funcione en su aspecto más estereotípico. Danny Madden aplica un tono seco, áspero, a la narración, logrando escenas de tosca intimidad, que representan el lado más turbio, intenso, incontrolable de la adolescencia. De la excitación de robar unas zapatillas deportivas se pasa a la excitación de intimar con la persona que te gusta en el almacén del teatro escolar. La naturalidad del conjunto de actores principales y secundarios que pueblan la cinta es fundamental para lograr que las imágenes se impregnen de vida y no se conviertan en un simple simulacro con aspiraciones autorales. Hay algo muy crudo en la manera en que la cinta se desarrolla, y este aspecto funciona por permanecer en el nivel de lo implícito, sin apenas arrebatos de explicitud que reducirían la atmósfera al acto concreto.

    Beast Beast, Danny Madden.
    Ganadora del SXSW 2020 | Americana 2021.


    «De una manera muy provocadora, por salirse de todos los canales propios de lo políticamente correcto, en última instancia Danny Madden propone una resolución compleja, llena de aristas, donde no resulta sencillo posicionarse, algo especialmente valioso por su capacidad para ofrecer otra visión sobre el rol de la víctima y sus posibilidades como agente de cambio, y por atreverse a hablar de temas relacionados con el feminismo de cuarta ola desde una perspectiva nada complaciente».


    Cuando el tramo final tiene lugar, se ofrece un conjunto de reflexiones que hablan de manera directa sobre el presente de Estados Unidos, desde las polémicas en torno a la posesión de armas hasta la cuarta ola feminista. Sin desvelar demasiados detalles de la trama, Adam consigue que su canal de YouTube sea exitoso debido a un suceso que, aunque atroz, lo convierte en una especie de héroe a ojos de buena parte de la ciudadanía, y en buena medida gracias al relato mediático que construyen las televisiones. Esto plantea el primer detalle de lucidez narrativa, pues la cinta, de forma macabra, habla de hasta qué punto el contacto con internet nos ha convertido en seres desensibilizados que, ante el colapso de imágenes que ofrece la red, cada vez necesitamos experiencias —en este caso, observar imágenes— más brutales para lograr que nuestra atención se detenga en algo. Aspectos complementarios como la pérdida de la empatía al interactuar a través de una pantalla, y el potencial que esto tiene para relativizar ciertos asuntos, o incluso frivolizar con ellos, aportan profundidad al retrato del mundo de las armas en internet.

    Pero la propuesta que termina de cerrar el círculo tiene que ver con el personaje de Krista, en una evolución que recuerda a la reciente Run Hide Fight (Kyle Rankin, 2020). En ella, un instituto era invadido por un grupo de jóvenes armados, dispuestos a llevar a cabo una matanza retransmitida por internet. La protagonista, lejos de paralizarse ante la situación, decidía trascender su condición de víctima golpeada por la brutalidad y actuar para tratar de solventar la situación. Algo similar sucede en Beast Beast. Como víctima colateral del cruento suceso que tiene lugar en el filme, Krista está traumatizada, pero también opta por actuar, ante la injusticia que se está cometiendo. Haciendo uso de las mismas herramientas que su enemigo —el discurso público y lo mediático—, la joven planea una estratagema donde utiliza su condición de mujer para manufacturar una historia que, aunque falsa, todo el mundo acepta como real sin el menor cuestionamiento. De una manera muy provocadora, por salirse de todos los canales propios de lo políticamente correcto, en última instancia Danny Madden propone una resolución compleja, llena de aristas, donde no resulta sencillo posicionarse, algo especialmente valioso por su capacidad para ofrecer otra visión sobre el rol de la víctima y sus posibilidades como agente de cambio, y por atreverse a hablar de temas relacionados con el feminismo de cuarta ola desde una perspectiva nada complaciente.


    Yago Paris |
    © Revista EAM / Madrid


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