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    Christopher Plummer (1929-2021)


    Christopher Plummer (1929-2021)

    Despedida a un actor brillante.

    Está siendo un inicio de 2021 trágico en pérdidas del mundo del espectáculo. En las últimas semanas nos dejaron dos grandes artistas nonagenarias como Cloris Leachman y Cicely Tyson y ahora despedimos a uno de esos intérpretes clásicos que engrandecían y daban un toque de elegancia y distinción a todos los proyectos en los que intervenía. Nacido en Toronto, en 1929, Christopher Plummer cambió sus tempranos deseos de ser pianista por los de dedicarse a la interpretación, comenzando una imparable carrera teatral que le llevó desde Canadá hasta París, con la exitosa representación de la obra en verso The Dark is Light Enough, The Lark y Medea (1955). Con el prestigio del teatro ganado, el actor encontró su gran oportunidad en el cine en un papel secundario que le brindó Sidney Lumet para Sed de triunfo (1958), protagonizada por Henry Fonda. Tras este debut fue escalando hacia roles cada vez más protagonistas en obras como Muerte en los pantanos (Nicholas Ray, Bud Schulberg, 1958); La caída del imperio romano (Anthony Mann, 1964) —superproducción en la que encarnó al corrupto Cómodo, rodeado de estrellas como Sophia Loren, Stephen Boyd, Alec Guinness o James Mason—; o La rebelde (Robert Mulligan, 1965), junto a Robert Reford y Natalie Wood. Aquel año, 1965, fue decisivo en la carrera de Plummer al obtener uno de los papeles más icónicos y queridos por la audiencia de toda su trayectoria, el del severo Capitán von Trapp, padre de familia numerosa en la que la monja encarnada por Julie Andrews servía de institutriz en el musical Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965). El enorme éxito de taquilla y sus 5 Oscars, incluido el de mejor película, convirtieron al actor en una estrella. Pasó entonces a ser una presencia habitual en producciones británicas de corte bélico, tales como Triple Cross (Terence Young, 1966), La noche de los generales (Anatole Litvak, 1966), La batalla de Inglaterra (Guy Hamilton, 1969) o Waterloo (Sergei Bondarchuk, 1970).

    En los 70 siguió manteniendo el tipo en títulos tan interesantes como Atentado: el día que cambió el mundo (Veljko Bulajic, 1975), Culpable sin rostro (Michael Anderson, 1975), La escalera de caracol (Peter Collinson, 1975), El regreso de la Pantera Rosa (Blake Edwards, 1975), El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975) —obra maestra del cine de aventuras con una gloriosa pareja protagonista como la de Sean Connery y Michael Caine—, Ases del cielo (Jack Gold, 1976), Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977), Testigo silencioso (Daryl Duke, 1978), La calle del adiós (Peter Hyams, 1979) o Asesinato por decreto (Bob Clark, 1979), donde se puso en la piel de uno de los mejores Sherlock Holmes cinematográficos. A partir de ahí, Plummer pasó a ser uno de esos secundarios ilustres capaces de comerse la pantalla en breves apariciones, valiéndose de las tablas que otorga la veteranía, en cintas como En algún lugar del tiempo (Jeannot Szwarc, 1980), El ojo mentiroso (Peter Yates, 1981), Escarlata y negro (Jerry London, 1983), Malcolm X (Spike Lee, 1992), Eclipse total (Taylor Hackford, 1995), Doce monos (Terry Gilliam, 1995), El dilema (Michael Mann, 1999), Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001), Ararat (Atom Egoyan, 2002), El nuevo mundo (Terrence Malick, 2005), Syriana (Stephen Gaghan, 2005), Plan oculto (Spike Lee, 2006), Cerrando el círculo (Richard Attenborough, 2007), Aritmética emocional (Paolo Barzman, 2007), La última estación (Michael Hoffman, 2009) —su primera nominación al Oscar como secundario—, El imaginario del Doctor Parnassus (Terry Gilliam, 2009), además de permitirse algún personaje protagonista como el de Man in the Chair (Michael Schroeder, 2007). De hecho, en su última etapa, vivió una segunda juventud que empezaría con sus premios obtenidos (Oscar, Globo de oro, BAFTA, entre otros) como mejor actor secundario, encarnando a un anciano homosexual en Beginners (Mike Mills, 2010). Desde ahí vendrían grandes papeles como el de John Barrymore en el biopic Barrymore (Erik Canuel, 2011), o los del remake estadounidense de Elsa y Fred (Michael Radford, 2014), junto a Shirley MacLaine, Remember (Atom Egoyan, 2015), Todo el dinero del mundo (Ridley Scott, 2018) —donde sustituyó con urgencia a un Kevin Spacey eliminado del montaje final por sus escándalos, recibiendo una nueva nominación al Oscar, también como secundario— o la divertida Puñales por la espalda (Rian Johnson, 2019), exitoso cierre de oro para su carrera. Con 91 años se ha ido un grande de la actuación, un hombre de poderosa presencia escénica y comprobada versatilidad, que ha dejado un magnífico legado en cine, teatro y televisión, siendo de los escasos artistas que ganaron los principales galardones interpretativos de Estados Unidos: Oscar, Globo de oro, Emmy y Tony. D.E.P. Christopher Plummer, ese actor que nos regaló tantas sonrisas como lágrimas.


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    ▼ Julie Andrews & Christopher Plummer en «Sonrisas y lágrimas» («Sound of music», 1965).
    📷 Ted D. McCord, DOP.

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