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    Crítica | Sound of Metal

    Pista muteada

    Crítica ★★★★☆ de «Sound of Metal», de Darius Marder.

    Estados Unidos, 2019. Título original: Sound of Metal. Director: Darius Marder. Guion: Darius Marder, Abraham Marder. Productoras: Co-producción Estados Unidos-Bélgica; Caviar Films (Distribuidora: Amazon Prime Video). Fotografía: Daniel Bouquet. Montaje: Mikkel E.G. Nielsen. Reparto: Riz Ahmed, Olivia Cooke, Mathieu Amalric, Tom Kemp, Bill Thorpe, William Xifaras, David Arthur Sousa, Paul Raci, Michael Tow, Marisa Defranco, Lauren Ridloff, Jamie Ghazarian, Chris Perfetti, Hillary Baack, Chelsea Bond.

    Todo empieza con un explosivo concierto de heavy metal. La cantante descarga todas las tensiones acumuladas al micrófono. Detrás de ella, un arrebatado batería se ensaña con el instrumento, sacándole una cantidad de decibelios prácticamente ensordecedora. Sin usar ni una sola palabra, y en apenas tres minutos, el norteamericano Darius Marder es capaz de plasmar la intensa y esencial forma en la que los dos jóvenes sienten el ritmo. Cómo entregan hasta la última de sus energías al culto del volumen, el del ruido, cómo durante unos minutos eso lo llena todo, convirtiéndose en la única realidad. Después, empezará el silencio. Y cuando llegue (impuesto por una inesperada y cruel afección), este caerá como una verdadera losa en el camino del batería.

    En el que su debut en la ficción, Marder no olvida en absoluto la rica paleta audiovisual que le proporciona el cine. Quitando el piloto automático expresivo que, en ocasiones, parece instaurarse en un cierto cine indie norteamericano, en el que sin duda Sound of Metal se enmarca, esta propuesta deviene una crónica notablemente sensorial. Eso, evidentemente, es en gran parte gracias a la confianza que el cineasta tiene en el apartado sonoro de su filme. Contar esta historia de limitaciones y superación sin delegar peso dramático en ese aspecto, de alguna forma, no tendría sentido alguno. El director deja que sea el sonido (o la ausencia de éste, en el caso del filme) el que narre la odisea interna de Ruben (Riz Ahmed). ¿Qué mejor forma puede haber de mostrar cuán mortificante debe de ser dejar de poder depender de alguno de tus propios sentidos que, literalmente, privando al espectador de ellos? Ese es el papel del diseño sonoro en la película: dejar de explicar para empezar a mostrar. Aunque pueda parecer una idea algo obvia, es en su total dedicación a ella, en su capacidad para modular el tono, manteniéndolo enriquecedor sin dejar que llegue a cargar, que Sound of Metal destaca. En esas sutilezas, la propuesta encuentra su gran acierto. De esa forma, el drama del batería despojado súbitamente de audición entra en un terreno evocador, escapando de pornografías emocionales en pos de un realismo más escueto.

    Para ello, también resulta esencial la elección del actor que deberá llevar todo el peso argumental en sus hombros. Darius Marder cuenta con un Riz Ahmed en especial estado de gracia. Recuperando el registro dramático que ya habíamos podido apreciar en The Night Of (Steven Zaillian y Richard Price, 2016) o en Los hermanos Sisters (Jacques Audiard, 2018), el británico ofrece así una sensible interpretación, agitada si bien en ningún momento desmesurada. Al plasmar situaciones tan extremas, a veces resulta difícil calibrar el nivel de histrionismo, saber dónde está el freno, cuál es el punto en el que lo efectivo cruza el umbral hacia el terreno de lo grotesco. Sound of Metal nunca llega a traspasar ese punto, lo cual es de agradecer a un filme que tan claramente apuesta por hablar a través de los códigos del género del drama. Ruben, tras un primer arrebato de cólera fruto de la exasperación por lo irreversible de su situación, deberá abandonar la vida de músico nómada, en la furgoneta que comparte con su novia y compañera de vida, la frontwoman Lou, una también muy acertada Olivia Cooke (a quien descubrimos en 2015 en la fantástica Yo, él y Raquel, de Alfonso Gomez-Rejon). Será ella quien, asustada por una posible recaída a viejos e insanos hábitos, le lleve a un centro de rehabilitación especializado en personas con serios problemas auditivos.


    «Darius Marder cuenta con un Riz Ahmed en especial estado de gracia. Recuperando el registro dramático que ya habíamos podido apreciar en The Night Of (Steven Zaillian y Richard Price, 2016) o en Los hermanos Sisters (Jacques Audiard, 2018), el británico ofrece así una sensible interpretación, agitada si bien en ningún momento desmesurada.».


    A partir de ese punto, Ruben queda a su propia merced, y a la de sus pensamientos, huérfano del apoyo vital que suponía Lou. En el centro, que Marder anida de actores sordos (o íntimamente familiarizados a ello), se introduce parte del discurso que vehiculará el resto del filme. Tal como manifiesta la figura líder del grupo, el mentor Joe (Paul Raci, actor perteneciente a la comunidad CODA (acrónimo de Child of deaf adult)), el objetivo de los residentes no es el de curarse, puesto que la mayoría de estas situaciones son irreversibles o, al menos, difícilmente recuperables. La meta es aprender a vivir con ellas, prosperar funcionalmente, abandonando nociones que se dieran por supuesto en un pasado para adaptarse a nuevas formas de existir. El único aspecto en el que flaquea ligeramente la película es que, cuando entra el juego con lo sonoro (esas idas y venidas, el efecto de pecera, entrar en la cabeza del protagonista), desaparezca lo musical, pasando a ser meramente una nota al pie de página. La historia es la de un chico que pierde la audición, no tanto la de un batería en esa misma tesitura. Eso sucede, principalmente, por el hecho de priorizar los conflictos internos del personaje, más que los contextuales que se podrían derivar de su pertenencia al grupo. Importa más su drama personal que el papel que pudiera jugar la música en ello. Al final, eso no es algo negativo per se, pero dada la elección de título, sorprende cuán rápido el filme pasa página en cuanto a este aspecto. Sin embargo, en definitiva, eso no entorpece en absoluto el acierto de Sound of Metal como drama contemporáneo, siendo la cinta firmada por Marder una obra, si bien modesta, atractiva y eficaz.


    Júlia Gaitano Mendizábal |
    © Revista EAM / Barcelona


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