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    Crítica | Coronation (Ai Wei Wei, 2020)


    El adiós de las sombras

    Crítica ★★★★☆ de «Coronation», de Ai Wei Wei.

    Alemania, China, 2020. Título original: Coronation. Dirección: Ai Wei Wei. Compañías: AWW Germany GMBH y Fart Foundation. Producción: Ai Wei Wei. Distribución: Vimeo. Música: Hundunzhe Studio: Ling Ling y Punkgod. Drone operators: Da Xie, Zeng Junhua, Zeng Xianzhang y Zhang Wenwu. Montaje:Wang Fen. Camera persons: Chen Bing, Da Xie, Guo Ke, Huang Kankan, Li Wen, Peng Liming, Rachel, Shu Dizhan, Tong Hao, Tsering Woeser, Wang Kunpeng, Yu Wei, Zhang Sanfeng, Zhang Wenwu.

    «Hoy en día no hay ciudadanos en China, son seres humanos sin derechos […].
    Nunca han votado, nunca han tenido la oportunidad de expresarse, pero se les puede llamar ciudadanos».
    Ai Wei Wei on China in 2020. (VPRO Documentary. 15/07/2020).


    Empecemos también utilizando el argumento contrario, es decir, la negación. En nuestro caso serán dos. La primera es que la última película de Wei Wei no es un documental, más bien es un relato con notas a pie de página. Tampoco pertenece al reino de la ficción completamente donde seguimos a un personaje(s), aunque seamos cómplices, en más de una ocasión, de un seguimiento. Y la segunda negación sería un hecho: no hemos conocido la verdad de lo que pasó en Wuhan, por lo tanto, no hemos sabido lo que sucedió realmente en la capital de la provincia de Hubei aunque hayamos sido (sobre)informados y, lo más importante, nunca lo conoceremos porque de eso no trata Coronation (2020). Como muchas veces ha defendido el artista visual chino, el arte no es un fin en sí mismo sino un comienzo cuya finalidad es cuestionar el sistema, una y otra vez, las que sean necesarias, y eso solamente se consigue mediante el método científico, formulando. Construyendo preguntas, nuevas preguntas que nos conduzcan a recelar, a no conformarnos con una simple respuesta. Deseando perseguir la multiplicidad de las contestaciones con el único fin de hallar una discusión; que pululen las incertidumbres en las certezas de aquello que se defiende pero también de aquello que se ataca. En el documental referido más arriba lo dice el propio autor: «Soy un loco del diálogo. Me encanta dialogar, me encanta conversar, tan pronto como haya una respuesta al otro lado, sé que estoy tratando con un ser humano». Lo que ofrece Ai Wei Wei, en definitiva, es una forma de coherencia en su argumento en un mundo donde parece que o bien se da a interrupciones, como los cortes de energía sufridos durante el confinamiento, o bien simplemente no existe no por desconocimiento sino por ocultación.

    Coronation (2020) empieza con planos generales cenitales realizados por drones y a partir de ellos somos testigos de un ofrecimiento. El altar es el skyline de Wuhan y la ofrenda su imagen. Planos escalofriantes, como los de cualquier ciudad o pueblo del mundo que esté combatiendo la pandemia. La posición en picado de dichos planos nos otorga la condescendencia divina que permite la equidistancia del firmamento. Pareciera que somos testigos del más allá del derrumbe de una sociedad y su característica principal ataca directamente a la génesis de la imagen en movimiento, su detención. Lo que más aterra de lo que se ve es la quietud, la incertidumbre de no ver nada en movimiento salvo la consciencia del propio artefacto capturando esa “realidad”. El título del filme, confeccionado por pixeles y después desmaterializado, como si de un virus informático se tratara desaparece del ojo de dios. Nos adentramos en Wuhan.

    El peaje a pagar en este “viaje a Estigia” serán unos planos que al final del periplo conectarán con su principio, cuando veamos cómo actúan varias personas con las cenizas de sus seres queridos. Algunos las quemarán directamente en la calle, ya se sabe que en China no existe la propiedad privada y por tanto sus habitantes tampoco se muestran muy preocupados con eso que Occidente llama privacidad. Las cenizas como rescoldos del humo que se pierde en el cielo por donde sobrevuelan esos drones. Es un perfecto confinamiento de imágenes, un bucle de ida y vuelta que refleja una última orden, un último comando, uno que pone en cuestión un sistema político de 80 millones de habitantes, simplificado en un último adiós. Recordemos que los afectados por el Covid-19 mueren solos, y aquí la literalidad del adjetivo emerge engreída. Sus parientes allí como los nuestros aquí, saben que han muerto arropados en la soledad más injusta, sin nadie que los haya podido consolar con la posibilidad de un último contacto. Esas personas, confeccionando su pequeño retablo en el escenario público, buscan el último agradecimiento que puedan otorgar a aquel que ya no está, de alguna manera eso también escenifica un pequeño foco de resistencia representado en esas montañitas de cenizas sobre el cemento. Una anciana confinada con su hijo discute sobre “lo viejo y lo nuevo” del sistema comunista (que no nos resulte contradictorio lo mucho que sonará el nombre de Serguéi M. Eisenstein en esta crítica) y ella llega a decirle que cuando el hombre se junta, se agrupa, puede llegar a mover montañas. Pues bien, aquí tenemos esas “montañas modificadas” sobre la grava. Las imágenes de Coronation son contestatarias de un presente incierto pero también de un pasado neblinoso.

    «Las imágenes de Coronation son contestatarias de un presente incierto pero también de un pasado neblinoso».


    El gesto se torna transcendental, el agradecimiento es lo único que queda después de tanto esfuerzo, tanta resistencia, reflejado en toda una generación pretérita. Existe otro momento, captado por la cámara, porque en Coronation no estamos hablando de dirección cinematográfica sino de asediar la realidad, que nos recuerda terriblemente a lo que hemos visto también aquí pero a la inversa, cuando aparece una anciana caminando solitaria por un pasillo donde sobresale una tímida enfermera dándolea el alta médica; sin nadie que la espere y sin que nadie forme un corrillo y la aplauda. Desorientada, como si hubiese resucitado, sale por su propio pie del hospital perdiéndose entre el equipo de limpieza que está sacando la basura de plástico del mismo. Es imposible olvidar ese momento por lo que se ve y por lo que conecta, una imagen universal de superación humana pero como si fuese el negativo de otras que hemos consumido. Quizá unas imágenes pertenezcan a la “realidad” y otras a la “ficción”.

    Lo importante es que nos quedemos con ese agradecimiento en forma de despedida de aquellos que partieron con Caronte porque esa misma gratitud se puede rastrear en esos planos rodados por drones que ya hemos citado, gracias a sus operadores se han podido apresar esas imágenes apocalípticas. Y aquí sobresale una de las pistas de este mapa polisémico que es Coronation. El otro como beneficiario de la responsabilidad de la imagen encontrándonos ante una delegación de la misma. No tiene por qué sorprendernos ya que la última parte de la filmografía de Wei Wei ha seguido este esquema: conferir la responsabilidad al otro, incluirlo en el proceso creativo visual. Entonces, ¿dónde reside la valía del autor? Si no es creador de la imagen, si él no ha grabado esas imágenes, si ni siquiera las ha escrito/inventado, si no las ha dirigido porque sabemos que se encuentra exiliado en Inglaterra, solamente puede quedarle una última área creativa por experimentar, la del montaje. Y aunque en los créditos finales aparezca el nombre de Wang Fen como editor, el anclaje de planos si no realizado, ha tenido que ser monitorizado por él mismo. Sus potentes imágenes, los auténticos choques de “trenes eisensteianos”, en la concepción visual de sus anteriores filmes lo avalan. Podríamos hablar un poquito de So sorry (2012), porque además marca una “línea general” con esta Coronation. El gran terremoto que afectó a la provincia de Sichuan en 2008, donde murieron alrededor de unas 80.000 personas, de las cuales 5.000 fueron estudiantes, es la cuerda por donde hay que tirar para que alguna cortina caiga, dejando (entre)ver la “verdad”.

    Lo sucedido hizo que mucha gente viese la punta del iceberg del problema de la edificación de innumerables edificios estatales, como colegios y hospitales, que no soportaron los seísmos por los malos materiales utilizados y por su incorrecta forma de utilizarlos. De cara al partido único fue un terrible terremoto, de cara a la investigación de Wei wei, un ahorro para el sistema. Su respuesta a la “historia oficial” fue una alianza con la gente joven, muchos estudiantes lo ayudaron a recabar información sobre el número de fallecidos, empujando a la “ciudadanía” a empezar a abrirles sus ojos. Gracias a esta película y a la información que recolectaron varios activistas, se destapó algo que ya se sabía pero que no se decía tan alto y claro, la corrupción en la industria de la construcción. La fuerza de las imágenes cuando el propio Wei Wei desenmascara a unos espías en las afueras de su estudio, refleja perfectamente toda la tensión y contundencia de su propia naturaleza incorruptible. La persistencia de ir contra viento y marea hacia adelante, como nos lo recuerda un hombre desesperado por enterrar él solo las cenizas de su padre sin la presencia de los hombres del partido en Coronation, “una mantis rezando puede bloquear un carro”, es precisamente lo que demandarán algunos activistas y “ciudadanos” con el confinamiento de Wuhan. Raudos empezarán a mandarle al artista videos de lo que van recolectando diariamente en los barrios y alrededores de la ciudad hasta configurar un conjunto de más de trescientas horas de material que tuvo que verse reducido a las dos horas de duración de la película.



    «Coronation está construida de hechos que ponen en duda un sistema, el partido comunista chino, y lo hace indirectamente, como si las imágenes montadas funcionasen como agentes quintacolumnistas, infiltrados en el propio sistema endémico».


    En este momento se hace necesario definir al otro. Ya hemos señalado que son operadores de drones y que tienen cámaras, en los genéricos finales se les llama apropiadamente “Cámara-personas”, pero no dejan de ser activistas, puntos de vista latentes desperdigados por toda la geografía china. Dejemos que el propio Ai Wei Wei nos los presente: «Son gente normal, no son anti-comunistas, no están intentado subvertir el poder del estado, solamente les preocupa los hechos y quieren decir la verdad. […]. Los ponen en la cárcel y después desaparecen. Nadie sabe dónde están. Muchos abogados de derechos humanos están desapareciendo, cada mes, cada año. ¿Dónde están? Eso es lo que Occidente tendría que preguntar pero nadie pregunta. Lo toman como algo normal y eso es malo porque están enviando a China un claro mensaje de que a Occidente no le importa».

    Por lo tanto nos encontramos, o mejor dicho, Wei Wei se tiene que hacer cargo ahora, la responsabilidad ha pasado a él, de la cantidad ingente de material que ha recibido para no hacer sino formar una estructura visual y la única herramienta de la que dispone es la del montaje. Más importante de lo que veamos en Coronation, será cómo lo veamos. Y aquí sobrevuela el recuerdo del cinéfilo porque el trabajo del montaje es uno que en el pasado era vitoreado por algunos como el instrumento fundamental del cinematógrafo. Eisenstein reaparece otra vez pero también podríamos recordar a otro director ruso, un poco más actual aunque también lejano en el tiempo, como Andréi Tarkovsky y su mediometraje El violín y la apisonadora (Katok i skripka, 1961) resonando en un momento del final de Coronation, mostrándonos el objetivo de la autopsia de Wei Wei en su trabajo que no es otro que denunciar al sistema. Lo que tenemos entre manos es otro de sus ensayos contra el poder, como si ese poder fuese algo parecido a ese resto arquitectónico que su padre, el poeta represaliado Ai Quing, dejó escrito: «Cualquier muralla no es más que un vestigio de la historia que a nadie le interesa recordar». La película empieza hablando de ese sistema que es uno que da fallos. A lo primero que nos hace confrontar Wei Wei, nada más dejar de volar con los planos cenitales, es a la inutilidad de dicho sistema bajando a la tierra. El abogado Chen Quishi se para en una gasolinera y no pueden tomarle la temperatura porque no funciona el termómetro-pistola que lo va apuntando en diferentes partes de su cuerpo. Tiene que venir la policía para comprobar que todo está correcto y dejarle proseguir su camino de retorno a Wuhan. Un recorrido en coche por un país en silencio, donde las únicas señales de movimiento son las luces parpadeantes azuladas de las ambulancias que invaden la noche. No existe mayor ejemplo de desolación que el plano en el que su acompañante camina por una superficie conquistada por la nieve y solamente somos testigos de un recorrido, el suyo y de sus pisadas, no existen otras más. Cuando llegue a su destino, se dará cuenta grabándolo que sus peces están flotando muertos. Será la última vez que veamos su rostro reflejado sobre el cristal de su pecera. Chen Quishi es uno de los desaparecidos de la pandemia.

    ¿Qué miedo tiene Saturno que no deja de comerse a sus hijos? ¿Qué es lo que hace que gente normal se convierta en terroristas aliados de los yanquis o de los japoneses como le llegan a decir a uno de los que investiga en So sorry? Cuando un sistema, cualquiera que sea, elige utilizar cualquier tipo de violencia para eliminar al contrario, ¿no se está eliminando él mismo de alguna manera? Otro proverbio chino se oye en Coronation que dice que el agua puede hacer flotar al barco pero también hundirlo. ¿Son los herederos del gran timonel conscientes de eso? No existe momento más revelador en toda la película que aquel en el que se dan las cenizas de los muertos a sus correspondientes familiares. Como vemos, las cenizas, los restos de la quema, son muy recurrentes en todo el metraje. Es un oficio pomposamente de estado. Una habitación y una mesa. Los familiares esperando haciendo cola y detrás de esa mesa, dos hombres del partido. Una cámara posicionada a ras de la mesa, donde ubican las “bonitas” urnas de madera que luego serán recubiertas por una tela roja, es testigo del derrumbe de todo un sistema. Habrá quien no quiera verlo, como los curiosos que apelotonados en la habitación no dejan de mirar como aprietan las cenizas (mientras no sean las suyas), en el interior de una bolsa, como si se tratase de la apisonadora del mediometraje de Tarkovsky, pero, en vez de representar el esplendor de la revolución, ahora pareciese condenarla. La apisonadora de Tarkovsky ayudaba a construir la calle con la amistad de un pequeño maestro de música pero las manos del hombre del partido presionan, destruyen. El sonido es demoledor, el cómo sus manos aplastan y aplastan, repetidamente, la bolsa para que pueda entrar en la urna es desolador y que al no poder lograrlo decida, con ayuda de su compañero, abrir la bolsa impunemente y tirar parte de las cenizas en su interior, no deja de escenificar la impunidad misma del poder. En ese justo momento, aquellos curiosos, al ver cómo están manipulando las cenizas, se darán la vuelta sin querer seguir mirando, pareciendo avergonzados de tal acción. Como digo, puede que haya gente que no vea nada o no quiera verlo, pero estoy seguro de que otros muchos “ciudadanos” chinos sí que lo hagan y se sientan también avergonzados del hecho.

    El hecho, el activista, nos lo ha recordado Wei Wei, es a lo único que se puede aferrar. Coronation está construida de hechos que ponen en duda un sistema, el partido comunista chino, y lo hace indirectamente, como si las imágenes montadas funcionasen como agentes quintacolumnistas, infiltrados en el propio sistema endémico. Aquí es donde el artista, el activista, el “ciudadano” puede volverse peligroso y hay que mantenerlo bajo control o en última instancia hacerle “desaparecer”. ¿Cómo nos lo hace ver Wei Wei? Solo existe un camino y es el de mostrar aquello que nunca reconocería el sistema, su error. Recordemos que el terrible terremoto de Sichuan, que convirtió a los colegios estales en tumbas para miles de niños, fue por culpa de la inestable Naturaleza, o que al principio de la pandemia en Wuhan las autoridades decían que no había probabilidad de contagio entre seres humanos (aquí, nuestras autoridades, al principio aconsejaron no utilizar mascarillas). Wei Wei, o mejor dicho el conjunto completo de Coronation, confecciona toda una declaración de principios alrededor de un error, uno técnico en una secuencia mediante una serie de desenfoques en el plano, algunos automáticos (al corte) pero otros manuales en el interior del propio plano. Sería una especie de radiografía de un desenfoque, donde esas “faltas de enfoque adecuado” (según el significado de la RAE sobre la propia palabra) servirían para puntear lo más relevante del discurso de una joven relatando su experiencia en la perdida de los seres queridos, de dejarlos abandonados al sistema. Esos desenfoques son como hiatos en la oración visual que dan la voz de alarma. (Los números indican la hora, el minuto y el segundo exacto de aparición en pantalla).

    -1:27:44: se produce el primer desenfoque que dura escasos dos segundos. Viene de un corte por lo tanto, puede ser debido a la propia cámara. El artefacto parpadea en busca de la luz. Es el comienzo del punto de vista.

    MUJER.

    Si los líderes de Wuhan hubiesen confinado a la ciudad antes, no habría habido tantas almas perdidas deambulando.

    -1:27:59: segundo desenfoque al corte.

    MUJER.

    La gente de Wuhan está teniendo una experiencia agónica.

    -1:28:31: comienza un plano secuencia en el tercer desenfoque. No se producen cortes, la cámara por tanto no desenfocará automáticamente. Todo se graba en un mismo plano.

    MUJER.

    Con una enfermedad crónica, tal vez tendrías a alguien a tu lado cuando muriese, pero no se nos permite ver a nuestros familiares.

    -1:28:46: sin cortar, el cuarto desenfoque.

    MUJER.

    Cuando los enviamos al punto de cuarentena, no sabes si será la última vez que los veamos.

    -1:28:51-56: sin cortar, el quinto desenfoque. El que más dura, curiosamente unos cinco segundos.

    MUJER.

    Una se siente totalmente desesperada, en esos momentos finales. Para nuestra generación…
     
     -1:29:07: sin cortar, el sexto desenfoque.

    MUJER.

    …será una sombra que oscurezca nuestros corazones para siempre.

    -1:29:11: finaliza con el séptimo desenfoque y al corte.

    El siguiente plano es uno de dos mujeres mayores viendo la televisión. Están completamente concentradas, solamente parece distraerlas un ruido producido por algo que cae. Es importante que escuchemos lo que están oyendo, parece ser alguna ficción, debido a la tonalidad de sus voces, un monólogo que da un oficial a una mujer: «Señora, no se enfade podemos hablar tranquilamente. Díganos si alguien le hizo algo. ¡No se ponga muy emocional! No haga nada que luego tenga que lamentar, simplemente díganos que está pasando, podemos ayudarla». Después al corte, el mismo plano, la misma habitación de hospital pero sin las mujeres y en su lugar un equipo de limpieza.

    | ★★★★☆ |


    José Amador Pérez Andújar |
    © Revista EAM / Madrid


    A media voz

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