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    Crítica | Un amigo extraordinario

    En busca del niño interior

    Crítica ★★★★☆ de «Un amigo extraordinario», de Marielle Heller.

    Estados Unidos, 2019. Título original: A Beautiful Day in the Neighborhood. Director: Marielle Heller. Guion: Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster (Artículo: Tom Junod). Productores: Youree Henley, Leah Holzer, Peter Saraf, Marc Turtletaub. Productoras: Distribuida por TriStar Pictures. Coproducción Estados Unidos-China; Big Beach. Fotografía: Jody Lee Lipes. Música: Nate Heller. Montaje: Anne McCabe. Reparto: Matthew Rhys, Tom Hanks, Chris Cooper, Susan Kelechi Watson, Maryann Plunkett, Enrico Colantoni, Wendy Makkena, Tammy Blanchard, Noah Harpster.

    Corren malos tiempos para el estímulo de los valores morales. El cinismo se ha apoderado de la sociedad como si de otro virus mortal se tratara, haciendo que cada vez resulte más complicado para el ser humano confiar en sus congéneres. El respeto, la empatía, la responsabilidad, la solidaridad, la gratitud, el perdón o el amor, virtudes tan básicas que, en definitiva, no dejan de ser aquellas que deberían definirnos como personas, se están perdiendo dentro de un mundo materialista y desalmado en el que la falsa moral, la hipocresía, el interés y la envidia han ido ganando terreno peligrosamente. Esto lo tiene bien claro el protagonista de Un amigo extraordinario (2019), el periodista de la revista Esquire Lloyd Vogel que tiene que enfrentarse a un encargo que, de entrada, no le produce demasiada ilusión: entrevistar a Fred Rogers, una de las celebridades más queridas de la historia de la televisión norteamericana. Vogel atraviesa un momento vital complicado. Es un tipo de vuelta de todo, desencantado con la vida y sin esperanzas en el ser humano. Enfadado con el mundo, en general, y con su padre, en particular, como consecuencia del abandono de este a sus hijos y a una esposa enferma que se encontraba en el lecho de muerte, su tormentoso carácter se refleja también en su trabajo, donde ha adquirido una merecida fama de agresivo hacia las personalidades sobre las que escribe, algo que ha empujado a sus editores a encomendarle la tarea de realizar un artículo sobre un personaje tan blanco como Rogers, con la idea de lavar un poco la maltrecha imagen del periodista. El choque entre dos personalidades tan antagónicas como Vogel, siempre a la defensiva y convencido de que tanta candidez y buenos sentimientos no son más que pura fachada que no tendría inconveniente en desenmascarar, y el carismático presentador, así como las consecuencias que esta relación, en principio profesional, tienen para el primero, son el motor de un filme que, al igual que los trabajos anteriores de su interesante directora y escritora Marielle Heller, The Diary of a Teenage Girl (2015) y ¿Podrás perdonarme algún día? (2018), indaga en el alma de sus personajes con un cariño especial, a pesar de mostrar sus debilidades e imperfecciones sin ningún pudor.

    Como su cinta anterior, protagonizada por una sorprendente Melissa McCarthy, Un amigo extraordinario se aleja totalmente de lo que podría considerarse un biopic al uso. No hay que esperar encontrarse aquí con un recorrido detallado por la vida y milagros de Fred Rogers, ya que quien verdaderamente lleva el peso dramático de la historia es el personaje de Vogel, inspirado en el despiadado columnista Tom Junod. El filme toma como inspiración el artículo escrito por este en 1998, ¿Puedes decir... héroe? y muestra cómo influyó la bondad y humanidad del vecino televisivo más querido de América en su entrevistador. Mr. Rogers fue toda una institución para la pequeña pantalla. Desde 1968 y hasta 2001, ataviado con su inconfundible rebeca roja y acompañado por distintas marionetas, aquel hombre de aspecto bondadoso y tranquilo educó a diferentes generaciones de televidentes, enseñando a los niños, de manera didáctica, cómo enfrentarse a temas tan dolorosos como la muerte, el divorcio o el racismo. Sus canciones, el talante amable y cercano del comunicador y la manera en que se dirigía al objetivo de la cámara, como si hablara de tú a tú con cada espectador que le veía desde casa, lograron que Mister Rogers' Neighborhood se convirtiera en el espacio infantil más longevo de la historia de la televisión americana, solo superado por Barrio Sésamo. Sin duda, si había alguien que podría hacer que Junod cambiara su cínica visión de la vida para creer en una bondad desinteresada, ese era Fred Rogers, el hombre que siempre tenía minutos para conversar amigablemente con sus fans, aun cuando su equipo perdiera la paciencia por el tiempo de demora de las grabaciones. La película de Heller se centra en el drama personal de Vogel (el álter ego del periodista en la pantalla), espléndidamente encarnado por un contenido Matthew Rhys, y en cómo sus encuentros con el vecino de América, con quien acabaría entablando una sólida amistad, le ayudaron a aprender a gestionar toda la rabia y el rencor acumulados durante años en su interior para conseguir arreglar las rencillas con un padre imperfecto y arrepentido de su mal comportamiento pasado, una vez que ve que su vida empiza a acercarse a su final. En este sentido, caben destacar los sólidos apoyos dramáticos del siempre fantástico Chris Cooper, otorgando gran humanidad al rol de padre ausente y de Susan Kelechi Watson como la comprensiva esposa de Vogel, pieza esencial para su progresiva “humanización”.

    A Beautiful Day in the Neighborhood, Marielle Heller.
    Esencia Hanks.

    «Un amigo extraordinario, aparte de ser una muy buena película, entretenida y emocionante, invita a ser mejor persona una vez que acaba su visionado y eso es algo poco frecuente e impopular en el cine actual. De paso, nos regala la interpretación más sentida y cálida de Hanks en años, lo que también es mucho». 


    Marielle Heller y sus guionistas arriesgan y aciertan de pleno enfocando esta historia de superación y crecimiento personal desde una perspectiva tan original como es que sea el propio Rogers quien la narre al espectador, utilizando las mismas herramientas con las que conquistó a su público durante décadas: decorados en miniatura, marionetas parlanchinas y su manera de expresarse, todo lo cándida que se quiera pero efectiva. Un amigo extraordinario tiene así un tono de fábula sumamente agradable que confía todo su potencial a la maravillosa labor de Tom Hanks en el personaje de Rogers. Sin duda, un acierto de casting, ya que se trata de un actor igualmente querido por las masas, con una imagen pública lo suficientemente impoluta como para hacer creíble cada reflexión acerca del perdón como liberación del alma que salga de sus labios. Su labor, finalmente, acaba siendo paralela a la que el presentador a quien interpreta realizara en sus shows, dejando en el aire numerosos pensamientos en voz alta con los que, en mayor o medida, cualquier espectador se puede sentir identificado e incluso inspirado. ¿Quién no ha entendido mejor a sus progenitores una vez que también se ha convertido en padre de otro ser humano? ¿Cuántas veces hemos preferido continuar enfadados con alguien a quien queremos, por orgullo, aunque en realidad nos apetecía sellar la paz con un abrazo? Y no lo hace el filme de forma aleccionadora ni manipulando sentimientos. Tampoco pretende blanquear (más si cabe) la imagen de un Rogers que siempre rechazó la opinión generalizada de que fuese un santo o un tipo sin debilidades (él mismo confiesa ante su entrevistador haber pasado malas etapas con sus propios hijos y su esposa cuenta a Vogel cómo lucha a diario para controlar su temperamento), pero sí alguien que dejó una huella imborrable en los corazones de públicos de todas las edades, algo que queda patente, por ejemplo, en la tierna escena del metro, con todos los pasajeros del vagón improvisando una de las canciones emblemáticas del presentador cuando le reconocen viajando entre ellos. Un amigo extraordinario, aparte de ser una muy buena película, entretenida y emocionante, invita a ser mejor persona una vez que acaba su visionado y eso es algo poco frecuente e impopular en el cine actual. De paso, nos regala la interpretación más sentida y cálida de Hanks en años, lo que también es mucho | ★★★★☆


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid



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