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    Crítica | La caza

    La liebre siempre gana

    Crítica ★★★★☆ de «La caza», de Craig Zobel.

    Estados Unidos. 2020. Título original: The Hunt. Director: Craig Zobel. Guion: Damon Lindelof, Nick Curse (Historia: Richard Connell). Productores: Jason Blum, Damon Lindelof. Productoras: Distribuida por Universal Pictures. Blumhouse Productions, White Rabbit. Fotografía: Darran Tiernan. Música: Nathan Barr. Montaje: Jane Rizzo. Reparto: Betty Gilpin, Hilary Swank, Ike Barinholtz, Wayne Duvall, Emma Roberts, Ethan Suplee, Christopher Berry, Amy Madigan, Reed Birney, Kate Nowlin, Sturgill Simpson, Glenn Howerton, Justin Hartley.

    Mucho ha llovido desde que Blumhouse Productions fuera puesta en pie por Jason Blum, hace 20, años para producir, esencialmente, películas de terror de bajo presupuesto que, a la postre, resultarían muy rentables en taquilla. Paranormal Activity (Oren Peli, 2007), Insidious (James Wan, 2010) o Sinister (Scott Derrickson, 2012) fueron algunos de los títulos exitosos que contribuyeron a cimentar la fama actual de un estudio que tuvo un punto de inflexión con el estreno de La purga (James DeMonaco, 2013), primera película de la compañía tras firmar un contrato de 10 años con Universal Pictures. Aquella cinta protagonizada por Ethan Hawke, bajo su premisa de thriller psicológico sobre invasiones domésticas, partía de una base tan inquietante como incendiaria, la de una distopía que sumergía a Estados Unidos en una sociedad totalitaria en la que las tasas de desempleo y delincuencia se habrían reducido al mínimo, permitiéndose la celebración anual de La purga, evento en el que, durante una noche, cualquier delito es legal y permanece impune ante las autoridades. La cinta de DeMonaco fue un interesante primer paso de Blumhouse para añadir crítica social y política a sus historias de terror, mostrando cómo, evidentemente, son las clases sociales más desfavorecidas las que salen perdiendo en su confrontación con quienes tienen más poder. Allí vimos cómo los vecinos de acomodados barrios residenciales se dedican durante el día la mejor de sus (postizas) sonrisas para, durante la noche, tratar de matarse indiscriminadamente, siendo un perfecto reflejo de la hipocresía que reina en la sociedad burguesa. La anécdota argumental de La purga fue explotada en sucesivas secuelas que incrementaron la violencia y la acción sin perder fuelle en sus dardos envenenados, al mismo tiempo que las minorías oprimidas continuarían siendo protagonistas de otros títulos de la compañía, como esos marginados objeto de bullying en su infancia y que clamarían venganza contra sus clasistas abusadores de El regalo (Joel Edgerton, 2015) y El sótano de Ma (Tate Taylor, 2019), y, sobre todo, los antihéroes de aquellas dos excelentes películas de Jordan Peele para la productora: la sátira racial Déjame salir (2017) y Nosotros (2019), brutal alegoría sobre la división de clases sociales.

    La caza (Craig Zobel, 2020) es la nueva propuesta de Blumhouse que ha llegado a ver la luz en tiempos de coronavirus, precedida de gran polémica, tanto por la carga crítica de su argumento, que lleva al extremo la lucha entre ideologías políticas contrarias, llegando a ganarse el odio del mismísimo Donald Trump, como por la violencia gráfica con la que esta queda plasmada en imágenes, siendo cancelado su estreno en varias ocasiones como consecuencia de distintos tiroteos masivos en el país. Lo cierto es que los guionistas Damon Lindelof, Nick Curse, a partir de una historia de Richard Connell, han sabido construir una sangrienta sátira que no deja títere con cabeza riéndose tanto de los votantes republicanos, presentados como racistas, malhablados y realizando una defensa ciega por la posesión de armas como de esos liberales concienciadísimos con cualquier tipo de problemática social, ya sean el cambio climático, la discriminación por cuestiones de género, raza o religión, el animalismo... pero a quienes no les tiembla el pulso a la hora de acabar con otro ser humano que no piense como ellos. La película de Craig Zobel, realizador de la contundente Compliance (2012) y de la estimable distopía futurista Z for Zachariah (2015), parte de un planteamiento, el de la cacería humana, que se ha venido explotando en el cine desde los tiempos del clásico El malvado Zaroff (Irving Pichel, Ernest B. Schoedsack, 1932), donde un loco millonario disfrutaba cazando a los náufragos que llegaban a su isla como si fuesen animales, y que ha dado obras tan variadas como el vehículo de acción para lucimiento de las capacidades elásticas de Jean Claude Van Damme Blanco humano (John Woo, 1993) o la violenta Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000), donde un juego de supervivencia funcionaba como medida drástica para acabar con la superpoblación. Todas ellas, a pesar de sus diferentes enfoques (unos más comerciales que otros), encierran no poca carga de crítica social.

    The Hunt, Craig Zobel.
    Algo más que una serie B.

    «La caza, con sus acertadas referencias a Rebelión en la granja, otra fábula mordaz en la que el socialismo se corrompía por el poder y daba paso a un nuevo modo de tiranía; sus generosas dosis de mala baba, las impagables frases lapidarias de su antiheroína y sus escasas intenciones de complacer a corriente política alguna, simplemente, pretende mostrar la idiotez humana cuando lleva sus ideales a extremos de fanatismo, suponiendo un bienvenido soplo de aire fresco. Cine de evasión, divertido y ligero, que deja espacio para la reflexión entre muerte y muerte».


    En el caso de La caza, un grupo de 12 personas de distinta procedencia y sin aparente conexión entre ellas, se despierta en una selva convertida en improvisado coto de caza, y, una vez provistas de armas, se ven obligadas a sobrevivir a multitud de trampas mortales y el acoso de unos millonarios con aires de superioridad y muchas ansias de sangre, entrenados, para convertirse en máquinas de matar, por el militar que asesoró a Bruce Willis durante el rodaje de la bélica Lágrimas del sol (Antoine Fuqua, 2003). Aunque a primera vista, sobre el papel, la historia carece de originalidad, la gracia reside en las personalidades de los “villanos” de la función, que, en teoría, luchan por hacer de este un mundo mejor, acabando con “despojos” de la sociedad que, cómo no, vienen a ser votantes de Trump con bastante pocas luces. La incorrección política es la mejor arma de un libreto que también satiriza en torno a las redes sociales, aquí usadas para reclutar a las víctimas potenciales, así como muestra hasta qué punto puede llegar a cobrar fuerza una noticia fake. Esta nueva propuesta se aleja de la seriedad de la saga La purga para deslizarse por unos terrenos más cercanos a la comedia negra. No hay que esperar encontrarse ante una cinta de terror, ya que, pese a sus simpáticas dosis de gore, presentes, sobre todo, en su alocado primer acto (esa mujer partida en dos por una explosión que continúa viva en un hoyo, exigiendo que le arrojen un arma), apuesta más por la acción desinhibida, funcionando también como parodia del subgénero survival, más en la línea de otro notable entretenimiento como la canadiense Noche de bodas (Tyler Gillett, Matt Bettinelli-Olpin, 2019), otra historia de millonarios perturbados a quienes les encanta ejercer el arte de la caza sobre pobres inocentes (o no tanto) que en otros precedentes de la compañía Blumhouse, por lo que debería ser saludada como una lúcida rara avis dentro de su catálogo.

    Por ello, desde el principio, sus responsables juegan a subvertir las reglas haciendo creer que los protagonistas de la función van a ser un heroico Justin Hartley y la frágil Emma Roberts, dejando entrever, incluso, una incipiente tensión sexual entre ambos, antes de descubrir a la verdadera ama de la película, que no es otra que la impresionante Betty Gilpin. Su personaje, excéntrico, imprevisible y letal (se trata de una veterana de guerra de gatillo fácil), se convierte en una auténtica pesadilla para sus perseguidores y significa el aporte más original del filme, dejando para el recuerdo un celebrado monólogo en el que relata la particular versión de la fábula de La liebre y la tortuga que su madre le inculcó de niña. Los villanos también tienen sus momentos de lucimiento, como la pareja de ancianos de la gasolinera, interpretada por los excelentes Amy Madigan y Reed Birney, o una Hilary Swank sorprendentemente desmelenada como la cabeza pensante del proyecto de la caza, que nos regala junto a Gilplin una de las escenas de pelea cuerpo a cuerpo más vibrantes y divertidas que se han podido ver en una pantalla en mucho tiempo, tomando como clara referencia la mítica confrontación entre La Novia (Uma Thurman) y Vernita Green (Viveca Fox) en la cocina del primer volumen de Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003). La caza, con sus acertadas referencias a Rebelión en la granja (los villanos tienen como mascota a un cerdito llamado Orwell y la protagonista es apodada Bola de nieve por su enemiga), otra fábula mordaz en la que el socialismo se corrompía por el poder y daba paso a un nuevo modo de tiranía; sus generosas dosis de mala baba, las impagables frases lapidarias de su antiheroína y sus escasas intenciones de complacer a corriente alguna, simplemente, pretende mostrar la idiotez humana cuando lleva sus ideales a extremos de fanatismo, suponiendo un bienvenido soplo de aire fresco. Cine de evasión, divertido y ligero, que deja espacio para la reflexión entre muerte y muerte | ★★★★☆


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


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