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    Crítica: The Lodge

    El tormento y el éxtasis

    Crítica ★★★★☆ de «The Lodge», de Severin Fiala, Veronika Franz.

    Reino Unido, 2019. Título original: The Lodge. Director: Severin Fiala, Veronika Franz. Guion: Sergio Casci, Severin Fiala, Veronika Franz. Productores: Aliza James, Simon Oakes, Aaron Ryder. Productoras: Coproducción Reino Unido-Francia-Estados Unidos; Filmnation Entertainment / Hammer Films. Distribuida por Neon. Fotografía: Thimios Bakatatakis. Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans. Montaje: Michael Palm. Reparto: Riley Keough, Richard Armitage, Jaeden Martell, Lia McHugh, Alicia Silverstone, Lola Reid.

    Transcurría 2014 cuando una película proveniente de Austria irrumpía en el panorama del cine de terror, helando la sangre de quienes tuvieron la oportunidad de verla en distintos festivales, entre ellos el de Sitges. Con el documental Kern como único trabajo anterior, los directores Severin Fiala y Veronika Franz se posicionaron como unos incipientes talentos a seguir la pista en el futuro, gracias a Goodnight Mommy, un curioso drama psicológico, con ecos de Michael Haneke, que contaba con un punto de partida de lo más perturbador. La historia de aquellos dos gemelos de nueve años que sospechaban que la mujer que regresaba a casa, con el rostro completamente vendado después de una operación de cirugía estética, no era, en realidad, su madre, impactó a crítica y público por la manera en que introducía la figura de los niños en situaciones de extremo sadismo y, sobre todo, por la conseguidísima atmósfera de aislamiento y paranoia constante que sobrevolaba cada fotograma. Después de aquel éxito internacional, los realizadores solo habían intervenido, junto a otros cineastas cultivados en el género, en The Field Guide to Evil, una antología de episodios de terror que pasó con más pena que gloria, por lo que The Lodge (2019) viene a ser esa obra que consolida definitivamente a sus autores como unos de los más interesantes del panorama actual, poseedores de un universo propio y muy rico, que guarda no pocas similitudes con Goodnight Mommy. Al igual que aquella, la cinta muestra una visión aterradora e incómoda de las relaciones maternofiliales, así como de la crueldad que se puede esconder dentro de una mente infantil, aunque, esta vez, desde una perspectiva muy diferente. Fiala y Franz vuelven a dibujar en este nuevo guion al personaje de la “madre” como una figura amenazante, de la que los infantes de la historia tienen serios motivos para desconfiar, aunque, en esta ocasión, no existen aquellos lazos sanguíneos entre ellos, ya que la mujer es la nueva pareja del padre, o sea, esa persona que viene a usurpar el papel de la progenitora desaparecida, de manera violenta e indeseada.

    The Lodge comienza su pesadillesco viaje por todo lo alto, con un prólogo contundente que consigue sentar muy bien las bases de lo que será su historia. Alicia Silverstone, antigua estrella de los noventa a la que parece que empezamos a recuperar felizmente desde su inquietante papel secundario en El sacrificio de un ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos, 2017), demuestra ser una actriz con mucho que decir aún, esta vez en el breve (pero impactante) rol de Laura, la madre dos los dos niños protagonistas, el adolescente Aidan y la pequeña Mia, una mujer que no ha asimilado nada bien que su ex-marido, Richard, haya rehecho su vida junto a otra chica más joven, por lo que su salud mental ha quedado seriamente dañada, hasta el punto de suicidarse en el mismo salón de la casa de su antigua pareja cuando acude a llevarle a los hijos. Es aquí cuando estos pasan a vivir bajo el techo del padre, con todos los prejuicios y odios hacia la novia de aquel, transmitidos por la difunta madre. El hombre trata, por todos los medios, de que sus hijos acepten a la muchacha y le den una oportunidad para que la convivencia entre todos sea, al menos, cordial, pero hay una circunstancia muy especial que dificulta esta aceptación: el complicado pasado de la “intrusa”. Este personaje, Grace, arrastra a sus espaldas una infancia marcada por el fanatismo religioso, habiendo sido la única superviviente del suicidio colectivo de todos los miembros de una secta comandada por su propio padre, un perturbado que la sometió a un férreo adoctrinamiento, hecho que quedó documentado en unas grabaciones de vídeo a la que los niños consiguen tener acceso. Richard, conocedor de la traumática vida anterior de su prometida pero crédulo de que aquellos fantasmas habrían quedado muy atrás, confía en dejar a Grace al cuidado de sus hijos durante un par de días en los que tiene que ausentarse, por cuestiones laborales, de una casa alejada de la civilización, azotada, además, por una gran nevada que mantendrá a los miembros de esa “familia forzosa” completamente aislada.

    The Lodge, Severin Fiala, Veronika Franz.
    Los márgenes de la fe.

    «The Lodge es una de las ofertas terroríficas más adultas e introspectivas de los últimos años. Una terrible historia que explora las irreversibles secuelas de los fanatismos sectarios, que se cuece a fuego lento (su ritmo, demasiado sosegado, es, tal vez, su talón de Aquiles) hasta alcanzar ese ambiente irrespirable y turbador que también caracterizó a Goodnight Mommy y que aquí, como excelente obra de madurez, sus creadores han logrado sublimar».


    The Lodge no es una propuesta de terror fácil. Requiere del esfuerzo del público para meterse en la piel de los tres personajes centrales (Grace y los dos chicos), cada uno de ellos con sus fundadas razones para sentirse incómodo ante la convivencia. El miedo de este filme no está fundamentado en la sangre o los golpes de efecto sonoros que tanto daño hacen al género, sino que nace de las entrañas de sus atormentadas criaturas, traduciéndose en un desequilibrio mental que les lleva a una situación límite. Al igual que en El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), la gélida ambientación y su sensación de encierro contribuyen a que la psique de Grace le juegue una mala pasada; del mismo modo que la imaginación de los críos vuela mientras ven en el televisor La cosa (John Carpenter, 1982), en la que sus personajes no podían confiar los unos en los otros, ya que, debajo de cualquier apariencia amable y normal, se podría esconder el más letal monstruo. La mayor parte de la función se apoya en la lucha de Grace por acercarse a sus hijastros, al mismo tiempo que estos se debaten entre compadecerse de la joven o ponerle las cosas aún más difíciles. Riley Keough, en la línea de la Toni Collette de Hereditary (Ari Aster, 2018) –otro exponente de terror basado en las complejas mutaciones que sufren las relaciones familiares a raíz de acontecimientos traumáticos–, pone rostro y todo su talento (que es mucho) en el difícil personaje de Grace, encontrando un gran apoyo dramático en los jóvenes Jaeden Martell y Lia McHugh. La ambientación, ayudada por la fotografía de Thimios Bakatatakis, es otro de los puntos fuertes de una película que juega muy bien con símbolos religiosos (ese retrato de la Virgen, tan amenazador y omnipresente en la trama) para desestabilizar psicológicamente a la protagonista, tejiendo una asfixiante atmósfera casi onírica y plagada de silencios, en la que realidad e imaginación o fenómenos sobrenaturales y confabulación se confunden continuamente, otorgando al relato una ambigüedad y un misterio que no se resolverá hasta su noqueante imagen final. Es The Lodge una de las ofertas terroríficas más adultas e introspectivas de los últimos años. Una terrible historia que explora las irreversibles secuelas de los fanatismos sectarios, que se cuece a fuego lento (su ritmo, demasiado sosegado, es, tal vez, su talón de Aquiles) hasta alcanzar ese ambiente irrespirable y turbador que también caracterizó a Goodnight Mommy y que aquí, como excelente obra de madurez, sus creadores han logrado sublimar | ★★★★☆


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


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    Valencia

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