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    Crítica | Diamantes en bruto

    Apostando a caballo perdedor

    Crítica ★★★★★ de «Diamantes en bruto», de Ben Safdie, Joshua Safdie.

    Estados Unidos, 2019. Título original: Uncut Gems. Director: Ben Safdie, Joshua Safdie. Guion: Ronald Bronstein, Ben Safdie, Joshua Safdie. Productores: Sebastian Bear-McClard, Oscar Boyson, Eli Bush, Scott Rudin. Productoras: Elara Pictures / Scott Rudin Productions / Sikelia Productions. Productor: Martin Scorsese. Fotografía: Darius Khondji. Música: Daniel Lopatin. Montaje: Ronald Bronstein, Benny Safdie. Reparto: Adam Sandler, Kevin Garnett, Idina Menzel, Julia Fox, Keith Stanfield, Eric Bogosian, Judd Hirsch, The Weeknd, Sean Ringgold, Sahar Bibiyan.

    Diamantes en bruto. Esa podría haber sido una definición perfecta para los hermanos Ben y Joshua Safdie, dupla de directores y guionistas, cuando se dieron a conocer con una poderosa ópera prima que establecería las normas, narrativas y estilísticas, del tipo de cine que desarrollarían después. Tras aquella notable Heaven Knows What (2014), que seguía las vicisitudes de una joven heroinómana sin techo por las calles de Nueva York, fue Good Time (2017) la cinta que les confirmó como dos talentos a seguir, regalando al tan a menudo (injustamente) denostado Robert Pattinson uno de sus mejores papeles en el rol de un ladrón de poca monta que vivía una frenética carrera contrarreloj para lograr el dinero de una fianza que sacara a su hermano de prisión. Con su nuevo trabajo, Diamantes en bruto (2019), perfectamente coherente con el espíritu de su obra anterior, los Safdie han tocado el cielo, entregando la que debería ser considerada, con toda justicia, una de las grandes películas de la temporada, por mucho que los Oscar se hayan “olvidado” de ella en su reparto de nominaciones, en favor de contendientes más convencionales. Del mismo modo que, en su momento, se la jugaron con la elección de Pattinson, de quien consiguieron sacar todo su jugo, los realizadores han vuelto a arriesgar escogiendo como protagonista a otro de esos actores que suelen aparecer en todas las listas de los más cuestionados: Adam Sandler. Si bien es indiscutible que cuando se ha atrevido a abordar papeles con cierta enjundia dramática a las órdenes de buenos directores –Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002), The Meyerowitz Stories (Noah Baumbach, 2017)–, ha estado magnífico, sobre él todavía pesaban como una losa las decenas de intrascendentes comedias –no hablamos de Hazme reír (Judd Apatow, 2009), sino de cosas como Jack y su gemela (Dennis Dugan, 2011) o The Ridiculous 6 (Frank Coraci, 2015)– en las que ha desperdiciado su, hasta el día de hoy, ensombrecido potencial. Con Diamantes en bruto estamos de enhorabuena, ya que supone la definitiva constatación de que Sandler podría jugar en la línea de los más grandes si se lo propusiera (y le dejaran).

    El de Howard Ratner es uno de esos personajes bombón por el que cualquier actor estaría dispuesto a matar. Un perdedor de esos que encantan a la audiencia. Un pobre diablo, constantemente apaleado por la vida, que, aun así, no pierde la esperanza de que su suerte cambie. Sandler pone toda la carne en el asador en su retrato de este joyero judío del distrito de los diamantes de Nueva York que vive cada día al límite, vendiendo mercancía a celebridades mientras se endeuda, cada vez más, con gente peligrosa que le pone contra las cuerdas para que les devuelva su dinero. Lejos de tomar las decisiones más acertadas, con la cabeza bien fría, Ratner tiene un don especial para incrementar sus problemas, ya sea perdiendo las cuantiosas cantidades de dólares que consigue recuperar en apuestas deportivas o destrozando su vida familiar a base de engaños y entregándose a los brazos de una amante mucho más joven que él (una sorprendente Julia Fox, todo un descubrimiento). Está claro que nuestro antihéroe es un tipo que actúa de manera visceral, desde esas entrañas que la cámara nos muestra en los primeros minutos de película, de manera literal, a través de una colonoscopia que su médico le realiza para descartar la posibilidad de que un cáncer esté amenazando su salud. Pero la verdadera enfermedad que le está llevando al borde el precipicio es esa ludopatía que hace que le sea imposible reunir el dinero que debe. Diamantes en bruto es un filme apasionante y muy bien armado a todos los niveles, desde en una escritura impecable que mima a todos y cada uno de los personajes secundarios que conforman la salvaje fauna en la que se mueve Ratner, hasta en esa sensacional descripción de ambientes que rezuma autenticidad. A esto último contribuye la presencia en el reparto de auténticas celebrities, tales como el ex-baloncestista de la NBA Kevin Garnett o el cantante The Weeknd, interpretándose a sí mismas y no precisamente en simples cameos sino en aportaciones bastante relevantes dentro de la trama.

    Uncut Gems, Ben Safdie, Joshua Safdie.
    La joya oculta en el catálogo de Netflix.

    «Diamantes en bruto es una obra impecablemente filmada, atmosférica y tensa, con un montaje brutal y un ritmo que no desfallece en ningún momento. Sus creadores han sabido conjugar con maestría la comedia, más que negra, cruel, con el thriller de suspense más tenso y angustioso, pero, ante todo, han construido uno de los personajes más desdichados y memorables del año».


    La historia sigue a un omnipresente Sandler, dueño y señor de la función y presente en casi todos los planos de la misma, desplegando todo su carisma y simpatía innatos (a pesar de interpretar en esta ocasión a un tipo mezquino, avaricioso y muy intenso), a través de unas desasosegantes horas que se tornan en determinantes para el resto de sus días –muy en la línea de Good Time –, desde el momento en que cae a sus manos un valioso ópalo llegado desde unas minas etíopes para acabar con sus penurias y que, por su mala cabeza, acaba perdiendo. Diamantes en bruto se convierte, a partir de ahí, en una trepidante montaña rusa de emociones en la que la cámara rabiosa de los Safdie presencia los diferentes frentes a los que se tiene que enfrentar el protagonista. A lo largo de las dos horas de metraje asistimos a una auténtica caída a los infiernos de Ratner, viendo cómo su relación con su esposa (excelente Idina Menzel) toca fondo, cómo es continuamente perseguido, amenazado y golpeado por diferentes matones y prestamistas a los que creía poder manejar con facilidad y, sobre todo, cómo maquina un plan perfecto para recuperar el diamante perdido y, a través de una serie de inversiones imposibles, saldar sus deudas y hacerse rico. Es este el tipo de filme independiente y valiente que necesitaba Sandler para dejar definitivamente atrás su imagen de eterno niño grande con expresión bobalicona, para dejar salir al gran actor que grita, llora y sufre sin parar durante todo un metraje que no tiene ningún tipo de piedad con su personaje (magistral el instante en que se viene abajo ante su amante, con la nariz rota y la hemorragia frenada por dos trozos de papel). Diamantes en bruto es una obra impecablemente filmada, atmosférica y tensa, con un montaje brutal y un ritmo que no desfallece en ningún momento. Sus creadores han sabido conjugar con maestría la comedia, más que negra, cruel, con el thriller de suspense más tenso y angustioso, pero, ante todo, han construido uno de los personajes más desdichados y memorables del año. Y lo que hace el señor Adam Sandler con él es para quitarse el sombrero, ya sea reconocido con premios o no. No ganará un Oscar pero nadie podrá volver a poner en duda, después de este trabajo, que es un magnífico actor | ★★★★★


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


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