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    Crítica | Triple frontera

    Amistad a prueba de codicia

    Crítica ★★★☆☆ de «Triple frontera», de J.C. Chandor.

    Estados Unidos, 2019. Título original: «Triple Frontier». Director: J.C. Chandor. Guion: Mark Boal, J.C. Chandor (Historia: Mark Boal). Productores: Neal Dodson, Alex Gartner, Andy Horwitz, Charles Roven. Productoras: Atlas Entertainment. Distribuida por Netflix. Fotografía: Roman Vasyanov. Música: Disasterpeace. Montaje: Ron Patane. Reparto: Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garrett Hedlund, Pedro Pascal, Louis Rodriguez, Adria Arjona, Juan Camilo Castillo, Reynaldo Gallegos.

    Poco a poco, la plataforma Netflix está superando esa fama un tanto dudosa que, desde su nacimiento, llevaba arrastrando en lo concerniente a la calidad de las películas que producía. Aunque comenzó fuerte con la magnífica Beasts of No Nation (Cary Joji Fukunaga, 2015), lo cierto es que, en líneas generales, el nivel posterior de sus propuestas pocas veces se ha alejado de lo decepcionante, algo que, por fortuna, parece estar quedando atrás, si nos atenemos a las formidables sensaciones despertadas por recientes títulos tan interesantes como Aniquilación (Alex Garland, 2018) o la oscarizada Roma (Alfonso Cuarón, 2018), dignas merecedoras de ser disfrutadas en una gran pantalla. La apuesta por fichar a grandes directores y estrellas para sus proyectos está haciendo que, en muchos casos, sus productos empiecen a ser tan esperados como los que llegan a las salas de cine. Este es el caso de Triple frontera (2019), la nueva película de acción de su catálogo, que llega avalada por el protagonismo de un quinteto de actores de primerísima línea, de esos que suelen encabezar las mayores superproducciones de Hollywood. Esta cinta ha sufrido un verdadero cúmulo de adversidades durante su gestación que hace que su estreno, el pasado 13 de marzo, pueda ser vivido por sus responsables casi un milagro. Diez largos años llevaba el guionista (antes periodista de guerra, una experiencia que ha dejado bien reflejada en sus libretos) Mark Boal dándole vueltas a esta historia, desde que acabara de ganar un Oscar por En tierra hostil (2008), siendo su intención que Triple frontera fuese su siguiente colaboración con la realizadora Kathryn Bigelow tras aquella triunfal peripecia bélica. Por unas circunstancias u otras, el proyecto acabó archivado en un cajón, por lo que tendrían que ser las formidables La noche más oscura (2012) y Detroit (2017), las obras que volviesen a unir los caminos de ambos. Ha tenido que llegar Netflix para que Boal volviera a tener luz verde para ver materializada su creación y, tras la salida de Bigelow de las labores de dirección, ha sido J.C. Chander el encargado de ponerse al mando de un filme en el que también ha colaborado realizando algunas modificaciones en el guion.

    La historia de Triple frontera nos traslada a una zona del mundo tan estratégica como peligrosa, esa jungla de América del Sur en la que convergen Brasil, Argentina y Paraguay. Allí, en pleno corazón de la selva, un poderoso narcotraficante esconde su fortuna en el interior de una mansión fuertemente vigilada por sus sicarios. Un grupo formado por cinco antiguos miembros de las Fuerzas Especiales prepara, en secreto, una misión suicida al margen de la legalidad: la de asaltar esa enorme caja fuerte y hacerse con los cientos de millones de dólares que guarda. Aquí no hay honor ni actos de heroísmo en nombre de su país, sino ambición y la firme intención de buscar un enriquecimiento rápido que solucione sus vidas para siempre. Como ya sabemos los espectadores un poco curtidos en este tipo de relatos sobre atracos perfectos, todo lo que puede salir mal acaba saliendo mal, y este no es una excepción, por lo que los protagonistas verán como sus planes comienzan a torcerse hasta verse envueltos en una espiral de violencia y lucha por la supervivencia límites. La película arranca con muchísima fuerza, mostrando una espectacular redada antidroga a un edificio que acaba totalmente destruido por el fuego cruzado entre militares y traficantes. La acción está rodada con verdadero brío, con las balas silbando por todas partes en un tiroteo maravillosamente planificado, casi a la altura del Michael Mann de Heat (1995), y un entregado Oscar Isaac entrando en escena por primera vez, antes de convertirse en el cerebro de ese robo al eslabón más fuerte de la cadena que, hasta el momento, trataba de combatir. Para llevar a cabo su objetivo, alista a cuatro amigos del pasado, todos ellos en horas bajas, ya sea sufriendo las secuelas psicológicas de los horrores vividos en la línea de fuego (Charlie Hunnam), como sobreviviendo a una economía maltrecha tras un divorcio (Ben Affleck), siendo apartados del servicio por conductas poco éticas relacionadas con las drogas (Pedro Pascal) o dejándose la piel en combates de boxeo (Garrett Hedlund). Todos ellos, pese a alguna reticencia inicial, terminan embarcados en una aventura con final incierto para ellos.

    «Sobre el filme vuela en todo momento cierto aroma de cine clásico, teniendo como referentes al Sam Peckinpah de Grupo salvaje (1969) o al John Huston de El tesoro de Sierra Madre (1948), y construyendo una atractiva atmósfera que oscila entre el género bélico protagonizado por mercenarios de toda la vida y el western fronterizo. Las secuencias que tienen lugar en la jungla, el accidentado aterrizaje de la avioneta o el tiroteo en la montaña aportan las necesarias dosis de buen entretenimiento, aunque hay que reconocer que uno de los puntos débiles de la película reside en que la función nunca llega a estar a la altura de su potentísimo prólogo».


    Triple frontera es una película muy a contracorriente de lo que el género suele ofrecer hoy en día. Su historia parece más interesada en mostrar la camaradería y los códigos de lealtad que han establecido los cinco amigos a lo largo de los años que en sucumbir a ser un espectáculo de acción sin tregua. El ensalzamiento de la amistad masculina y el retrato de unos antiguos héroes de guerra reconvertidos en perdedores están plasmados con convicción, a pesar de que el guion no hace demasiado hincapié en desarrollar las personalidades de sus personajes, siendo plasmadas estas a grandes rasgos (los interpretados por Isaac y Affleck son, en este sentido, los que están mejor definidos, mientras que Hunnam, Pascal y Hedlund se ven obligados a recurrir a su innegable carisma para defender los suyos, mucho más desdibujados). Sobre el filme vuela en todo momento cierto aroma de cine clásico, teniendo como referentes al Sam Peckinpah de Grupo salvaje (1969) o al John Huston de El tesoro de Sierra Madre (1948), y construyendo una atractiva atmósfera que oscila entre el género bélico protagonizado por mercenarios de toda la vida y el western fronterizo. Las secuencias que tienen lugar en la jungla, el accidentado aterrizaje de la avioneta o el tiroteo en la montaña aportan las necesarias dosis de buen entretenimiento, aunque hay que reconocer que uno de los puntos débiles de la película reside en que la función nunca llega a estar a la altura de su potentísimo prólogo. Hay alguna caída de ritmo que el director sabe solventar con buenos momentos de acción sabiamente dosificados (aunque son menos de los esperados) y el metraje, que se excede de las dos horas, se antoja, desde luego, algo excesivo para una historia no demasiado original o compleja. Lo que queda es un producto que cumple con creces su cometido como pasatiempo de aventuras pero que, al mismo tiempo, deja la sensación de que podría haber sido mucho mejor (o, al menos, se le habría dotado de una mayor carga de profundidad) si al mando del proyecto hubiese estado Kathryn Bigelow. Es la diferencia que marca una gran directora de un artesano solvente que, no obstante, ha estado detrás de títulos tan estimables como Margin Call (2011), Cuando todo está perdido (2013) o El año más violento (2014) | ★★★☆☆


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


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