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    Crítica | En tránsito

    Los que se van (no tienen canciones)

    Crítica ★★★★ de En tránsito, de Christian Petzold.

    Alemania y Francia. 2018. Presentación: Festival de Berlín. Título original: «Transit». Dirección: Christian Petzold. Guion: Christian Petzold (basado en la novela de Anna Seghers) Productoras: Neon Productions / Schramm Film /Arte France Cinéma / ZDF/Arte. Fotografía: Hans Fromm. Montaje: Bettina Böhler. Música: Stefan Will. Diseño de producción: Kade Gruber. Dirección artística: Aurelie Combe. Vestuario: Katharina Ost. Reparto: Franz Rogowski, Paula Beer, Godehard Giese, Lilien Batman, Maryam Zaree, Barbara Auer, Justus von Dohnányi, Alex Brendemühl, Trystan Pütter Duración: 101 minutos.

    Los personajes de las películas que conforman el movimiento surgido a principios del siglo XXI en Alemania conocido como la Escuela de Berlín se caracterizan por una inestabilidad física (que viene o deriva de la anímica), propia del mundo postmoderno, que les lleva a vivir en constante desplazamiento, en tránsito de un lugar a otro sin pertenecer a ninguno. No parece que sea casualidad el título que ha escogido Christian Petzold, figura más (re)conocida de dicha corriente, para su última y más importante obra en años. Tras haber sido testigo de los ojos críticos con los que se vio su abandono del tratamiento de los problemas de la contemporaneidad desde la frialdad emocional para lanzarse al melodrama de inspiración clásica analizando el pasado germano, En tránsito (Transit en alemán, referido a la visa temporal concedida para salir de un país), aúna las dos vertientes de su cine de una manera insólita. Basada libremente en una novela de Anna Seghers, y ya sin la colaboración habitual del malogrado Harun Farocki (al que se dedicada el filme) tras el guion, la historia nos muestra una Segunda Guerra Mundial trasladada a la época actual (algo así como la continuación trágica de Ha vuelto - David Wnendt-), un presente postapocalíptico en el que Francia está siendo progresivamente ocupada por los alemanes. Mientras, los compatriotas contrarios al régimen fascista huyen de sus hogares y de Europa. Hay poco o nada de ciencia ficción en un filme en el que Petzold relaciona las consecuencias del nazismo con la problemática de los refugiados hoy en día, manifestando la capacidad de su cine de universalizar unos conflictos cíclicos, y estableciendo diálogos entre el ayer y el hoy.

    En tránsito supone la última parte de una de las trilogías típicas del cine del Petzold (tras Gespenster –Fantasmas- o su participación en el thriller Dreileben junto a Dominik Graf y Christoph Hochhäusler), aunque menos definida que las anteriores, en torno al amor en sistemas opresivos. Georg, el protagonista (al que da vida un magnético Franz Rogowski), es uno de esos caracteres forzados al desarraigo, que ha perdido cualquier referente al que aferrarse, y que solo creerá encontrarlo de nuevo precisamente en el amor, hacia un niño que acaba de quedarse sin padre, y hacia una mujer que busca a su marido. Esta última, interpretada por la siempre solvente Paula Beer (cuyo personaje, con unos años menos, hubiese sido sin duda para Nina Hoss, actriz fetiche de Petzold), es como los fantasmas a los que el director se refería en sus filmes entre el 2000 y el 2007, que deambulan por la pantalla, aparecen y desaparecen, y despiertan los miedos de quienes les rodean, especialmente los hombres, a la manera de una reformulación de la típica femme fatale. Los personajes femeninos de Petzold son fuertes y rompen con los cánones que la sociedad ha establecido para ellas, pero, al mismo tiempo pagan un precio muy alto; en el caso del de Beer, el sufrimiento de la culpabilidad por haber abandonado a su esposo.

    ▲ EN TRÁNSITO, de Christian Petzold | Golem Distribución.

    «Una rareza que esconde, dentro de su estructura de intriga y drama histórico, un relato romántico ambiguo e imposible, en el que el amor se alza tan salvador como destructor de las frágiles existencias de los personajes». 


    Recientemente veíamos en Western, de la compañera de Petzold en la Escuela de Berlín Valeska Grisebach, otro punto de vista menos metafórico pero igualmente crítico de una Alemania que fuerza a la movilidad geográfica y a la marginalidad, lo cual influye también inevitablemente en unas relaciones humanas que no llegarán a desarrollarse con fluidez (algo que la cinematografía germana recalca muy a menudo). Comparten Grisebach y Petzold además un ritmo pausado y tensional, así como la repetición de los espacios en un mismo circuito hasta tornarlos claustrofóbicos. De modo que, como ocurría con las montañas búlgaras de Western, la belleza de Marsella, a la que Georg llega huyendo de París (tras haber huido previamente de Alemania), queda corrompida por esa imposibilidad de permanecer en un sitio fijo; por el desplazamiento constante en coches, trenes, barcos o a pie; los personajes viven en hoteles y comen en restaurantes, pero sobre todo pasan gran parte del tiempo en el que sería el “no-lugar” por excelencia: el consulado donde les darán la visa para ir a América. Desde la sobriedad que caracteriza al cine del director, lo menos acertado probablemente de En tránsito es una voz en off fassbinderiana (es también la ocasión en la que más cercano vemos a Petzold del maestro de Nuevo Cine Alemán, también, como decíamos al principio, en su reinterpretación del melodrama), que no hace otra cosa que subrayar lo que ya expresan sus elocuentes imágenes y diálogos. Una rareza que esconde, dentro de su estructura de intriga y drama histórico, un relato romántico ambiguo e imposible, en el que el amor se alza tan salvador como destructor de las frágiles existencias de los personajes. A veces, como ocurría en la anterior cinta de Petzold, Phoenix, puede ser difícil involucrarse dentro de cierta falta de verosimilitud; pero si el espectador logra traspasar esa barrera y establecer complicidad, la recompensa va a ser un apasionante viaje sentimental, que atraca en una de las conclusiones más abiertas de Petzold. Y es que, pese a la repetición de nuestros errores, es imposible adivinar el futuro ni saber qué nos traerá. | ★★★★ |


    Sofía Pérez Delgado
    © Revista EAM / Madrid



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