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    Crítica | El Cairo confidencial

    El pathos del fracaso

    Crítica ★★★ de El Cairo confidencial (The Nile Hilton Incident, Tarik Saleh, Suecia, 2017).

    Una televisión mal sintonizada es el primer plano de El Cairo confidencial (The Nile Hilton Incident, 2017), tercera película del director sueco de origen egipcio Tarik Saleh. En ella, alguien no identificado habla de valores y educación. Es muy posible que no sea algo deliberado pero dicho principio —un detalle puramente anecdótico— nos ha hecho recordar el arranque de una obra ya icónica: Neuromante de William Gibson (1), primera novela del escritor y texto fundamental de aquella corriente literaria que emergía a principios de los años 80, el cyberpunk. La primera frase que podemos leer es: «El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto». El “nofuturo” de Gibson guarda escasa relación con el filme que nos ocupa (2), más allá de que ambos se nutren de la misma fuente, el noir clásico, para procesarlo de diferente manera. Pero, sin embargo, ambos coinciden en un aspecto muy definitorio: las profundas convulsiones del espacio urbano. En el cyberpunk, tal como apunta Analia Lorena Meo (3), a partir de una cita a Dani Cavallaro: «el espacio es concebido frecuentemente de forma inmaterial, sin embargo, sus ciudades son enfáticamente materiales: "El aumento de desechos en sitios urbanos desolados, la omnipresencia de la criminalidad y de la enfermedad, y la perenne fascinación por las reliquias de antaño subrayan la dimensión corpórea de la ciberciudad"». Ese acento en lo físico del entorno urbano (y su degradación), en lo que prácticamente es puramente topográfico, parte de un mismo origen, aquella vertiente del cine negro clásico que se ha convenido en caracterizarla como documentalista, donde la película La ciudad desnuda (The Naked City, 1948) de Jules Dassin sería uno de los ejemplos más representativos. Al respecto, Dassin (4) comentaba: «No me interesaba la historia, me interesaba la ciudad y no podía contar la verdadera historia de cualquier ciudad sin mostrar sus contrastes; los ricos, los poderosos, los pobres…eso es una ciudad (…)»

    El Cairo confidencial, más allá de su armazón argumental esquemático y prototípico de película de género, parece converger en los mismos intereses de Dassin y de ahí es de donde se pueden sacar sus mejores réditos, en las secuencias de transición, que son puramente descriptivas, en las panorámicas de una ciudad que está a punto de estallar. La trama arranca el 15 de enero de 2011, nos encontramos en unos días antes de que estallen las protestas de Egipto que empezaron el 25 de enero del mismo año, “la Revolución Blanca”, por lo que el filme quiere captar un clima de desestabilización y quiere convertirse por la vía de la ficción en una crónica de un momento clave en nuestro presente contemporáneo. Para ello, lo que aparenta ser un puro telón de fondo para el relato acaba convirtiéndose en lo realmente sustancial del filme. De esta manera, para definir El Cairo confidencial nos resulta muy útil lo que comentaba Thomas Elsaesser (5)  cuando nos hablaba de un cambio de paradigma advertido en el cine norteamericano de los años 70: «la búsqueda de un mundo físico y gestual que posee la connotación de historicidad y tiene una repercusión cultural sin ser abiertamente simbólico». Esta búsqueda, que resulta de lejos lo más estimulante de una cinta varada en sus clichés (6), es lo que nos permite restar importancia a su excesiva dependencia de un filme como LA Confidencial (L.A. Confidential, Curtis Hanson, 1997) (7), ya que Tarik Saleh no disimula en absoluto que está realizando un trasvase de lo que era el largometraje de Curtis Hanson, en este caso cambiando el escenario de Los Ángeles de los años 50 por El Cairo de principios de esta década. De esta manera, establece una equivalencia clara entre el putrefacto, corrupto y sórdido ambiente de ambos largometrajes para dar una explicación (bastante básica y primaria, todo sea dicho) de lo que condujo a que Egipto se alzase reclamando principios democráticos ausentes en una sociedad gobernada por una crisis de valores, aquellos que se reclamaban en la televisión del principio. La inesperada comparativa de Gibson en Neuromante, que le servía para adentrarnos en un ambiente marcado por lo hipertecnológico y su disfunción, en El Cairo confidencial nos lleva a que después localicemos a nuestro personaje principal, que está obsesivamente mirándose en un espejo y acicalando su pelo antes de salir a la calle.

    «Su filme marcadamente retro, que casi podríamos considerar de tercer grado, porque ya bebe de algo que era una propia revisión — el excelente y modélico neo-noir LA Confidencial— establece un contraste acentuado entre lo que son los nutrientes argumentales basados en esquemas, caracterizaciones y patrones muy evidentes —aplicados voluntariamente con nula elaboración, como si fuese ese sustrato fantastique en toda su pureza, esta vez expuestos en primera línea—, con un fresco urbano descrito en términos actuales y de donde el filme sabe extraer todo su magnetismo».


    Una imagen que adquiere, además, un carácter metafórico. Primero, de la propia relación del policía Noredin Mostafa (un trasunto de lo que encarnaba Russell Crowe en LA Confidencial, incluido el enamoramiento de una prostituta que ejecuta el rol de femme fatale) con su propio ambiente, de su alienación sumido por completo en ese exterior como algo difuso, borroso y amoral, misma idea que sirve para definir una urbe-prisión a punto de saltar por los aires. En la posterior investigación del asesinato de una prostituta en el Hotel Hilton, que le llevará a Noredin a tomar conciencia y a despertar del letargo en el que está atrapado, a medida que va comprobando de primera mano cómo la corrupción ha podrido completamente todas las arterias de la ciudad, una vez que le arreglan la televisión lo único que consiguen es que vea canales italianos. Este destalle humorístico a su vez denota cómo el policía, una vez que decide comprometerse con el bien (y protege a la testigo principal, una chica originaria del Sudán sin papeles) acaba completamente desubicado de un entorno que hasta entonces le pertenecía y de donde participaba en esa degeneración moral imperante. Por tanto, cuando Jean-Pierre Melville afirmaba «Yo no hago realismo. Yo hago fantastique que no aparece siempre en primer grado» (8), podríamos decir que es así también como Tarik Saleh se sirve del revisionismo en su propuesta de cine de género, hecho a la europea. Su filme marcadamente retro, que casi podríamos considerar de tercer grado, porque ya bebe de algo que era una propia revisión — el excelente y modélico neo-noir LA Confidencial— establece un contraste acentuado entre lo que son los nutrientes argumentales basados en esquemas, caracterizaciones y patrones muy evidentes —aplicados voluntariamente con nula elaboración, como si fuese ese sustrato fantastique en toda su pureza, esta vez expuestos en primera línea—, con un fresco urbano descrito en términos actuales y de donde el filme sabe extraer todo su magnetismo. Así, los usos del cine marcadamente nostálgico, que siempre se apoya en una escenografía estilizada y que trata de recrear un tiempo pasado, aquí es desechada para conjugar el presente y pasado de forma inversa. Porque, por mucho que pasen los años o que cambiemos de país, el pathos del fracaso que describía Thomas Elsaesser sigue inalterable. | ★★★ |

    1. Gibson, William (2010): Neuromante. Ediciones Minotauro.
    2. No obstante, cabría recordar que el primer filme de Tarik Saleh, Metropia (2008), se trataba de un largometraje de animación de ciencia ficción distópica muy enclavado en las constantes del cyberpunk, por lo que sigue afianzando su línea de exploración.
    3. Ponencia de Analia Lorena Meo: El cuerpo cyborg en el manga “Mardock Scramble”. Cyberpunk, comunicación y tecnología.
    4. Entrevista a Jules Dassin (Dirigido por… núm 381, septiembre 2008, pág 60.)
    5. Elsaesser, Thomas: Notas sobre un héroe sin motivación. El pathos del fracaso: películas americanas de los 70, recogido en Cueto, Roberto y Weinrichter, Antonio (eds) (2004): Dentro y fuera de Hollywood. La tradición independiente del cine americano. IVAC Ediciones del Filmoteca.
    6. Adicionalmente, es lo que inferimos que fue lo que sedujo al jurado de la Seminci para que se alzase con La espiga de Oro en la pasada edición del Festival de Valladolid.
    7. Resulta gracioso que hasta el propio título español lo delate.
    8. Jean-Pierre Melville a Patrick Bureau, Cinéma 68 ns 128-129, enero de 1968, cita recogida en Heredero, Carlos F. y Santamarina, Antonio: El cine negro de Melville “Pierre o las ambigüedades” en Nosferatu, Revista de cine. Nº 13, octubre de 1996.


    Manu Argüelles
    © Revista EAM / Karlovy Vary


    Ficha técnica
    Suecia, Dinamarca, Alemania, Marruecos, 2017. T.O.: «The Nile Hilton Incident». Director: Tarik Saleh. Productores: Kristina Åberg, Monica Hellstrøm, Marcel Lenz, Guido Schwab, Signe Byrge Sørensen. Compañías productoras: Atmo Production, Final Cut for Real, Kasbah-Film Tanger. Guion: Tarik Saleh. Fotografía: Pierre Aïm. Música: Krister Linder. Dirección artística: Eugeni Norlin. Montaje: Theis Schmidt. Reparto: Fares Fares (Comandante Noredin Mostafa), Mari Marek (Salwa), Tareq Abdalla (Amir), Yasser Ali Maher (General Kammal Mostafa), Nael Ali (Mayor Yosef), Hania Amar (Gina), Slimane Dazi (El asesino de los ojos verdes), Ger Duany (Clinton). Duración: 106 minutos.


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