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    Crítica | Most beautiful island

    La Gran Manzana podrida

    Crítica ★★★★ de Most Beautiful Island (Ana Asensio, Estados Unidos, 2017).

    La madrileña Ana Asensio es un claro ejemplo de que algunos sueños, por muy inalcanzables que puedan parecer, se cumplen. Tras comenzar su carrera hace ya 20 años con unos cuantos papeles en cine y televisión –mucho ha llovido desde que formara parte de la juvenil cantera de la serie Nada es para siempre (1999)–, hizo su maleta y abandonó España en 2001 para probar fortuna en Estados Unidos, convirtiéndose en una de tantas inmigrantes que pueblan esa enorme jungla de asfalto que es Nueva York en busca del sueño americano. Durante todos estos años ha trabajado en pequeños papeles que le han ido surgiendo, pasando por todo tipo de experiencias difíciles que, de algún modo, estuvieron encaminadas a servir en la construcción del autobiográfico guion de Most Beautiful Island (2017). Más que su ópera prima como realizadora, de la que es también productora, guionista y protagonista principal, estaríamos hablando de un feliz final de viaje para una mujer luchadora, ambiciosa y tenaz, que no se ha rendido jamás hasta conseguir la financiación (llegó a invertir todos sus ahorros) con la que ha rodado una obra pequeña en cifras pero grande en talento y originalidad, que debería suponer el inicio de una nueva etapa profesional plagada de triunfos. La sola existencia de este filme rodado en súper 16 durante 16 días bien podría considerarse un milagro y en que llegue a estrenarse en España ha tenido mucho que ver la inesperada repercusión que ha alcanzado en distintos festivales de cine, con ese Gran Premio del Jurado obtenido en el South By Southwest de Austin, su presencia como finalista a la mejor película en el apartado John Cassavetes de los Independent Spirit y las fenomenales sensaciones dejadas a su paso por Sitges y el Nocturna de Madrid. Sin duda, 2017 ha sido el año de la confirmación de Ana Asensio como una artista de lo más completa, uno de los nombres (y hermosos rostros) a seguir en los próximos años.

    El título del filme, Most Beautiful Island, hace alusión a esa isla bonita que es, para los soñadores que ven en ella un nuevo mundo lleno de oportunidades, Manhattan, ese paradigma de lo urbano y lo glamuroso que hemos visto multitud de veces representado de manera idílica, casi de postal, en las películas de Woody Allen. Sin embargo, la Nueva York dibujada por Asensio en su debut tras las cámaras difiere completamente del dibujo romántico y luminoso que siempre le ha conferido el genio neoyorquino. Apenas vemos los monumentales y representativos rascacielos ni esos lugares maravillosos que todo turista se ve obligado a visitar cuando se decide a cruzar el charco para tomar unas vacaciones en la ciudad que nunca duerme. Las primeras imágenes de la película, lejos de espectaculares panorámicas aéreas, ya nos ponen a pie de calle para, cámara en mano y con un estilo casi documental, mostrarnos una urbe atestada de gente que viene y va, deteniéndose en distintas mujeres (claramente de nacionalidades diferentes a la estadounidense) que se confunden entre la multitud, para, finalmente, centrarse en una. Se trata de Luciana, la protagonista de esta historia, una inmigrante que huyó de su pasado en España y que sobrevive como puede a las inclemencias económicas propias de la falta de un empleo estable y su falta de papeles en regla. Así, la muchacha va acumulando deudas en el alquiler de su piso y apenas tiene dinero para recargar el saldo de su teléfono móvil. Los escasos dólares que saca repartiendo anuncios disfrazada de pollo por las calles o ejerciendo de niñera de unos niños desobedientes e insufribles no son suficientes para su subsistencia, por lo que acepta una oportunidad que le hace Olga, una amiga y compañera rusa que, al igual que ella, trabaja en lo que puede. Se trata de asistir a una misteriosa fiesta, enfundada en un sugerente vestido negro y tacones altos, portando un misterioso bolso que no podrá abrir, y dejarse llevar por lo que allí suceda para cobrar, así, la generosa cantidad de 2.000 dólares. La situación desesperada de Luciana es más fuerte que el temor a lo desconocido, por lo que la muchacha acude al tenebroso lugar, donde se encuentra con otras chicas en sus mismas circunstancias y un grupo de personas de evidente poder adquisitivo que las contempla como a objetos, sin saber que aquella noche se convertirá en la más peligrosa de su vida.

    MOST BEAUTIFUL ISLAND de Ana Asensio. Mejor película del Festival de Tribeca.

    Most Beautiful Island es un debut tan fascinante como inclasificable. Una rara avis, valiente y kamikaze, que se vive como una experiencia cinematográfica incómoda y sugestiva.


    Conviene no desentrañar demasiados detalles acerca de este último tramo de la cinta, ya que en él están las auténticas sorpresas de la propuesta de Asensio. Durante la mayor parte de Most Beautiful Island, el relato parece centrado en la denuncia de las penurias que padecen los inmigrantes ilegales, la falta de oportunidades laborales, la ausencia de un seguro médico que vele por su salud y, en definitiva, el umbral de la pobreza en el que muchos de ellos, y Luciana en particular, se encuentran. La directora no escatima en algunos pasajes realmente duros, como aquel que muestra a la protagonista tomando un baño y de la pared comienzan a emerger cucarachas que acaban ahogándose en el agua a su alrededor. Una batalla por la supervivencia diaria que nos recuerda a aquella Techo y comida (Juan Miguel Castillo, 2015) que hablaba de la pobreza en España. Por desgracia, la crisis económica es algo universal y aquí tenemos a otra heroína cotidiana haciendo lo imposible para no acabar siendo una sintecho. La singularidad de esta película la encontramos, no obstante, en el giro de guion en su segunda mitad, a raíz del ofrecimiento y consiguiente aceptación del “trabajo”. En este tramo, el drama social da paso a un áspero thriller psicológico, con ecos del David Lynch más perturbador, en el que la falta de información del espectador respecto a lo que acontecerá tras esa puerta –la más enigmática desde la del Lagarto Negro cruzada por Bárbara Lennie en Magical Girl (Carlos Vermut, 2014)– que atraviesan, una tras otra, las chicas allí citadas, es la misma que tiene el personaje de Luciana. Con ella sufrimos la incertidumbre, el desasosiego y, finalmente, el terror ante una realidad en la que, cómo no, los que tienen el poder abusarán de la minoría oprimida, en este caso, doblemente, por sus características de inmigrante y mujer. Asensio acierta a crear un clímax de más de veinte minutos de absoluto suspense, apoyándose en una dirección fotográfica de Noah Greenberg que confiere al producto un empaque visual propio de una película de mayor presupuesto, y, sobre todo, en la magnífica interpretación de la misma Ana Asensio, que, como actriz, se eleva muy por encima del resto de sus compañeros de reparto. En definitiva, Most Beautiful Island es un debut tan fascinante como inclasificable. Una rara avis, valiente y kamikaze, que se vive como una experiencia cinematográfica incómoda y sugestiva, más destinada a destacar en los circuitos festivaleros que a atraer al público a las salas de cine, pero que demuestra que, sin apenas medios y con mucha imaginación y talento, se pueden hacer cosas tan rompedoras como la que nos ocupa. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2017. Título original: Most Beautiful Island. Directora: Ana Asensio. Guion: Ana Asensio. Productores: Ana Asensio, Larry Fessenden, Noah Greenberg, Chadd Harbold, Jenn Wesler. Productora: Glass Eye Pix. Fotografía: Noah Greenberg. Música: Jeffery Alan Jones. Montaje: Carl Ambrose, Francisco Bello. Dirección artística: Shiloh Kidd. Reparto: Ana Asensio, Natasha Romanova, David Little, Nicholas Tucci, Caprice Benedetti, Larry Fessenden, Anna Myrha, Ami Sheth, Miriam A. Hyman, Sara Visser.


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