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    Crítica | Demasiado cerca

    Tan cerca que quema

    Crítica ★★★★★ de Demasiado cerca (Теснота, Tesnota, Kantemir Balagov, Rusia, 2017).

    Los cabardianos son un grupo étnico del norte de la región del Cáucaso en Rusia. Dentro de la República de Kabardia-Balkaria conviven con otras comunidades a las que les une la desconfianza mutua y una larga historia de enfrentamientos con los rusos. En este pequeño lugar olvidado del mundo abrió hace unos años Alexander Sokurov una escuela de cine. Y de ella ha salido la mejor ópera prima que vimos en la última edición del Festival de Cannes y una de las más agradables sorpresas de este año que ahora termina. El jovencísimo Kantemir Balagov debuta en el cine rodeándose de un equipo compuesto en su mayoría por profesionales que se enfrentan a su primera película (como el director de fotografía Artem Emelianov, cuyo excelente trabajo nos obliga a apuntar su nombre para no perderle la pista). El resultado es una película que duele por su manera de utilizar la imagen para narrar una historia llena de odio y sufrimiento marcada por las tradiciones en una ciudad, Nalchik, donde la vida pasa por no salirte de tu entorno. En una noche de 1998, Illana y su familia se reúnen para celebrar el compromiso de su hermano menor David con Léa, otra joven judía de la comunidad. Esa noche, la joven pareja es secuestrada y los captores piden un elevado rescate. Con sus propias reglas y estructuras, la estricta comunidad local judía decide no recurrir a la policía e intentar recabar el dinero por ellos mismos. Así, Illana (Darya Zhovner, en una de esas interpretaciones que hiela, no hay palabras para describir el crudo dolor que se refleja en su rostro lleno de matices) se verá devorada por un conflicto familiar y social del que intentará rebelarse.

    Balagov rueda Demasiado cerca en formato 4:3. La estrechez del cuadro subraya el carácter cerrado del entorno de la joven. La cámara siempre se coloca muy cerca de los personajes, de sus rostros y de sus gestos; pero, al mismo tiempo, todos los elementos que aparecen se disponen muy cerca unos de otros. El director suele componer cuadros donde distintos elementos (personas, muebles, paredes, objetos) se superponen y llenan un plano que asfixia por acumulación. Al mismo tiempo, la cámara siempre acaba fijándose en el contacto entre personajes, en la caricia, el abrazo, en dos manos que se tocan… Esa tensión entre la opresión estética y el contacto humano nos muestra una comunidad que vive encerrada en sí misma. Ese cierre de cuadro que se produce sobre los personajes subraya la cercanía sobre la que incide el título, referido a un mundo endogámico que se retroalimenta desde su aislamiento. El acercamiento se completa con un planteamiento de colores que va evolucionando a lo largo del filme y aporta un poco de luz a una apuesta estética de por sí oscura. Al principio, los tonos cálidos y acogedores nos muestran una cercanía soportable, donde los gestos afectivos dan cierta sensación de comodidad; sin embargo, con el secuestro, todo se empieza a torcer y la imagen se va llenando de haces de luz que invaden el plano para dotar de una uniformidad tonal desasosegante a momentos clave en la narración (como el amarillo que envuelve a la madre en el interior del coche tras tomar una difícil decisión o el rojo que tiñe la estrecha estancia en la que Ilana da un doloroso paso más en su contestación al status quo). En esos instantes, el encierro de los personajes se antoja casi insoportable.

    TESNOTA (Теснота), de Kantemir Balagov, presentada en Un Certain Regard.

    «El amor y el afecto, familiar o romántico, se basa en la idea de posesión violentada, un sentimiento por el que siempre se tienen que rendir cuentas. Illana intentará escapar de esa vorágine y rebelarse con su cuerpo, con los pocos y radicales medios que le quedan, a ese tipo de relaciones tradicionales e imposiciones conservadoras».


    Entre las dos comunidades existe una línea imaginaria que separa sus mundos en una especie de paz acordada. Pero Illana la cruza: la relación que mantiene con un joven cabardiano complica las cosas. Yendo mucho más allá de los consabidos problemas de una historia de amor imposible, la riqueza de la película y de su personaje principal reside en su perfecto engranaje a varios niveles. Illana funciona como la representación de una joven que quiere romper moldes, que no se conforma con lo establecido y quiere experimentar, vivir en libertad sin depender de los estúpidos lastres del pasado. En ese rol de mujer libre es donde choca con su madre, quien espera de ella un comportamiento ejemplar como mujer. Así, a Illana se la castiga por partida doble: tanto por el hecho de ser mujer y lo que se espera de ella en la comunidad como por el hecho de tener que sacrificar su vida y su libertad para poder rescatar a su hermano. Aquí reside uno de los grandes temas de la cinta, cómo el sacrificio personal por rescatar a un ser querido destruye los vínculos afectivos entre cada uno de los miembros de la familia porque les arrebata su libertad y su capacidad de decisión, en especial a Illana, cuya existencia, a ojos de sus padres, parece tener menor valor que la de su hermano varón. El amor y el afecto, familiar o romántico, se basa en la idea de posesión violentada, un sentimiento por el que siempre se tienen que rendir cuentas. Illana intentará escapar de esa vorágine y rebelarse con su cuerpo, con los pocos y radicales medios que le quedan, a ese tipo de relaciones tradicionales e imposiciones conservadoras.

    TESNOTA (Теснота), de Kantemir Balagov, pupilo de Alexandr Sokurov, productor del filme.

    «Balagov no renuncia a transmitir ese dolor fruto del odio, la violencia y la intransigencia a través de una puesta en escena claustrofóbica, que atrapa en el plano a sus personajes golpeados por la expresividad del color y los confines del cuadro».


    Este calvario que sufren es el reflejo de toda una sociedad partida por el miedo al diferente, que crea una atmósfera de continuo peligro y desconfianza, donde el odio se alimenta en cada acto. El ámbito doméstico y sentimental se rige por esa ojeriza que impregna la sociedad. Demasiado cerca, en su transmutación desde lo concreto a lo histórico, está continuamente apuntando a cómo la violencia irrumpe en el plano cotidiano, con personajes que con su contacto y cercanía al principio se expresan amor pero que poco a poco se convierte en rechazo, odio y rencor. Hay un momento, justo en la mitad, en el que la película se rompe de manera visceral para abordarlo de manera explícita. En una destartalada gasolinera, los jóvenes ven una cinta de video en la que se observan brutales imágenes de ejecuciones durante la Guerra de Chechenia. De este modo, Balagov utiliza el secuestro para construir un retrato histórico, social y personal de uno de los episodios más oscuros de la convulsa Europa del este, con la guerra como telón de fondo. Esas imágenes que ven los adolescentes de las matanzas del conflicto, tan difíciles de soportar, son parte de la experiencia personal del director, y las conversaciones posteriores de los personajes reflejan el sentir de una juventud que construye su vida y sus relaciones a partir del contexto que le toca vivir. A través de la honesta manera que tiene Balagov de presentar y culminar su película, introduciendo en primera persona sus motivaciones para escoger el punto de inicio y final, Demasiado cerca se reivindica como una película transparente en su construcción con una forma de narrar elegante y fluida. Illana, siempre en movimiento, va empujando la película en su narración y va haciendo evolucionar no solo a la historia, sino también a su arriesgada estética, obligando a la película a cerrarse sobre sí misma y explorar la solemnidad simbólica y expresiva de la imagen. De este modo, Balagov no renuncia a transmitir ese dolor fruto del odio, la violencia y la intransigencia a través de una puesta en escena claustrofóbica, que atrapa en el plano a sus personajes golpeados por la expresividad del color y los confines del cuadro. | ★★★★★/☆☆☆☆☆ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / Cannes


    Ficha técnica
    Rusia, 2017. Título original: Tesnota. Director: Kantemir Balagov. Guión: Kantemir Balagov, Anton Yarush. Compañías productoras: Example of Intonation – Alexander Sokurov’s Fund, Lenfilm. Fotografía: Artem Emelianov. Sonido: Andrey Nikitin. Montaje: Kantemir Balagov. Reparto: Darya Zhovner, Olga Dragunova, Artem Tsypin, Nazir Zhukov, Veniamin Kats. Duración: 119 minutos. Presentación oficial: Festival de Cannes 2017 (Un Certain Regard).


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