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    X edición del Festival de Cine Inédito de Mérida

    Macbeth, de Justin Kurzel
    «Tenemos mucho tiempo por delante para crear los sueños que aún ni siquiera imaginamos soñar».
    Steven Spielberg.

    Un reto siempre es una ilusión. También es una responsabilidad, un deber. En mi primera edición como Director de Programación, es inevitable el vértigo al mirar hacia atrás. Al ver en todo lo que se ha convertido el festival cinematográfico más importante de Extremadura. Un oasis en nuestra tierra para el cine independiente y de autor que por los cauces comerciales no tiene hueco en la cartelera de Cáceres y Badajoz. Es por ello que, en este puesto, ese compromiso citado al inicio sea máximo. La misión, hacer soñar al público emeritense de las formas más originales posibles; con trabajos que rompen todas las convenciones y cánones directorales, narrativos e interpretativos. De este modo, la selección de la décima entrega del Festival Inédito de Mérida recurre a los privilegiados páramos donde estas obras se convierten en himnos, en iconos. Durante 10 días, Mérida se transformará en Sundance, Berlín, San Sebastián o Cannes. Ese lugar mágico donde solo queda lugar para lo insólito.

    Calificativo que podría emplearse más de una vez tras visionar la apertura de esta décima entrega. Macbeth, de Justin Kurzel, es una adaptación hipertrofiada y preciosista de clásico homónimo de William Shakespeare. Un potente ejercicio cinematográfico, elevado por las excelentes interpretaciones de Michael Fassbender y Marion Cotillard, dos de los grandes de nuestro tiempo. Vigor que tiene como continuación la lección de vida que nos ofrece Jia Zhangke en la sensacional Mountains may depart. Mirada poliédrica a la China de los cincos últimos lustros con una hermosa historia de amor como telón de fondo. Y telón, pero de acero, el que presenciaremos en El hijo de Saúl, una de las sorpresas del curso. El Holocausto como jamás lo habíamos presenciado. Filme duro pero necesario. Una obra maestra.

    Algo de lo que entiende, y mucho, Hirokazu Koreeda, habitual del certamen. Su último largometraje, Nuestra hermana pequeña, es una lluvia ligera pero de las que calan. Lírica y sensibilidad, las firmas de este cineasta único. Un honor al que aspira el emergente Santiago Mitre. Tras la estupenda El estudiante, el realizador argentino arriba a Mérida con Paulina, la ganadora de la Semana de la Crítica de Cannes y, probablemente, la cinta que más reflexión genere tras sus dos pases. Con ella descubrimos a Dolores Fonzi, todo un talento a seguir. 45 años, en cambio, se articula bajo las increíbles actuaciones de dos veteranos: Charlotte Rampling y Tom Courtenay, premiados en la pasada Berlinale. Un relato sobre cómo el pasado nunca abandona el presente, erosionándolo por muy sólidos que sean los cimientos de éste. Justo de lo que carece Fúsi, el gigantesco, física y emocionalmente, protagonista de Virgin Mountain, una de las propuestas que más ternura irradian de la temporada, proveniente de Islandia, nación triunfadora de este 2015 con sus máximos entorchados en Tribeca, Cannes (Un certain regard), Zúrich y San Sebastián. La primera década del FCIMérida concluirá con la estética Slow West, western atípico centrado en los intersticios de las leyendas, donde transitan los perdedores y es hogar para los oportunistas. La ópera prima de John Maclean, inédita en Extremadura, es el placer culpable de esta edición. Un filme con un maravilloso final, epílogo perfecto para un Festival que alcanza la pubertad ofreciendo a su público segundas y terceras exhibiciones en España de hitos con el marchamo de clásicos.


    Emilio Luna
    © Revista EAM / Director de Programación del Festival de Cine Inédito


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    "Sueñen. Vean cine."

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