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    Entrevista | Wolfgang Kohlhaase

    Wolfgang Kohlhaase

    A sus 85 años, Wolfgang Kohlhaase es una de las leyendas de la cinematografía alemana. Ganador del Oso de Oro honorífico de la Berlinale en el año 2010 y del Premio Honorífico de los German Film Awards al año siguiente, ha escrito innumerables guiones de películas (e incluso dirigido un par de ellas) de todo tipo de géneros y estilos. Hace una década, su libreto para Verano en el balcón (2005) fue premiado por el jurado de San Sebastián y por la Asociación de Críticos Cinematográficos Alemanes. La evocadora Cuando soñábamos (presentada en la Sección Oficial de la pasada Berlinale) demuestra que su talento está lejos de haberse agotado. Durante el Festival de Cine Alemán de Madrid, hemos tenido la ocasión de hablar con él sobre su última película y, claro está, su larga y fascinante carrera.


    ¿Cuál era su relación con el libro del que parte Cuando soñábamos antes de involucrarse en el proyecto?

    Yo no había leído el libro, pero Andreas Dresen me habló de él y me instó a hacerlo. Sin embargo, antes de que pudiera leerlo se habían vendido los derechos. Por suerte, al cabo de un tiempo volvieron a quedar libres y pude por fin leerlo. Me pareció muy bonito pero también muy difícil de adaptar.

    ¿Hubo algo que sobrara o que tuviera que reinterpretar en la novela a la hora de adaptarla?

    El libro tiene 600 páginas y posee una prosa complicada. La narración no se parece al estilo cinematográfico. Es un libro anárquico, con muchas historias a muchos niveles de acción. Había muchísimo material del que partir. De hecho, había que reducir el contenido e inventarse una acción concreta apta para el público cinematográfico. Tuve que hacer una selección de personajes y una jerarquía.

    ¿Hay algún personaje que seleccionase en especial y cuyo protagonismo fomentara de cara a la película?

    En el libro hay un narrador escondido, que se descubre como Dani. Y a través de su mirada se cuenta la obra, con lo que le di especial importancia. La voz en off de la película parte de ahí. Cuando empecé a pensar en el guion hubo una frase que me ayudó mucho: “Lo mejor está por llegar”. Esa fue la clave para adentrarme en la historia, pues posee dos significados, dos dimensiones: quizá realmente lo mejor está por venir o quizá simplemente no queda nada más.

    Algo que se ha criticado especialmente a la película es la duda sobre qué sueñan realmente estos jóvenes. Me gustaría y conocer su opinión al respecto.

    Los chicos del filme creen en un gran momento de libertad. Un régimen se desvanece y otro nuevo está en camino, con lo que se encuentran en un vacío intermedio. El sueño tiene un principio y un fin. Los chicos se preguntan por el precio del mundo, pero al final descubren que el mundo ya está vendido.

    Imagen: Guillermo Arazo.


    Me gustaría saber si hay algo personal suyo que haya introducido a la obra, pese a partir esta de una novela.

    A eso tendrán que contestar otras personas [risas]. En cuanto a temas, no hay límites, pero siempre ha habido dos direcciones temáticas en mis películas: lo personal y lo que me rodea. En mi filmografía está presente el marco de mi infancia: la vida de mis padres durante la época nazi. Otra opción es salir a la calle y ver qué pasa delante de mis ojos. Por otro lado, nunca he tenido interés en las categorías de ganadores y perdedores, pues la vida no trata de perder o ganar, sino de una lucha constante. Hay que saber avanzar por ella.

    Y, de todos sus guiones, ¿hay alguno que le enorgullezca especialmente?

    Las películas más importantes suelen ser las que no caducan, las que la gente sigue queriendo ver décadas después de su estreno. Pero no quiero mencionar ninguna concreta, porque no sería justo para las demás.

    Usted es una auténtica entidad en Alemania y probablemente ha trabajado con muchos directores menos conocidos que usted mismo. ¿Les entrega el guion y les da libertad o le gusta involucrarse en el rodaje?

    Con cada director es diferente. Tienes distintos términos que acordar. Pero siempre me involucro en el casting, pues es un proceso muy importante. La clave no es encontrar al mejor actor, sino al más adecuado para el personaje. Con Konrad Wolf, por ejemplo, siempre estuve en los rodajes; él lo permitía, pero sólo si te comprometías a ir todos los días, ya que un rodaje es un trabajo continuo y no tiene sentido aparecer por allí de vez en cuando para tener que preguntar por lo que te has perdido. Él estaba siempre muy abierto a opiniones de sus colaboradores porque tenía una idea muy concreta y no temía escuchar otras aportaciones. Andreas Dresen también me invitó al rodaje, pero no sé si al final se alegró mucho de tenerme por allí [risas]. De todos modos, no hay que olvidar que el guionista no es necesario en un rodaje. Allí, hasta el chico que soporta la pértiga es más importante que tú. Hay que dar libertad al director, aunque siempre queda el temor de que entienda lo opuesto a lo que has escrito. Ya lo dijo Billy Wilder: “el problema de los malos directores no es que no sepan escribir, sino que no sepan leer”.

    ¿Y dirigir sus propios guiones puede ser una fácil solución a eso?

    Lo he hecho un par de veces, pero el guion es claramente mi labor. En esta vida, todo el mundo tiene derecho a considerarse un genio, pero lo cierto es que cuesta bastante encontrar a alguien que haga una sola cosa bien… ¡Y más aún a alguien capaz de hacer dos cosas bien!


    Entrevista: Juan Roures.
    Intérprete: Franziska Münz.
    Imágenes: Festival de Cine Alemán de Madrid.


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