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    Crítica | Respire, de Mélanie Laurent

    Respire, de Mélanie Laurent

    Sociópatas sadomasoquistas

    crítica a Respire (2014), dirigida por Mélanie Laurent.

    El segundo día del Festival de Gijón estuvo marcado por la inauguración de la sección Convergencias. La selección de la película inaugural corrió a cargo de la crítica Esther Miguel Trula, quien tuvo la oportunidad de asistir a la premiere de Respire (2014) en la pasada edición del Festival de Cannes, concretamente durante las jornadas de la Semana de la Crítica. Respire es el segundo largometraje de la polifacética Mélanie Laurent, conocida por su soberbia interpretación en Malditos bastardos (2009). La joven actriz, cantante, y ahora directora, despliega un tratado sobre la claustrofóbica codependencia emocional en las relaciones destructivas, basándose en Respira, la famosa novela de Anne-Sophie Brasme.

    “La pasión es nociva en el momento en que deviene excesiva”, cita el profesor de filosofía de Charlie y Sarah parafraseando a Nietzsche al inicio de Respire. La incapacidad de poner límites al goce es el pecado capital de las protagonistas de la ficción de Mélanie Laurent. Se trata del mismo rechazo ante la idea de frenar un deleite cada vez más desmesurado, y exponencialmente más pernicioso, aunque se manifieste de forma opuesta en cada una de las dos chicas de escasa inteligencia emocional. Joséphine Japy da vida a Charlie (o Charlène), una introvertida y virginal adolescente de diecisiete años, hija de una madre sumisa y un padre maltratador, cuya vida da un cambio radical tras la aparición de una nueva alumna en su instituto de provincias. A los ojos de Charlie, la misteriosa recién llegada posee todas las cualidades que ella siempre ha querido tener: belleza exótica, sensualidad, don de gentes, capacidad de liderazgo… Sarah, la Diosa todopoderosa que encarna Lou De Lâage, pronto advierte la necesidad de Charlie, motivo por el que se convierten en algo más que amigas. Sin embargo, este relato que arranca al estilo naif de Puppylove (2013), se convierte en un tour de force mucho más realista y devastador que el citado filme de la realizadora belga Delphine Lehericey. Mélanie Laurent ya advirtió el advenimiento de la tragedia a través del referente nietzscheano en boca del docente. Pues, a pesar de complementarse, Dionisos (Sarah) y Apolo (Charlie) nunca se llevaron bien.

    Respire, de Mélanie Laurent

    Respire es la historia de una elección sadomasoquista. Sarah ha escogido a Charlie para amarla y destruirla. Y Charlie ha aceptado, porque sólo así satisface su secreto deseo de anularse completamente. El caos se desata cuando Charlie descubre que el origen de la naturaleza malvada de su mujer perfecta proviene de la situación familiar en la que se encuentra. Y en vez de aprovecharse de la situación humillándola, sigue con su rol de víctima apiadándose de ella. El mecanismo de defensa de Sarah es muy simple: inflige a su presa una dosis de maltrato psicológico superior, cuyo desenlace no dejará indiferente a ningún espectador. En este sentido, la genialidad que evita que Respire se convierta en otra película más de subtema lésbico tras el éxito de La vida de Adèle (2013), es la nueva relectura que aporta Laurent del argumento arquetípico de las amistades tóxicas; también desarrollado por muchos cineastas de renombre como Pawel Pawilkoski en Mi verano de amor (2004) o Céline Sciamma en Lirios de agua (2007).

    La directora de Respire crea una atmósfera absorbente, diríamos incluso ‘asfixiante’, haciendo referencia a la ironía del título de su largometraje, el cual acentúa las continuas crisis asmáticas de Charlie. La terrorífica sensación de falta de oxígeno, con la que sufre y disfruta dada su naturaleza masoquista, emana del despiadado bullying escolar de Sarah y la desesperación por no estar junto a ella. El ambiente opresivo, irrespirable, de la obra se plasma mediante el acercamiento abusivo de las adolescentes a partir del recurso del primer plano. La cámara de Laurent filma con molesta proximidad la intimidad de las protagonistas: tanto los rituales más secretos como sus bellos cuerpos, enfatizando los pies y sus suaves pieles, proceder que recuerda al mencionado célebre último trabajo de Abdellatif Kechiche que se alzó con la Palma de Oro en 2013. No obstante, la cercanía derivada de la elección de los planos rivaliza con el clima de frialdad y desconcierto que procura la directora, comparable al estilo gélido y distante de Sofia Coppola. Radicalmente distinta y superior a su anterior película Les adoptés (2011), Respire evidencia el potencial de una nueva cineasta que aún está por descubrir. La pieza única de Mélanie Laurent sedujo al público de Gijón, del mismo modo que en Cannes, gracias a una excelente fórmula que combina: un tratamiento original en un lugar común del séptimo arte, una diligente dirección de actrices y un dominio formal que brilla en todo momento, aunque despunta en un magistral travelling lateral que vaticina el carácter catastrófico que acompañará el filme hasta su imprevisible desenlace. |

    Carlota Moseguí
    Enviada especial a la 52ª edición del Festival de Gijón


    Ficha técnica
    Francia, 2014, Respire. Directora: Mélanie Laurent. Guion: Mélanie Laurent, Julien Lambroschini (Novela: Anne-Sophie Brasme). Productoras: Move Movie / Gaumont. Presentación Oficial: Festival de Cannes 2014 (Quincena de los Realizadores). Música: Marc Chouarian. Fotografía: Arnaud Potier. Reparto: Josephine Japy, Lou De Laage, Isabelle Carre, Rasha Bukvic, Carole Franck, Claire Keim. Duración: 90'.


    affiche Respire, de Mélanie Laurent
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