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    Terence Fisher, de Joaquín Vallet

    Drácula (Dracula, 1958)

    No hay sangre como la sangre de la Hammer

    crítica a Terence Fisher, de Joaquín Vallet | Editorial Cátedra, 2013

    Quizá lo que más pueda impactar a un espectador que se enfrente por primera vez a una de las películas de terror de la productora británica Hammer Films sea el inconfundible color rojo chillón de la sangre, un líquido espeso como mercurio que se mostraba con profusión en unos años en los que el blanco y negro y la censura habían obliterado su presencia de forma en ocasiones casi increíble. Uno bien podía tener el cuerpo lleno de plomo que por más que se buscara en el plano a lo máximo que se llegaba era a atisbar un manchurrón oscuro entre las ropas, y eso cuando no era sorprendente que permanecieran impolutas. En ellas también el sexo dejaba de ser una cuestión de sugerencia para tomar una importancia fundamental en el desarrollo de las tramas: nunca Drácula o alguno de sus hijos o parientes había mostrado tal atracción física, brutalmente animal, por las redondeadas y exuberantes bellezas femeninas que coprotagonizaban sus historias, sin dejar a un lado sus apetencias homosexuales. Sus monstruos no tenían problemas de moralidad. Atacadas sin piedad por la crítica, que las consideró en su momento epítome del mal gusto y lo desagradable, son hoy vistas como ejemplo perfecto del cine de terror más clásico. Los tiempos cambian, y cuando el género se ha convertido en una pelea por ver quién muestra más y de forma más bestia las entrañas de sus víctimas la sangre de la Hammer resulta hasta casi inocente. La productora vivió sus años de esplendor desde el éxito de La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) y más aún de la inmediatamente posterior Drácula (Dracula, 1958), ambas dirigidas por Terence Fisher, hasta mediados de la década de los 60, a partir de donde, y a pesar de que aún nos legaran grandes películas, su esplendor fue decayendo hasta ese triste final que supone la aburrida a muerte La monja poseída (To the Devil a Daughter, Peter Sykes, 1976). Fueron unos años de maravillosos excesos y multicolores delirios que conformaron toda una revolución en el género de terror, algo que sólo había logrado la Universal con sus películas de los primeros años 30 con sus fascinantes juegos de sombras heredados del cine expresionista alemán pasados por el filtro romántico de Hollywood.

    Aunque de manera estricta la decantación por el cine fantástico que sufriera la Hammer viene dada por el éxito de su magnífica película de ciencia ficción El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955), será la mentada La maldición de Frankenstein la que dará inicio oficial a una era irrepetible. Con un equipo técnico y artístico que se repetía de una película a otra y un grupo de guionistas y directores que formaron leyenda bajo su amparo, de entre todos ellos destacó la labor plena de genialidad y brillantez avasalladoras del director Terence Fisher. No sólo él, claro está, pero en su figura se centra el apasionante libro de Joaquín Vallet Terence Fisher (2013), un recorrido exhaustivo por toda su obra que, no podía ser de otra forma, es también un paseo mágico por las entrañas de la Hammer. Fisher es recordado hoy por la colección de obras maestras que firmó para esta productora, pero quizá no sea tan conocida toda la etapa anterior a sus encuentros con la desgraciada criatura del doctor loco y el siniestro conde. Y aquí es donde el libro de Vallet brilla a más altura si cabe: no sólo realiza un recorrido sensacional por las películas más conocidas y admiradas de Fisher, sino que repasa una a una todas las anteriores y menos conocidas, incluidas las que hizo para la Hammer en un breve intervalo antes de que volviera para rodar la que cambió a la productora para siempre.

    La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957)
    La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957)
    Vallet nos ilumina acerca de los inicios de Fisher en el mundo del cine como montador y cómo pronto pasa a dirigir películas en los estrechos reductos de la serie b. Unos años que incluso para sus más declarados seguidores permanecen oscuros y que Vallet nos presenta en detalle. Leemos su libro casi con la misma fascinación y sorpresa con la que vimos por primera vez esa sangre restallona y destellante en uno de sus filmes. Las temáticas afines, las que marcaron su obra, sus aciertos y fracasos, sus años oscuros, los de gloria y los de desazón finales son mostrados por Vallet con diamantina brillantez, conjugando de manera excelente la profundidad de sus análisis críticos con el relato absorbente del devenir del que para muchos es uno de los mejores directores de la historia. De la perfección de su Drácula a la abstracción prodigiosa de El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969), de la belleza mórbida de Las novias de Drácula (Brides of Dracula, 1960) a la que a mi gusto es tal vez una de las mejores películas sobre satanismo jamás rodadas, La novia del diablo (The Devil Rides Out, 1968). Joaquín Vallet ha escrito un libro a la altura de su protagonista que se lee con absoluto placer y que nos ayuda a conocer mejor a Terence Fisher y su obra. Es una obligación recomendarlo sin ambages y una delicia adentrarse en sus páginas.

    José Luis Forte
    redacción Cáceres


    Terence Fisher
    Terence Fisher
    de Joaquín Vallet (2013)
    editorial | Cátedra
    ISBN | 978-84-376-3164-6
    precio | 14 €
    nº de páginas | 297
    encuadernación | rústica
    colección | Signo e imagen / Cineastas, 96
    ★★★★★
    Invitación

    1 comentarios:

    1. Aleksei German fue elegido por los hermano Strugatsky en la decada de los 80' para dirigir el film "Trudno byt Bogom", pero Peter Fleischman le gano de mano y dirigio "Hard to be a god" que se estreno en 1989, sin consentimiento de los Strugatsky. Ahora dándole revancha German hizo de las suyas tras, al parecer, 14 años de pre-pro-postproducción.

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