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    Cinematography | Melancolía

    Melancolía, de Lars von Trier
    Melancolía, de Manuel Alberto Claro (DFF) |
    Melancholia, Dinamarca, 2011 |

    — «Tengo miedo de ese estúpido Planeta».
    — «¿Ese estúpido Planeta? Ese maravilloso Planeta, querrás decir. Primero era negro, ahora es azul. Bloqueando a Antares, se esconde detrás del Sol. Cariño, esta será la experiencia más maravillosa de nuestras vidas».

    Ciencia ficción convertida en poesía. La catástrofe más hermosa jamás contemplada por el ojo humano. Dos planetas danzando en el universo hasta su más deseado encuentro. Un vil destello que inducirá al fin del mundo y la inexistencia de todo ser. Despertar emociones es la meta principal del cineasta danés. No es necesario conseguir los mejores efectos especiales para reproducir el Apocalipsis. La estética y la propia imagen son dos armas muy poderosas. Von Trier lo sabe y, con su maestría habitual, procura sacar el máximo rendimiento. De este modo nace Melancolía, un filme con un poderío visual, apoyado en una fotografía minimalista, apabullante. Todo un prodigio digno de análisis. Manuel Alberto Claro es el firmante de uno los trabajos fotográficos más relevantes de este nuevo milenio. Así pues, nos adentramos en los claroscuros de Von Trier.

    La apertura introduce un resumen de la historia. Combina las escenas de los dos planetas con imágenes oníricas, imágenes que en su anterior trabajo Anticristo también aparecen ¿Qué son? y ¿cómo se hacen? Son imágenes de ensueño. Alejadas íntegramente de la realidad. En primer lugar se realizan tomas a los actores con una cámara (fija) cualificada para grabar movimientos ralentizados, mientras que el fondo, es trabajo de post-producción. Creándose capa por capa partiendo del boceto. Como podemos observar en la Parte de Justine (Kirsten Dunst), la fotografía tiende a los tonos amarillos. Recordemos que ese color representa, entre otros términos, la calidez. Se celebra una boda. Todos están contentos por los recién casados. Los novios se muestran felices por un acontecimiento que, en teoría, supondrá un gran paso para sus vidas. A pesar del brusco cambio que irá experimentado Justine —cada vez más débil y taciturna— esos tonos seguirán permaneciendo por el ambiente que la rodea. Un entorno donde reina el símbolo de riqueza. Algo que contrasta con el uso de la cámara del director escandinavo. Uno de los temas más comentados en el making of fue el aturdimiento de los actores durante los rodajes. No sabían qué hacer o hacia donde moverse. Debían actuar según lo leído en el guión. En las escenas de la boda, desconocían los movimientos de cámara. La intención del director era plasmar expresiones propias de los intérpretes. Incluso podemos observar a John Hurt mirar a cámara durante unos segundos.

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    En el segmento dedicado a Claire (Charlotte Gainsbourg), la fotografía se resume en la luz y los tonos azules. El arte de la pintura es una inspiración y fuente clave para los directores de fotografía. En este caso, fue el propio Von Trier quien mostró especial interés en la pintura renacentista. Este movimiento cultural retomaba algunos principios de la Cultura Clásica. Predilección sobre el cuerpo. De noche, Justine se tumba junto al río, desnuda ante su amante (Melancolía) y bajo la atenta mirada de su hermana Claire, quien los contempla con legítima fascinación. En esta parte, la estética en un principio es de lo más natural. Los rayos luminosos que penetran a través de las ventanas recuerdan a la época barroca, sin ir a más, a los cuadros de Vermeer. Este pintor neerlandés tendía a colocar a sus modelos frente a una ventana. El tratamiento de luz fue su sello de identidad y Von Trier lo aprovecha para sus planos. A medida que se desarrolla la historia, la desesperación de Claire aumenta. El planeta Melancolía se acerca. Sus semblantes de mujer responsable y de dominio desvanecen. Justine, en cambio, lo asume. Ahora, ella es la más fuerte. Los tonos azules irán apareciendo. Matices que representan la nostalgia, la tristeza... Es el fin del mundo. Van a morir. Lo saben. Sólo resta enfrentarse a ello.

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    Lars Von Trier, como todos los realizadores, ha contado en más de un proyecto con el mismo director de fotografía, como Robby Müller [Breaking The Waves (1996), Dancer in the Dark (2000)] o Anthony Dod Mantle [Dogville (2003), Manderlay (2005) y Antichrist (2009)]. Por motivos que se desconocen, Dod Mantle y él rompieron su relación justo antes del rodaje de Melancolía. Finalmente, su lugar lo ocupó el chileno Manuel Alberto Claro (DFF). Nunca habían trabajado juntos. Anteriormente, Manuel Claro había participado en películas danesas como Reconstruction (2003), Allegro (2004) o Dark Horse (2005) Al enterarse de que fue el elegido para trabajar con Von Trier los nervios lograron atenazarle. La bipolaridad del danés y sus continuas depresiones no es plato de buen gusto y. menos aún, soportarle durante las horas de rodaje. Sin embargo, el cinematógrafo se sorprendió positivamente con su método de trabajo. Algo que se palpa en cada poro de celuloide de la cinta. Melancolía ganó el premio a Mejor Película Europea en los European Film Awards 2011 y Manuel Alberto Claro al de Mejor Fotografía Europea. Han vuelto a trabajar juntos en Nymphomaniac: Volume I y Volume II. A Lars Von Trier le importa lo más mínimo lo que piensen de él. “Su cine” impresiona a unos y desconcierta a otros. El pesimismo reina en su mente. La realidad es triste. «Crecí en un hogar radical culturalmente, donde estaban prohibidas las emociones fuertes». Dicen que prohibir crea tentaciones. Y las suyas, han revolucionado el cine de los últimos tiempos.

    Inés Lendínez
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