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    Crítica | Carrie

    Carrie (2013)

    Carrie White arde en el infierno… otra vez

    crítica de Carrie | Kimberly Peirce, 2013

    ¿Qué necesidad había de rodar una nueva versión de Carrie de Stephen King si Brian De Palma ya había dejado el listón altísimo con la versión de 1976, que inauguró la lista de adaptaciones de novelas del autor al cine? También hubo otra visión televisiva en 2002 protagonizada por Ángela Bettis, por lo que se entiende aún menos el proyecto. La única explicación que quedaría es la gran rentabilidad que está teniendo la oleada de nuevas versiones de clásicos del terror y que este año ha tenido su penúltimo ejemplo en Posesión infernal. Partiendo de la base de que una nueva revisión de Carrie ya nace con el calificativo de innecesaria, el único modo de que ésta tuviera una razón de ser sería que sus creadores quisieran darle alguna vuelta de tuerca o pusieran detrás de las cámaras a un realizador con la suficiente personalidad para darle nueva entidad. Tampoco es el caso, ya que pese a que Kimberly Peirce es una interesante directora con dos obras tan estimables como Boys Don´t Cry (1999) o Stop-Loss (2008) en su haber, no hay en esta cinta ni huella de originalidad o un estilo marcado que la diferencie de cualquier otra del montón.

    Carrie (2013)

    Brian De Palma es (aun con sus muchos y ruidosos detractores) un cineasta con un gran dominio de la cámara y un universo visual propio, presente en la totalidad de su brillante obra –incluso en sus peores trabajos– y en Carrie no dejó escapar las posibilidades que le ofrecía la potente historia servida por Stephen King para dar rienda suelta a su genio, amparado en la impagable ayuda de Pino Donaggio en la partitura musical y dos enormes protagonistas como Sissy Spacek y Piper Laurie, que obtuvieron unas merecidas nominaciones al Óscar a mejor actriz y actriz secundaria, respectivamente. En el remake, fácilmente se puede defender la adecuada elección de Chloë Grace Moretz para el papel de Carrie (más cercana a los 16 años del personaje que Spacek, que lo interpretó con 26) y Julianne Moore como la fanática madre. Y aun cuando así, la versión de 2013 continuaría en desventaja, ya que Moretz es buena actriz y realiza un gran esfuerzo pero resulta más guapa de lo deseable para resultar creíble como objeto de burla de sus compañeros. Su personaje, además, se muestra más atraído por los poderes telequinéticos que posee, disfrutando con ellos, mientras que en la clásica asumía este don de manera más atormentada, como una maldición. Del mismo modo, mientras que Spacek inquietaba dando rienda suelta a su descontrolado poder mental con el solo uso de su mirada desorbitada, Moretz parece salida de un episodio de los X-Men con esos movimientos de manos. Por su parte, la labor de Julianne Moore, bastante sobreactuada, queda ensombrecida por la más sutil y memorable creación que realizó Piper Laurie en su día.

    Carrie (2013)

    El guión de Aguirre-Sacasa actualiza el relato a los tiempos que corren y se hace más hincapié en el drama personal del personaje de Carrie, víctima del bullying por parte de los demás chicos del instituto. La escena más cruel de la película de De Palma, aquella en que la protagonista tiene por primera vez el periodo en las duchas del gimnasio, provocando su pánico y las consecuentes burlas de las demás chicas, se muestra aquí de manera mucho más descafeinada, ocultando la desnudez de las muchachas, que graban la escena con sus teléfonos móviles para posteriormente colgar el vídeo en las redes sociales. Estas modernas formas de acoso son la única novedad de la película. Resulta paradójico que 36 años después de su estreno, la Carrie de De Palma le de mil vueltas al remake también en las escenas más impactantes. Pese a que los avances en efectos especiales son notorios desde entonces, la anodina realización de Peirce está muy lejana de la elegancia de la puesta en escena de la clásica. Para muestra está el apocalíptico y brutal clímax final de la película de Brian De Palma, con la magnífica escena del baile de graduación que culmina en una orgía de destrucción y muerte con aquella pantalla partida en dos y el posterior enfrentamiento final de Carrie con su madre, que acababa con ésta última crucificada por cuchillos en el umbral de la puerta. Todo ello, antesala del típico final sorpresa tan habitual en el director. Pues bien, en la Carrie 2013, todos estos acontecimientos están rodados con precipitación, desgana y, lo que es peor, sin pizca de imaginación. Leído todo esto puede dar la impresión de que estamos ante una mala película y tampoco es así. Lo más recriminable de esta versión es la sensación de estar rodada con piloto automático, con un personal técnico y artístico carentes del carisma de los que parieron en 1976 un auténtico clásico del cine de terror moderno, destinado a perdurar en la memoria colectiva. Por el contrario, esta copia será olvidada a las pocas horas de su visionado, por su incapacidad de crear imágenes para el recuerdo. ★★★★

    José Antonio Martín
    redacción Canarias

    Estados Unidos. 2013. Título original: Carrie. Directora: Kimberly Peirce. Guión: Roberto Aguirre-Sacasa (Novela: Stephen King). Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Screen Gems. Presupuesto: 30.000.000 dólares. Recaudación: 59.066.619 dólares. Fotografía: Steve Yedlin. Música: Marco Beltrami. Montaje: Lee Percy, Nancy Richardson. Intérpretes: Chloë Grace Moretz, Julianne Moore, Gabriella Wilde, Ansel Elgort, Judy Greer, Zoë Belkin, Alex Russell, Portia Doubleday.

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