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    Cine Alemán Siglo XXI

    Seminci 2013 | Día 3: críticas de 'Night Moves', 'The Weight of Elephants', 'Marina' y 'La por (El miedo)'

    Night Moves, de Kelly Reichardt

    Continúan las buenas sensaciones

    crónica de la tercera jornada de la 58ª Semana Internacional de cine de Valladolid | crítica de Night Moves, La por (El miedo), Marina y The Weight Of Elephants

    La llegada del nuevo día, el tercero, confirmó las sospechas del día anterior: La primera, que el invierno ya está aquí, que el frío castellano se ha instalado definitivamente y no se va a marchar hasta dentro de unos meses. La segunda, que el nivel de cine que se está viendo en esta edición, al menos en estos primeros días, es sin duda alguna superior al de la pasada, aunque hay que añadir que tampoco era muy difícil. Así pues, la primera proyección de la mañana fue La por (El miedo), de Jordi Cadena. Película dramática y bastante trágica que toca un tema tan complicado como es el de la violencia de género. Después le tocó el turno a Marina, coproducida por Italia y Bélgica y dirigida por Stijn Connix, obra biográfica que narra la vida del cantante y Rocco Granata. Por la tarde fue el momento de la americana Kelly Richardt y su tensa Night Moves. Y, para finalizar el día, la cinta neozelandesa The Weight of Elephants, que concursa dentro de la sección Punto de Encuentro, dedicada a primeras y segundas películas. Hora de profundizar.

    La por (El miedo)

    LA POR (EL MIEDO)

    de Jordi Cadena
    ntérpretes: Igor Szpakowski, Roser Camí, Ramón Madaula, Alicia Falcó.
    España, 2013 | Obregon Cinematográfica
    Sección Oficial

    ¿Es La por una película más sobre de la violencia de género? La respuesta es un rotundo no. La prueba la maravillosa secuencia inicial, diez minutos de puro silencio, de uso y abuso de primeros planos y planos detalle que culminan en la primera frase de la cinta: “Hostia puta”. Una escena como reflejo de toda la obra, una obra silenciosa y tremendamente violenta. Cadena conforma una sucesión de escenas donde la violencia nunca está presente, siempre está fuera, y quizás por eso es más terrorífica. Seguimos a esa familia que vive atemorizada por el violento padre, que apenas sale en pantalla durante la gran mayoría del filme. Seguimos al protagonista, el hijo adolescente que siente no solo el desprecio de su padre, sino también y principalmente el dolor, físico y sentimental, de su madre.

    La por está basada en un intenso lenguaje visual que confía y se basa en las buenas interpretaciones de sus actores. Se forma así una cinta magnética e intensa con una dirección de manual que huye de nuevas fórmulas para centrarse en demostrados convencionalismos. Sin embargo el guión es otra historia, de hecho las partes en las que hay diálogo presente son las más imperfectas. Conversaciones entre una madre y un hijo que debieran reflejar emociones y sentimientos suenan profundamente racionales y estudiadas, nada impulsivas, nada emotivas. Diálogos, en definitiva, fríos. Otro tema algo molesto al respecto, son ciertas aportaciones de la hija pequeña de la familia en lo relativo a la relación de los tres miembros y el padre, frases que suenan falsas y totalmente prescindibles, valga el ejemplo: “¿Pertenecemos a padre no?” A pesar de estos pequeños peros, Cadena conduce la cinta de una manera hábil, con buen ritmo y sin dejar nada a la improvisación, hasta llegar al inevitable desenlace que quizás debió de ser sorpresa y no spoilereado por un inoportuno flashfoward en el inicio de la cinta. De la escena final hay que decir que es también digna de alabanza, con un gran uso del fuera de campo como elemento primordial del horror. Sin embargo, quizás por deficiencias del guión, da la impresión de que se llega a ella de una manera un tanto directa y prematura, con una brusquedad que le quita credibilidad al desenlace. ★★★ crítica de La por, por Judith Romero - BFI London

    Marina

    MARINA

    de Stijn Connix
    intérpretes: Matteo Simoni, Evelien Bosmans, Luigi Lo Cascio, Donatella Finocchiaro. Fotografía: Lou Berghmans. Italia, Bélgica, 2013 |
    Eyeworks Film & TV Drama, Les Films du Fleuve, Orisa Produzioni.
    Sección Oficial

    Marina era la cinta encargada de levantar el ánimo después de una obra tan cruda y real como la de Cadena. Una especie de tragicomedia biográfica que narra la historia del cantante italo-belga Rocco Granata. Seguimos su historia desde que de niño tiene abandonar su Italia natal junto con sus padres y su hermana buscando un futuro en las minas de carbón de Bélgica, hasta que se convierte en una gran estrella internacional del acordeón. Una historia pues, con happy ending. Dirigida por el belga Stijn Connix, la cinta resulta simpática y entretenida, sabe muy bien la historia que quiere contar y la cuenta a la perfección, añadiendo además sal emotiva a lo largo de todo el metraje mediante contraposiciones irreconciliables (o quizás no tanto) entre personajes: italianos-belgas, padre-hijo, listo-tonto, tendero-comprador, y la tan empleada chico–chica. El problema es que la historia cae por momentos en uno de los principales problemas que suele tener el tan de moda género biopic, la excesiva exposición de momentos intrascendentes del protagonista que aportan poco o nada a la historia y que pueden conducir a un cierto desinterés en lo que se está contando. Además por mucho que pasan los años en los protagonistas, se mantiene una mirada en conjunto algo infantilizada, casi caricaturesca en algunas ocasiones, algo que produce cierto choque, y quizás quita más relevancia de la que debiera a uno de los subtextos más importantes del filme: el racismo, la marginalización y el miedo al diferente.

    Sin embargo la cinta también tiene muy buenos momentos, sobre todo aquellos protagonizados por la relación padre-hijo (el actor que hace de padre está soberbio, sin duda, lo mejor de este largometraje) A destacar el descenso de ambos a la mina en la que trabaja el padre, un hundimiento real en el interior de la Tierra y metafórico en el interior de los sentimientos más viscerales de este. Una atmósfera ruidosa y oscura, un ambiente agresivo e impactante para el espectador. ★★★

    Night Moves

    NIGHT MOVES

    de Kelly Reichardt.
    intérpretes: Jesse Eisenberg, Dakota Fanning, Peter Sarsgaard, Alia Shawkat, James Le Gros.
    Estados Unidos, 2013 | Maybach Film Productions.
    Sección Oficial

    La película de Kelly Reichardt, prestigiosa realizadora con ya varias obras a sus espaldas, fue presentada en el pasado festival de Venecia en dónde obtuvo en general buenas críticas. Había por lo tanto grandes expectativas entre el público, a pesar de que existiera cierto temor por la proyección de una directora con fama de “tempo lento” a la hora de la siesta. La trama narra la historia de tres jóvenes personajes (dos chicos y una chica) concienciados con el mundo, que se proponen la tarea de volar por los aires una presa construida por una gran eléctrica. Liberar de nuevo al río, dejar que la naturaleza vuelva a ser tal y cómo era antes de la llegada de la especulación. La cinta es un thriller lento y pausado que a pesar de seguir un patrón in crescendo en ningún momento llega tener un ritmo frenético. Reichardt, al igual que en sus anteriores películas, quiere otorgar autenticidad a lo que está contando, y desde esa visión, tan importante (o más) que lo que pasa, son las sensaciones de los personajes que viven la historia. Y la única manera de reflejar perfectamente estas sensaciones es con un tempo lento que deje a los actores poder expresar sin ninguna restricción sus respectivos personajes. Sorprende en ese sentido, que esta manera de crear suspense y misterio parece haberse perdido en estos tiempos en los que thriller es sinónimo de montaje rápido, disparos, patadas y Jason Bourne corriendo entre coches mal aparcados y cubos de basura.

    Además Reichardt parece plantear un doble juego con el espectador ya desde el título. Night Moves hace referencia directamente al nombre que tiene la lancha que utilizan los personajes para volar la presa. Más allá de eso, indirectamente es un juego continuo a lo largo de todo el metraje: rodado con una escasa iluminación y etalonado con contraste bajo, el resultado provoca que en las escenas nocturnas cueste distinguir qué es lo que está pasando al otro lado de la pantalla, en medio de la oscuridad de la noche. De hecho en un par de escenas clave que no conviene desvelar, nuestro voyerismo queda frustrado, queda limitado a percibir tan sólo partes, fragmentos de movimientos nocturnos que generan desconcierto por su ambigüedad. Se produce ese extraño fenómeno consistente en que ni los personajes, ni nosotros mismos como espectadores, tengamos muy claro qué es lo que está pasando. Pero por suerte Reichardt lo sabe, y bastante bien además. ★★★

    The Weight of Elephants

    THE WEIGHT OF ELEPHANTS

    de Daniel Joseph Borgman.
    intérpretes: Demos Murphy, Angelina Cottrell, Catherine Wilkin, Matthew Sunderland, Fin Holden.
    Nueva Zelanda, 2013 | Zentropa Entertainments
    Punto de Encuentro

    Y para acabar el día tocaba una película de la sección Punto de Encuentro, dedicada a primeras y segundas obras que, salvo milagro, parecen volatilizarse, huir a un lugar secreto e inaccesible una vez acaba el festival. Hoy tocaba The Weight of Elephants, primera película (escrita y dirigida) de Daniel Joseph Borgman. Una producción neozelandesa financiada en parte por la famosa productora de Lars Von Trier, Zentropa Entertainments.

    La cámara nos sitúa junto a Adrián, un joven de once años que vive con su abuela y con su tío, tan artista como depresivo, en una pequeña ciudad de la verde Nueva Zelanda. Adrián es un caso patológico víctima del abandono de su madre y de la determinación que produce en él el impulso social de integración en la manada presente en sus compañeros de clase. Así el largometraje, de tono completamente dramático, nos conduce por todo el universo del pequeño protagonista: sus miedos, deseos y esperanzas, para recordarnos la vulnerabilidad y la fragilidad de los primeros años de vida. Vemos además distintas dolorosas situaciones no únicamente protagonizados por Adrián, sino también por sus familiares y amigos, nadie parte de condiciones ideales, nadie está a salvo del dolor. Es esta dispersiva argumental, la que en cierta manera desvirtúa algo el ritmo de la película, que parece que no acaba de arrancar nunca. La atmósfera y sus personajes, sobretodo el fabuloso actor protagonista, están bien, pero falta eso, un verdadero argumento central que vaya por así decirlo de A a B.

    Para finalizar hay que comentar que a pesar de la crudeza, que no cinismo, con que se tratan los distintos conflictos e injusticias, la resolución deja finalmente cierta atmósfera de esperanza, que no tiene porque traer de la mano un final feliz, no importa cómo haya sido el pasado, el futuro está siempre en nuestras manos. ★★★

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