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    Crítica | El mayordomo

    El mayordomo, de Lee Daniels

    ¿TESTIGO O PROTAGONISTA?, TÚ ELIGES

    crítica de El mayordomo | The Butler, Lee Daniels, 2013

    El director estadounidense Lee Daniels regresa a la gran pantalla con su nueva película El mayordomo, un filme prudente y serio de los que suelen gustar en los Oscar. Ante todo, lo más destacable de sus dos horas y cuarto de metraje se encuentra personificado en un único rostro y en una única mirada: los del genial actor Forest Whitaker como protagonista principal y leal sirviente. Y es que de eso va esta película, de la vida corriente de un mayordomo afroamericano ‘trajeado’ con la excepcional camisa de fuerza que siempre viste la Casa Blanca; excepcionalidad blanca y para blancos hasta la histórica victoria de Barack Obama en las elecciones de 2008. El filme está inspirado en la historia real de Eugene Allen, afroamericano que sirvió durante más de tres décadas a ocho presidentes diferentes de los EE.UU, entre ellos Eisenhower, Nixon o el propio John F. Kennedy. No obstante, Allen nunca vivió una infancia tan trágica como la que se muestra en el celuloide, pues no presenció el asesinado de su padre en una plantación algodonera por manos de los patrones blancos, ni tampoco tuvo un hijo activista defensor de los derechos civiles de la comunidad negra; por lo que la inspiración en la vida de este personaje no supera lo meramente anecdótico.

    En cualquier caso, estas peculiaridades externas forman parte de un todo bastante insulso y en ocasiones, demasiado lento. La acción es prácticamente nula y su fuerza radica, o flaquea, en centrarse casi de una forma exclusiva en los quehaceres familiares y más cotidianos de Cecil Gaines, ese mayordomo sumiso que hace tiempo dejó de ser dueño de sus propios gestos y, sobre todo, de su propia voz. Así, aunque se trata de una película con pocos momentos para el recuerdo y con la que nos cuesta empatizar, de cierta forma logra a su vez despertar nuestro ‘yo’ más activista y hacernos creer en la justicia de la humanidad, la cual tras largos periodos de lucha, se erige como protagonista principal de nuestra Historia. El filme constituye una reflexión casi filosófica sobre dos maneras opuestas de enfrentarse a la vida y a las injusticias de nuestro tiempo, las cuales nos acompañan desde que el hombre es hombre. Por un lado tenemos a Cecil, quien elige sobrevivir dentro del sistema del Apartheid, y acepta sentarse en la zona reservada a la gente de color, acata su etiqueta de nigger y juega a ser un fantasma disfrazado de mayordomo; y por el otro lado, tenemos a su hijo Louis, defensor y partícipe de los derechos civiles de los negros y quien prefiere estar muerto a no poder elegir con libertad donde sentarse.

    El mayordomo, de Lee Daniels

    Partiendo de esta contraposición, Lee Daniels realiza un montaje paralelo exquisito en el que vemos a Cecil arrimando las sillas del comedor de la residencia presidencial a los comensales blancos, tratados con toda la delicadeza que se merecen; mientras a kilómetros de distancia su hijo y otros compañeros activistas están siendo vapuleados y humillados por haberse sentado en el área restringida para blancos. Mismo contexto, dos formas opuestas de experimentarlo: hay quienes deciden ser testigos sumisos de su tiempo y quienes se arriesgan a tomar parte enfrentándose a lo establecido. Pequeños gestos como la secuencia descrita son los que salvan a esta película repleta de matices. La fotografía es excepcional y el aura que rodea a Forest Whitaker tiene un toque encantador, como de quien a pesar de no sentirse cómodo sirviendo a los blancos alcanza tal punto de maestría en lo que hace que solo derrocha delicadeza y profesionalidad. Martin Luther King reflexiona sobre ese trabajo de los mayordomos negros como el primer eslabón de insurgencia frente a los blancos, al demostrarles que se puede confiar y dar responsabilidad a alguien de color. Uno de los fotogramas más complacientes de todo el largometraje es observar a Cecil, mediante un plano cenital, lustrar los numerosos zapatos del presidente feliz como un niño pequeño. No obstante, esa felicidad irá desapareciendo a media que el contexto social vaya exigiendo, poco a poco, una mayor igualdad racial. Esa divergencia cada vez mayor creará en Cecil una necesidad de pedir al mismísimo presidente un sueldo equitativo, tanto para los empleados blancos como para los negros, y finalmente, terminará por resquebrajar su pequeña burbuja y obligarle a dimitir como mayordomo.

    El mayordomo, de Lee Daniels

    Finalmente, el reparto de actores secundarios y caras conocidas es abrumador y todos ellos cumplen sus papales a la perfección. Oprah Winfrey, en el personaje de Gloria la mujer del mayordomo, derrocha naturalidad y carisma; al igual que Robin Williams o James Marsden consiguiendo que nos olvidemos que nos encontramos frente a estrellas del celuloide. En resumen, una película con bastantes imágenes de archivo que constituye un repaso, a ratos emocionante, a ratos frío, de la lucha por parte de la comunidad afroamericana en conquista de sus derechos civiles (el nacimiento de los Panteras Negras, Malcolm X, el Apartheid en Sudáfrica…) y que sin duda será nominada a varios premios de la Academia Americana, y muy probablemente, en el terreno interpretativo con Forest Whitaker y Oprah Winfrey como líderes indiscutibles. ★★★★

    Patricia Martínez Sastre.
    Redacción Madrid.

    Estados Unidos, 2013, The Butler. Director: Lee Daniels. Guion: Lee Daniels, Danny Strong. Productora: The Weinstein Company / Laura Ziskin Productions / Windy Hill Pictures. Fotografía: Andrew Dunn. Montaje: Joe Klotz. Música: Rodrigo Leão. Intérpretes: Forest Whitaker, Oprah Winfrey, John Cusack, Jane Fonda, Cuba Gooding Jr., Terrence Howard, Lenny Kravitz, James Marsden, David Oyelowo.

    El mayordomo póster
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