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    Crítica | Capitán Phillips

    Capitán Phillips, de Paul Greengrass

    PHILLIPS EL ESTOICO

    crítica de Capitán Phillips | Captain Phillips, Paul Greengrass, 2013

    Vaya por delante que mi crítica sobre Capitán Phillips ha sufrido por la exigua aparición de Catherine Keener, quien interpreta a la mujer del protagonista, que no es otro que el capitán del título. Por corta (apenas cinco minutos, durante el preámbulo de la acción en Estados Unidos), es decir, por insolente con el espectador. Sucede que Catherine Keener es una actriz no sólo notable sino con un imán para captar la atención de cualquier ojo en penumbra. No puedes mostrarla sin más, ya seas Paul Greengrass o el Papa Francisco o los hermanos Lumière. Tal vez haya exagerado. No debería estar escribiendo acerca de una película que comete semejante maldad y, sin embargo, aprecio. Me gusta, sí. Perdón, Catherine. Es contradictorio. Indudablemente incierto. Y me requiere mucha energía. Como mirar a Tom Hanks sin saber si él se hizo o nació así, bebé con dos Oscars bajo sendos brazos. O bracitos, si se prefiere. Afortunadamente Greengrass no inventó el cine y nació en su época, que es hoy. Y tampoco oposita para cardenal, aunque sus últimos filmes —la Trilogía de Bourne más su precuela en Irak— dejaron una impronta de moratones y cicatrices y golpes a diversas alturas, arriba y abajo y a medio camino de todas partes. La Hostia, en fin. Cosas del krav magá; cosas de espías con amnesia: se resisten a recordar y recuerdan a golpe de regresión cinematográfica. Un flashback cegador —observen el destello— y fragmentado, como un láser intermitente directo a la retina. Porque despertar amnésico y ante un público que te reconoce nunca ha sido fácil. Por ello resistir en esa baldosa intemporal, dudoso de ti mismo, es inolvidable. Y el montaje, puzle patas arriba, se antoja complejo. De ahí que El ultimátum de Bourne se recuerde: el tiempo pasa insobornable, pero la película habita ya otro meridiano. Dispuesta a la revisión continua.


    El capitán parte hacia aguas tranquilas, todo debería ir sobre hélices. El carguero está a rebosar, con decenas de contenedores cargados de productos que no importan porque son exportaciones. "Ayuda humanitaria", y tal. Dicen. El informe que consulta vía email, ya en alta mar, le advierte de que hay piratas somalíes operando en aguas próximas a ese mismo punto. Informes que obligan a reforzar la seguridad del barco, cuya tripulación apenas traga saliva cuando observan un cayuco motorizado acercándose primero en el radar —un punto verde que se acerca como el fantasma de Pac-Man, con más desesperación que decisión— y luego a golpe de vista mediante prismáticos, y por último cara a cara, con los piratas al abordaje y gritando Kalashnikov en ristre con el Capitán Phillips llamando a la calma o interiorizando el horror. Han transcurrido veinte minutos. El ritmo es violento y la cámara al hombro bascula sin estridencias. La (no) vocación documental es clara; Greengrass se apoya en el paisaje psicológico de los héroes y de los villanos, aunque éstos son así porque no pueden ser otra cosa. Antiguos pescadores sin perspectivas de futuro, para los que la muerte es un trámite cotidiano. Y el héroe ni siquiera lo es realmente. No hay héroe. Si acaso, impotencia y mucha desesperación cuando el capitán es arrastrado a un bote por esos piratas, tras la eficaz actuación de este primero junto a sus marinos. Así, el Mal solo cumple órdenes del Mal Superior. El señor de la guerra que se enriquece en (y desde) la sombra. En el regazo del Tío Sam.

    La narración es intensa, implacable. No deja títere, y sí muchos metros de celuloide sobrante. Christopher Rouse, editor habitual de Greengrass, no muestra aquí su precisión milimétrica. Así y todo, logra que el tempo del relato sea efectivo: te mantiene en tensión y flirtea con el melodrama institucional. Tom Hanks, por su parte, sigue a lo suyo: su nombre es una garantía para traducir a la gran pantalla historias límite donde la integridad (Forrest Gump), la entereza (Camino a la perdición), la supervivencia (Naúfrago), el punto entrañable (Big), la perseverancia (Atrápame si puedes), e incluso ese indescriptible y volátil concepto llamado honor (Salvar al soldado Ryan) son piedra de toque. Hanks sólo se mide a Hanks. Y, sin embargo, sus compañeros —captores en la ficción— tienen mucho nivel. El primero y más fuerte se llama Faysal Ahmed. No ha rodado más filmes. Este es el inaugural. Y le augura un recorrido prometedor. ★★★★

    Estados Unidos, 2013, Captain Phillips. Director: Paul Greengrass. Guión: Billy Ray (Libro: Richard Phillips, Stephan Talty). Fotografía: Barry Ackroyd. Música: Henry Jackman. Reparto: Tom Hanks, Mahat M. Ali, Barkhad Abdi, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed,Michael Chernus, Catherine Keener, David Warshofsky, Corey Johnson, Chris Mulkey, Yul Vazquez, Max Martini, Omar Berdouni, Mohamed Ali.

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