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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Insensibles

    Insensibles

    RASTREANDO UN PASADO IRREAL

    crítica de Insensibles | Juan Carlos Medina, 2012

    Hace varios años que se está propagando entre nuestro público, o más bien entre un grupo minoritario que asegura representarlo, un recelo casi sistemático hacia toda película sobre la guerra civil. ¿Otra película sobre la guerra civil? es la pregunta más temida, con una respuesta que desearíamos (o que desean los que hablan por la mayoría) que fuese negativa pero que a menudo es positiva. Hay que admitir que el contexto de nuestros años 30 y de sus consecuencias proporciona conflictos muy cinematográficos, e incluso, se dice, conlleva reflexiones sociales necesarias. Y supuestamente tiene tirón en la taquilla. Sin embargo, de tan manido que se ha vuelto su uso, esto último ha dejado de ser cierto, y cada nuevo estreno de estas características genera más indiferencia colectiva que el anterior. Con todo, aunque pueda resultar sorprendente, aún es cierto que la guerra civil genera debate y que se siguen desempolvando sus huellas. En el fondo, a muchos nos sigue interesando el tema. ¿Cómo resolver pues este dilema? Una buena táctica es no basar en ello la promoción del filme en cuestión, o plantearlo desde otro ángulo, para intentar vencer esa aparente resistencia inicial. Pero una vez que se tiene al espectador sentado en la butaca, mucho más predispuesto a dejarse llevar por sus auténticas inquietudes, se le puede abrumar sin problema con el asunto y confiar en que la intimidad del boca a boca haga el resto.

    Tomemos pues el medio promocional más visible de Insensibles (España, 2012): su cartel principal. En él destacan una mano abierta, en primer término, y las caras de un hombre y un niño, vertical y horizontalmente recortadas por la mitad, respectivamente. El tagline reza “hay secretos que deberían permanecer ocultos”, y en la parte superior derecha, varias marcas denominativas atestiguan el paso de la película por varios festivales, un dato sin duda prometedor, especialmente cuando el que vemos más claramente es el de Sitges. Todo ello conduce al transeúnte cinéfilo a una rápida conclusión: la película cuyo cartel está observando es sin duda de terror, especie también muy recurrente en nuestro cine reciente, pero con resultados en taquilla crecientes, no decrecientes. El debutante Juan Carlos Medina y su equipo huyen pues, al menos en los carteles de su película, de toda referencia a la guerra civil. La más cercana, si nos fijamos bien, es la de un sello con una esvástica en la parte inferior de la imagen, aunque ello remite al nazismo y a la segunda guerra mundial, una tercera categoría de alta frecuencia en las pantallas, pero, al igual que la segunda y al contrario que la primera, agua bendita para las finanzas. 

    Insensibles


    Hábil maniobra la de Medina, porque a los pocos minutos de metraje, cuando ya no hay vuelta atrás sin pérdidas económicas de por medio, un rótulo nos sitúa en 1931 y ya sabemos lo que viene después. O no. Porque la historia que nos cuenta Insensibles gira en torno a la guerra civil, sí, pero lo hace de una forma original y atrevida, siguiendo las andaduras paralelas de un niño de esa época (Ilias Stothart) y de un hombre de la nuestra (Álex Brendemühl). El primero, junto con otros de su vecindad, padece una rara enfermedad que le hace insensible a todo dolor, algo manifiestamente peligroso que exige la reclusión generalizada y permanente de estos críos en un siniestro castillo. El segundo es un cirujano que sufre un accidente de coche en el que fallece su mujer embarazada, aunque el feto se salva, y en el que se descubre que padece otra enfermedad, esta más grave: un cáncer que solo puede ser curado con un trasplante de médula. El hombre inicia pues una búsqueda entre la vida y la muerte, alternada con las vicisitudes de aquel niño que crece entre los muros del centro reconvertido en prisión con la llegada de fascistas y nazis. Enseguida se nos dan pistas que relacionan ambas tramas, y sospechamos que en algún momento se unirán definitivamente.

    Estamos por tanto ante un guión rebuscado y lleno de giros pero muy bien montado, con una estructura simétrica satisfactoria tanto entre el pasado y el presente como entre el principio y el final del metraje. Las transiciones son efectivamente inteligentes y ajustadas, por lo que la película consigue mantener un buen ritmo pese a los saltos temporales. De hecho, algunos de los cortes son incluso visualmente brillantes, como ese encadenado entre un hilo trazado en un charco de sangre por el niño y una vista aérea de la carretera serpenteante y boscosa que recorre el hombre. La cinta tiene por lo demás el mérito de caminar casi constantemente por la fina línea que separa lo portentoso de lo ridículo, por lo que sus pasos en falso y ligeras contradicciones se perdonan con más facilidad. Con todo, es una pena que la originalidad de la premisa y la valentía de su desarrollo no sean suficientes para que la película se libere de las ataduras típicas de muchas otras películas que no deberían ser semejantes pero que lo son. Quizás se deba paradójicamente a que la misma presenta altos y sorprendentes valores de producción, pese a ser una ópera prima, y ello conlleva una responsabilidad y una presión que impiden una total libertad creativa, la necesaria al menos en este caso para colmar el potencial de la historia. En vez de ello, ésta acaba decepcionando por su convencionalismo: muchos de sus personajes secundarios son caricaturescos, los diálogos no están del todo pulidos y los momentos más íntimos y a priori conmovedores se enfatizan de una forma poco sabia y contraproducente, con una música impersonal y con un tempo torpemente acelerado. En cualquier caso, Insensibles termina siendo un ambicioso drama generacional que habla, como adelantábamos, de esas huellas de la guerra civil que se han ido transmitiendo hasta hoy en día. Pero, más precisamente, nos habla de cómo los horrores de una guerra fratricida pueden encontrarse con algo esperanzador que permita superarlos, de cómo lo insensible e inhumano se vuelve sensible y emotivo, y lo hace sin apenas titubear y sin miramientos. Es por tanto un esfuerzo encomiable que merece la pena ser visto, por mucho que su contexto sea el que sea. Haberlo revelado insistentemente en esta reseña probablemente traiciona la intención de sus responsables, pero no hay más remedio que hacerlo y confiamos aún así en que los espectadores se sientan atraídos por esta llamativa propuesta desde el momento en que la vean en la cartelera. ★★★★★

    Ignacio Navarro.
    crítico cinematográfico.

    España. 2012. Director: Juan Carlos Medina. Guión: Juan Carlos Medina & Luiso Berdejo. Productora: Roxbury Pictures / Televisió de Catalunya / A Contracorriente Films / Fado Films / Les Films d'Antoine / Tobina Films. Presentación: Festival de Toronto 2012. Fotografía: Alejandro Martínez. Música: Johan Söderqvist. Montaje: Pedro Ribeiro. Intérpretes: Álex Brendemühl, Tómas Lemarquis, Ilias Stothart, Derek de Lint, Ramón Fontseré, Silvia Bel, Juan Diego.

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