|| Críticas | ★★★★☆
Ghost in the Cell
Joko Anwar
La parodia autorreflexiva
Mario Peña
ficha técnica:
Indonesia / Corea del Sur, 2026. Título original: «Ghost in the Cell». Dirección: Joko Anwar. Guion: Joko Anwar. Compañías productoras: Come and See Pictures. Presentación oficial: Berlinale 2026. Música: Aghi Narottama. Fotografía: Ical Tanjung. Montaje: Joko Anwar. Reparto: Abimana Aryasatya, Almanzo Konoralma, Aming, Arswendi Nasution, Bront Palarae, Dimas Danang Suryonegoro, Dewa Dayana, Endy Arfian, Faiz Vishal, Farrell Rafisqy, Haydar Salishz, Yuhang Ho, Ical Tanjung, Kiki Narendra, Lukman Sardi, Magistus Miftah, Mike Muliadro, Morgan Oey, Radja Nasution, Rio Dewanto, Tony Merle, Tora Sudiro, Yoga Pratama.. Duración: 106 minutos.
Indonesia / Corea del Sur, 2026. Título original: «Ghost in the Cell». Dirección: Joko Anwar. Guion: Joko Anwar. Compañías productoras: Come and See Pictures. Presentación oficial: Berlinale 2026. Música: Aghi Narottama. Fotografía: Ical Tanjung. Montaje: Joko Anwar. Reparto: Abimana Aryasatya, Almanzo Konoralma, Aming, Arswendi Nasution, Bront Palarae, Dimas Danang Suryonegoro, Dewa Dayana, Endy Arfian, Faiz Vishal, Farrell Rafisqy, Haydar Salishz, Yuhang Ho, Ical Tanjung, Kiki Narendra, Lukman Sardi, Magistus Miftah, Mike Muliadro, Morgan Oey, Radja Nasution, Rio Dewanto, Tony Merle, Tora Sudiro, Yoga Pratama.. Duración: 106 minutos.
Joko Anwar, cineasta indonesio, es uno de los grandes desconocidos fuera de los circuitos de cine de género, que, aun siendo un habitual en festivales como Sitges o Rotterdam, pasa desapercibido por la gran mayoría de cinéfilos asiduos al terror y gore cuando es una de las pocas figuras verdaderamente posmodernas, excéntricamente posmodernas, del panorama internacional de terror, obcecado en transgredir una y otra vez las limitaciones y convenciones del horror, que nada tiene que envidiar al Peter Jackson de Braindead (1992) y especialmente Agárrame esos fantasmas (1996), ni al Sam Raimi de Terroríficamente muertos (1987). Y es que si el indonesio algo comparte con estos autores es que, transitando por la vía del humor, del absurdo y del esperpento, destruye esa vetusta condición plomiza que siempre se le ha atribuido al terror y que los autores independientes más jóvenes como Zach Cregger, Adam Wingard o David Robert Mitchell están dinamitando, para explorar, a través del pastiche autoconsciente, nuevas vías narrativas, versadas especialmente en el humor grotesco. No es baladí la citación anterior de Craven o Goddard, pues Anwar representa la hiperbolización de los códigos que instauraron estos cineastas, elevando exponencialmente sus propuestas para generar una metaconciencia que permite al autor de Los hijos de Satán (2017) una libertad absoluta con la que exhibir su absoluto control sobre el lenguaje fílmico de género y subvertirlo desde su núcleo.
Cuando un periodista entra en prisión por un crimen que no ha cometido, trae consigo un siniestro espíritu que de las más macabras maneras asesina y convierte en obras de arte, una suerte de dantescas esculturas, los cadáveres de sus víctimas. Que la presencia maligna tenga pretensiones artísticas ya es motivo, cuanto menos, de perplejidad, pero cuando se nos muestra el primer asesinato como una referencia explícita a la turbadora y más recordada muerte de uno de los protagonistas de Midsommar (2019), y que, además, es perpetrada por una suerte de doble, de sombra, de los personajes —parodia del cliché de la sombra junguiana, vistas en cintas como Nosotros (2019), de Peele, o la reciente Leviticus (2026), de Chiarella—, el espectador comprende el paródico popurrí que está por disfrutar. A partir de este prólogo, el esperpento será la materia prima con la que Anwar construirá Ghost in the Cell, y a través de este, construir un collage, un pastiche orgánicamente vivo de referencialidades autoconscientes. En cierto momento del metraje, un travelling lateral filma los musculados cuerpos desnudos de un grupo de presos en duchas paralelas. La cámara se recrea en su movimiento, fascinada, mientras se inserta música extradiegética. La aparición de otro grupo de presos, esta vez más voluminosos y lánguidos, hace vacilar a la cámara, detener la música y truncar momentáneamente el fetichismo homoerótico de la imagen. Cuando la cámara vuelve a intentar realizar su moroso plano y reaparece el menos agraciado grupo, el camarógrafo inclina el lente hacia el suelo mientras maldice. El corte posterior a esta secuencia ya torna a los personajes conocidos y al aparato formal que ha construido la narración, pero este chiste metanarrativo, más allá de su amable comicidad, encierra en sí la filosofía de Anwar para con su obra y el cauce que muchos cineastas están tomando como hoja de ruta para expandir los límites del género: la de la parodia estilizada, no como simple chanza o burla a lo establecido, sino como autorreflexión sobre el género en pos de su expansión y reinvención. ♦












