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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Marielle lo sabe todo

    || Críticas | ★★★☆☆
    Marielle lo sabe todo
    Frédéric Hambalek
    Desenmascarando a los perfectos padres


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Alemania, 2025. Título original: Was Marielle weiß. Dirección: Frédéric Hambalek. Guion: Frédéric Hambalek. Producción: Tobias Walker, Philipp Worm. Productoras: Walker Worm Film, ZDF. Fotografía: Alexander Griesser. Montaje: Anne Fabini. Reparto: Julia Jentsch, Felix Kramer, Laeni Geiseler, Mehmet Atesci, Moritz von Treuenfels, Sissy Höfferer, Victoria Mayer.

    Desde Alemania, y sin hacer excesivo ruido, llega Marielle lo sabe todo, la ópera prima como realizador de Frédérik Hambalek, después de su paso por distintos festivales, como el de Berlín, donde compitió por el Oso de Oro, o el de Gijón. Un trabajo que no ha parado de recibir estupendos comentarios, llegándose a comparar el estilo de su director con los de nombres tan potentes como los de Michael Haneke o Lars von Trier. Lo cierto es que la premisa de la que parte el guion (obra del propio Hambalek) es de lo más sugestiva y está cargada de posibilidades. La idea de que una adolescente sea capaz de saber todo lo que hacen y dicen sus padres a lo largo de las 24 horas del día podría dar, si cayera en manos del cine norteamericano, para una comedia satírica, tipo ¿En qué piensan las mujeres? (Nancy Meyers, 2000), pero las intenciones del realizador son, por fortuna, bien diferentes. El filme presenta a una familia burguesa, aparentemente idílica, formada por Julia y Tobías y su hija adolescente, Marielle. De cara a la galería lo tienen todo, una vida acomodada en una preciosa casa, exitosas carreras profesionales y una unidad familiar envidiable. Pero podría ser que todo sea una simple fachada o eso, al menos, es lo que quedará en evidencia desde el momento en que una riña entre dos amigas en el colegio, termine desencadenando una situación tan surrealista como inquietante. Y es que, después de recibir una bofetada, Marielle empezará a sentir, en primera persona, cada una de las acciones y conversaciones, de sus progenitores, aunque estos estén en sus respectivas oficinas o en otra habitación, aislados de ella. ¿Cuál es el mayor problema que se presenta ante tan fantasioso don recién adquirido por la chiquilla? Que esta descubrirá cómo sus padres, hasta entonces idealizados, están cargados de dudas y debilidades, y, cuando no están juntos, adoptan comportamientos totalmente alejados de lo que pretenden aparentar ante ella.

    El guion no trata de buscar explicación alguna a esta capacidad casi clarividente, haciendo que, rápidamente, tanto el espectador como los personajes de los padres, la acepten como algo "normal" contra lo que no se puede luchar. La premisa es absolutamente demoledora, ya que convierte a una menor de edad, que todavía necesita recurrir a sus progenitores como referentes de "lo que está bien", en testigo, por un lado, del flirteo de su madre con un compañero de trabajo, también casado, con el que da rienda suelta a sus fantasías sexuales más ocultas, cada vez que se escapan a fumarse un cigarrillo (cosa que juraba no hacer), y, por otro, del débil carácter del que su padre hace gala en su trabajo, siendo continuamente ninguneado y puesto en duda por el resto de compañeros. ¿Puede haber algo más devastador para unos padres que tu hija conozca todos tus pecados y mentiras, y esta se encargue de reprobártelos? A esto se enfrentarán Tobías y Julia, quienes, en principio, se niegan a pensar que lo que sucede no sea otra cosa que una broma pesada de su hija (incluso se baraja la posibilidad de tener los teléfonos hackeados), pero terminan aceptando la realidad, ante la precisión de las informaciones que la niña les da de cada uno de sus movimientos diarios. Con semejante panorama, Marielle lo sabe todo se mueve con soltura entre la comedia negrísima, el género fantástico (aunque los elementos sobrenaturales estén integrados en la trama de manera muy natural) y el drama psicológico, con algunos momentos que sorprenden por su crueldad y otros (los sexuales de la madre, ya sean dialogados o llevados a cabo) que llegan a incomodar por su crudeza. Hambalek, a la manera del Todd Solondz de Happiness (1998), disecciona con bisturí, y no poca ironía, a la típica familia perfecta, desnudándola moralmente ante el espectador, mientras saca a relucir toda la basura que cada uno de sus miembros oculta bajo la alfombra.

    No cabe duda de que estamos ante un debut más que prometedor, que trae consigo ideas brillantes que, también es verdad, no terminan de ser explotadas del todo por un realizador todavía algo inexperto para manejar tanta ambición. La historia tiene chicha y consigue que cualquier espectador se pueda sentir identificado con las miserias de sus personajes, ya que es que poca la gente que pasaría ese filtro de que alguien controlase cada uno de sus movimientos, sin tener algo de lo que avergonzarse. Tentaciones fuera de la pareja, mentiras piadosas, pensamientos que no se dicen por no enturbiar la "estabilidad" familiar... Las debilidades del ser humano, representadas en unos personajes, los de Julia y Tobías, maravillosamente escritos y mejor interpretados, por unos excelentes Julia Jentsch y Felix Kramer. La jovencísima Laeni Geiseler les ofrece una perfecta réplica en el personaje de la Marielle del título, esa hija súbitamente dotada de telepatía, que asiste a la desintegración del matrimonio de sus padres, una vez que los secretos y mentiras saltan por los aires. Marielle lo sabe todo es una obra que, pese a buscar la reflexión y (por qué no decirlo) la provocación, lo hace de manera entretenida, dejando espacio para alguna que otra sonrisa, aunque sea de incomodidad. Le falta algo de riesgo formal, ya que su minimalismo podría ser confundido con pobreza visual (algo que se puede justificar, viniendo de un cineasta novel, que aún tiene que encontrar su personalidad), y cierto desvío final hacia la moralina deja la sensación de que sus responsables no han tenido la valentía de llevar su fabulosa premisa hasta sus últimas consecuencias. Aun así, no deja de ser una notable muestra de cine europeo arriesgado y original (carne de remake hollywoodiense), que, con su ácida historia de desmitificación familiar, habla, también, de la pérdida de la inocencia y de la hipocresía de unos adultos que se escudan en mentiras y una inestable fachada de perfección para esconder sus deseos reprimidos, sus insatisfacciones (sexuales y sentimentales) o esos complejos que les hacen más vulnerables a los ojos de los demás. ♦


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