|| Críticas | ★★★☆☆
Marielle lo sabe todo
Frédéric Hambalek
Desenmascarando a los perfectos padres
José Martín León
ficha técnica:
Alemania, 2025. Título original: Was Marielle weiß. Dirección: Frédéric Hambalek. Guion: Frédéric Hambalek. Producción: Tobias Walker, Philipp Worm. Productoras: Walker Worm Film, ZDF. Fotografía: Alexander Griesser. Montaje: Anne Fabini. Reparto: Julia Jentsch, Felix Kramer, Laeni Geiseler, Mehmet Atesci, Moritz von Treuenfels, Sissy Höfferer, Victoria Mayer.
Alemania, 2025. Título original: Was Marielle weiß. Dirección: Frédéric Hambalek. Guion: Frédéric Hambalek. Producción: Tobias Walker, Philipp Worm. Productoras: Walker Worm Film, ZDF. Fotografía: Alexander Griesser. Montaje: Anne Fabini. Reparto: Julia Jentsch, Felix Kramer, Laeni Geiseler, Mehmet Atesci, Moritz von Treuenfels, Sissy Höfferer, Victoria Mayer.
El guion no trata de buscar explicación alguna a esta capacidad casi clarividente, haciendo que, rápidamente, tanto el espectador como los personajes de los padres, la acepten como algo "normal" contra lo que no se puede luchar. La premisa es absolutamente demoledora, ya que convierte a una menor de edad, que todavía necesita recurrir a sus progenitores como referentes de "lo que está bien", en testigo, por un lado, del flirteo de su madre con un compañero de trabajo, también casado, con el que da rienda suelta a sus fantasías sexuales más ocultas, cada vez que se escapan a fumarse un cigarrillo (cosa que juraba no hacer), y, por otro, del débil carácter del que su padre hace gala en su trabajo, siendo continuamente ninguneado y puesto en duda por el resto de compañeros. ¿Puede haber algo más devastador para unos padres que tu hija conozca todos tus pecados y mentiras, y esta se encargue de reprobártelos? A esto se enfrentarán Tobías y Julia, quienes, en principio, se niegan a pensar que lo que sucede no sea otra cosa que una broma pesada de su hija (incluso se baraja la posibilidad de tener los teléfonos hackeados), pero terminan aceptando la realidad, ante la precisión de las informaciones que la niña les da de cada uno de sus movimientos diarios. Con semejante panorama, Marielle lo sabe todo se mueve con soltura entre la comedia negrísima, el género fantástico (aunque los elementos sobrenaturales estén integrados en la trama de manera muy natural) y el drama psicológico, con algunos momentos que sorprenden por su crueldad y otros (los sexuales de la madre, ya sean dialogados o llevados a cabo) que llegan a incomodar por su crudeza. Hambalek, a la manera del Todd Solondz de Happiness (1998), disecciona con bisturí, y no poca ironía, a la típica familia perfecta, desnudándola moralmente ante el espectador, mientras saca a relucir toda la basura que cada uno de sus miembros oculta bajo la alfombra.
No cabe duda de que estamos ante un debut más que prometedor, que trae consigo ideas brillantes que, también es verdad, no terminan de ser explotadas del todo por un realizador todavía algo inexperto para manejar tanta ambición. La historia tiene chicha y consigue que cualquier espectador se pueda sentir identificado con las miserias de sus personajes, ya que es que poca la gente que pasaría ese filtro de que alguien controlase cada uno de sus movimientos, sin tener algo de lo que avergonzarse. Tentaciones fuera de la pareja, mentiras piadosas, pensamientos que no se dicen por no enturbiar la "estabilidad" familiar... Las debilidades del ser humano, representadas en unos personajes, los de Julia y Tobías, maravillosamente escritos y mejor interpretados, por unos excelentes Julia Jentsch y Felix Kramer. La jovencísima Laeni Geiseler les ofrece una perfecta réplica en el personaje de la Marielle del título, esa hija súbitamente dotada de telepatía, que asiste a la desintegración del matrimonio de sus padres, una vez que los secretos y mentiras saltan por los aires. Marielle lo sabe todo es una obra que, pese a buscar la reflexión y (por qué no decirlo) la provocación, lo hace de manera entretenida, dejando espacio para alguna que otra sonrisa, aunque sea de incomodidad. Le falta algo de riesgo formal, ya que su minimalismo podría ser confundido con pobreza visual (algo que se puede justificar, viniendo de un cineasta novel, que aún tiene que encontrar su personalidad), y cierto desvío final hacia la moralina deja la sensación de que sus responsables no han tenido la valentía de llevar su fabulosa premisa hasta sus últimas consecuencias. Aun así, no deja de ser una notable muestra de cine europeo arriesgado y original (carne de remake hollywoodiense), que, con su ácida historia de desmitificación familiar, habla, también, de la pérdida de la inocencia y de la hipocresía de unos adultos que se escudan en mentiras y una inestable fachada de perfección para esconder sus deseos reprimidos, sus insatisfacciones (sexuales y sentimentales) o esos complejos que les hacen más vulnerables a los ojos de los demás. ♦










