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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Ibérico 2026 | Tercera jornada

    La identidad suspendida

    Tercera sesión de la 32ª edición del Festival Ibérico

    La actual crisis migratoria perfora también nuevos espacios de observación en el cine. Por ejemplo, la importancia de dialogar con la arquitectura. En Homing (Hansel Rodrigues y Lizzie Atherton, 2026) el espacio de una casa se levanta como un personaje más de la acción. El fortuito encuentro con un desconocido en el jardín de una familia de clase media sirve para enfocar un relato con distintos puntos de vista. Todo parte del océano, de la inmensidad de unas aguas verticales que la cámara filma como una nave extraterrestre a punto de amenizar. Ese recién llegado irrumpe mojado y desorientado, dialogando con la respuesta urgente y espontanea de cada uno de nosotros. ¿Qué pasaría si dejásemos entrar a una persona desconocida en nuestro hogar? El miedo y la duda hacen acto de presencia en unos personajes ambiguos que interpretan la situación de diferente manera. El espectador, como ellos, apenas conoce nada de ese hombre, que por su comportamiento podría constituir una seria amenaza al establishment familiar. Los prejuicios asaltan viviendo una situación límite de tensión y angustia. Homing juega con los estilemas del home invasion, género cercano al terror, sin embargo, su apariencia se acerca más al estilo minimalista e incómodo del Haneke de Funny Games. Un cine social filmado con empuje y energía y un adecuado sentido del tiempo y del espacio. La casa, ubicada en las costas de Inglaterra, simula efectos de organicidad y vida propia. Una estructura laberíntica que nos trae a la memoria la plasticidad de la casa de Parásitos, entendida como pirámide social y resonancia de las actitudes naturales e intrínsecas del colectivo. Un trabajo de la escuela de cine (ESCAC), producido por el director Juan Antonio Bayona.

    Para los artífices de Chicken Jazz (Imanol Ruiz de Lara, 2025) la trompeta es el macguffin de la historia. Un instrumento que sirve de engarce para reflotar sentimientos enterrados del pasado. Es el motor o caja de música que despierta a Teo (Tamar Novas) del letargo en el que vive. La vida de Teo transcurre monótona y vacía. Trabaja en la pollería que hereda de su padre. Un negocio ruinoso, y destartalado que parece cobijar la existencia gris del protagonista. Su director recrea un mundo extraño en donde el tiempo pasa lentamente. El pollo, aparte de un disfraz, o máscara, ilustra la doble personalidad de Teo, un alter ego, una imagen que recuerda a la del conejo gigante, amigo de James Stewart, en la maravillosa El invisible Harvey. Una especie de cuento navideño o fabula con tintes dickensianos. El ambiente gélido, frio y desapacible traduce las emociones del protagonista que no tendrá más remedio que replantearse su vida con la llegada de Andrea (Susana Abaitua), su ex, y de la trompeta que trae consigo. Una bonita fabula de reconciliación y de amor por la música que cuenta además con la breve aparición del talismán Ramón Barea (presente en tres cortometrajes de esta edición).

    En Navajeros (Eloy de la Iglesia) los miembros de la banda del Jaro se reunían todos los días en los descampados periféricos de San Blas o Tetuán. Los bares o locales de alterne eran otros puntos de encuentro en el que beber, escuchar música o planear golpes callejeros. Polígono X (Néstor López, 2025) se apropia convenientemente del lenguaje tradicional del cine quinqui para contarnos las peripecias de un grupo de chavales que se reúnen en las canchas de su barrio para jugar al futbol. La principal virtud del filme reside en la forma en la que López ejecuta la acción, a través de un plano secuencia fluido y orgánico, que pone al espectador en el centro del lugar. De esa forma el director expande las posibles lecturas e interpretaciones del relato, al reflejar la realidad de la calle y ese aire directo y mareante del cine de pandillas callejeras. La cancha es el espacio limítrofe que excluye a los brasileños del barrio de al lado, en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en un mismo campo de batalla. Néstor López destapa las conductas racistas y violentas de ciertas masculinidades enfrascado en un estilo visual entre el western urbano de Walter Hill, y el cine quinqui de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma. Juan José Ballesta sobresale en un reparto coral de actores no profesionales.

    Jervasío
    (David Rosel, Félix Bollaín, 2025) es una breve cinta de animación de carácter 100% punk. En la mañana siguiente de su 27 cumpleaños Jervasio es sorprendido por el revisor del tren sin el billete de transporte correspondiente. La ficción propone entonces un divertido duelo entre el revisor y el joven que traspasa las fronteras de lo real. Una metáfora del espíritu de resistencia ante las dificultades de la vida cotidiana, y también una curiosa parábola antisistema. Cuenta con las voces de los actores Ricardo Gómez y César Tormo.

    La barraca (Julia Castaño, 2025) pertenece a ese grupo de películas rodadas desde un punto de vista personal, intentando establecer una clara sintonía con el espectador. En plena temporada de verano uno empatiza fácilmente con Joana (Julia Fortaña), una de tantas personas que trabajan de cara al público en bares y restaurantes. No es fácil ver los toros desde la barrera, o, mejor dicho, desde la barra de un bar, lugar al que su directora nos emplaza para experimentar la ansiedad, angustia y estrés al que son sometidos los trabajadores que lidian, en circunstancias extremas, con todo tipo de clientes. Castaño halla en su historia ese estado de frenesí constante, de no poder parar un solo segundo ni para respirar. Una obra de lenguaje tangible que se toca, sufre y siente alrededor de una cámara integradora, colocada en primera línea de batalla.

    Los periodistas interpretados por Redford y Hoffman en Todos los hombres del presidente teclean sin parar con sus máquinas de escribir. Esa mecánica repetida una y otra vez sin cesar simula el sonido de unas metralletas disparando. La información es una bala que Alan J. Pakula transmitía por medio del repique y golpeteo de la dactilográfica, usada por los periodistas como arma arrojadiza. En la inclasificable Noites mais faceis (Joao Pedro Mamede, 2025) los títulos iniciales aparecen sobreimpresionados en una hoja de Excel del ordenador y los del final emulan el sonido de esas viejas computadoras e impresoras de trabajo y oficina. Un edificio tétrico, sombrío y lóbrego filmado como una especie de prisión, en donde sus oficinistas siguen un ritmo de trabajo infernal bajo las miradas de control y acoso de los encargados. Una obra extraña, misteriosa, que alterna todo tipo de géneros y estilos, para acabar encontrando un híbrido maravilloso entre el cine surrealista de Terry Gilliam y el horror liminal de moda. Su director juega con el espectador en un brillante ejercicio de estilo teatral, con fugas absurdas y delirantes – la secuencia musical – y un mensaje codificado acerca de la alineación del individuo y las cadenas impuestas por el trabajo.

    El cine es una droga. El soporte fotoquímico, actualmente pieza de museos y reliquias, arrastra un magnetismo cegador que nos impide apartar la mirada. El celuloide suspende la identidad de aquellos que de alguna manera han manipulado sus esencias. Lo sabía muy bien Iván Zulueta, hasta el punto de comparar en Arrebato (1980), la adicción a la heroína con la del celuloide. Cuestión de enganche y de identidad vampírica.

    Los murciélagos han abandonado el campanario (Alfonso Bernal, Manuel Bernal, 2025) es el proyecto final de estudios de dos hermanos cineastas. Un cortometraje contado desde la melancolía, que lo convierte en un trabajo de temprana madurez dada la pasión desmedida que se desprenden de sus imágenes. Rodado en 16 milímetros, emulando las texturas y el grano del cine antiguo, también es un homenaje indisimulado a las películas de Bela Lugosi y el cine de Jess Franco, envuelto en un tono sarcástico de comedia negra. Sin embargo, esas hechuras no impiden ahondar en un enfoque más profundo y reflexivo acerca del vampirismo de una sociedad dormida buscando despertar. Nacho Sánchez interpreta a ese chupasangre que lidera una peculiar comunidad aislada en un castillo abandonado, con la intención de poder rodar la puesta del sol. La hermosa idea de un plano final con el que enterrarse para siempre es, a fin de cuentas, la esencia principal de este interesantísimo corto, que ganó el premio a mejor cortometraje de escuela en los Fugaz 2026.

    El oficio de actor no es solo el lujo y oropel de las grandes estrellas de cine. Existe una invisibilidad latente en esos miles de actores sacrificados en un segundo o tercer plano, trabajando casi a hurtadillas, o de manera no profesional. Recordemos ese bello tributo a los cómicos ambulantes que significó El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986). In memoriam (Teresa Bellón, Cesar F. Calvillo, 2025), el corto que marca el final de esta edición, habla precisamente del vacío de un actor en un oficio no siempre agradecido. Básicamente un artefacto que mira al cine dentro del cine con ironía y mala leche. Los entresijos de la industria y la mirada distante de un lenguaje sencillo en el que la cámara asimila su condición demiúrgica, favorecen el humor negro de este divertido trabajo de comedia. Y tratándose del mundillo del actor no podemos pasar por alto sus excelentes interpretaciones, en especial, la brillante actuación de Cristina Soria. ♦

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