Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | La odisea

    || Críticas | ★★★★★
    La odisea
    Christopher Nolan
    Por el placer de narrar


    Raúl Álvarez
    Madrid |

    ficha técnica:
    EE.UU. 2026. Título original: The Odyssey. Director: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Productores: Christopher Nolan, Emma Thomas, Thomas Hayslip, Zakaria Alaoui, Hjortur Gretarsson, Erik Paoletti, Kostas Raftopoulos. Productoras: Universal Pictures, Syncopy, Wildside. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Ludwig Göransson. Montaje: Jennifer Lame. Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, Samantha Morton, Jon Bernthal, John Leguizamo, Elliot Page, Himesh Patel. Duración: 2 h 52 min.

    En apenas mes y medio los estudios Universal han estrenado sus dos «eventos cinematográficos» del verano. El primero fue El día de la revelación (Disclosure Day, 2026), que por desgracia lo que reveló es lo poco que queda de un cineasta, Steven Spielberg, que solía ser la imagen de la ambición y el vértigo cinematográficos; la película en cambio masca un chicle pegado y no se atreve a salir de los interiores. La segunda es La odisea (The Odyssey, 2026), que acaso sin pretenderlo, pero lo hace, viene a representar todo lo contrario; el éxtasis de un creador, Christopher Nolan, en la cima de su carrera. Por poder, por prestigio, por éxito de crítica y público, Nolan es en estos momentos lo que ya no puede ser Spielberg: un cineasta que afronta cada nuevo proyecto con la energía y la obsesión de quienes se sienten impelidos a contar historias. Y es precisamente este impulso, el placer de narrar, lo que hacía inevitable que un día Nolan se encontrara con Homero, el primer gran contador de historias de la literatura occidental.

    Su Odisea es ante todo eso; un fascinante ejercicio narrativo que se despliega durante tres horas sin perder ni un ápice de pulso ni tensión, y mostrando una magnitud y un colosalismo que muchos dábamos por muertos en el cine contemporáneo. En lugar de encerrarse, como tantos otros, en sets virtuales o platós ‘hipertecnificados’ con la excusa de que sus ideas son más grandes que el mundo, Nolan sí sale al mundo para convertirlo en el escenario de sus ideas. El presupuesto luce espléndido en las diversas localizaciones de Marruecos, Italia, Grecia e Islandia. Así, a la manera de su Odiseo (bien Matt Damon, generoso en matices), el director de Interstellar (2014) sabe que se hace camino al navegar, por lo que plantea su adaptación de la obra de Homero como un viaje cuya meta y desenlace –conocidos por casi cualquier espectador, aunque no haya leído el libro– son menos importantes que cada puerto donde recala su heroico protagonista. Se trata de disfrutar de esas paradas, que Nolan concibe como narraciones autónomas si bien cosidas a su principal hilo temporal, los flashbacks que median entre el regreso de Odiseo y los desvelos de Telémaco (Tom Holland) y Penélope (Anne Hathaway) en Ítaca.

    El resultado de este planteamiento es una estructura episódica que satisfará de manera imprevista tanto al público acostumbrado a la serialidad televisiva como a los amantes de los cantos homéricos. Porque la Odisea, cabe recordarlo, no es una novela lineal, sino un poema épico en verso que recopila episodios míticos compuestos para ser recitados ante públicos distintos. Una aventura aquí, otra allá… De tal manera que el viaje fantástico de Odiseo daba paso a un viaje no menos maravilloso, el de los rapsodas que cantaban las glorias del héroe durante su errar por las polis de la antigua Grecia. Nolan ha sido capaz de añadir una tercera dimensión a esta experiencia tempo-narrativa, tal es la materialización en imágenes y sonidos originals, de gran fuerza icónica y pregnancia sensorial, de un mundo mítico que muchos seguimos asociando a la creatividad de Ray Harryhausen, los logros puntuales de la moderna Ira de titanes (Wrath of the Titans, Jonathan Liebesman, 2012), las ilusiones lúbrico-estéticas de Tarsem Singh en Immortals (2011) o, por qué no decirlo, el genuino sentido de la maravilla de Ulises 31 (Ulysse 31, 1981-1982). El equipo técnico y artístico de esta Odisea ha conseguido, por fin, actualizar y colocar el imaginario griego a la altura del de la Roma imperial, mucho más frecuentado por el cine. Y lo ha hecho con una mezcla de realismo sucio y fantasía onírica que, por una parte, justifica y disculpa cualquier error histórico –una sandez, porque nos movemos en el terreno de los mitos– y, por otra, sitúa la película en un fascinante terreno liminal entre la épica, el terror y la aventura clásica del «regreso al hogar».

    Pero hablábamos de paradas, puertos y encuentros, y pocos en esta Odisea tan logrados como las escenas en Troya y en la cueva del cíclope, el enfrentamiento contra los lestrigones (gigantes carnívoros) o las apariciones, más fantasmáticas que divinas, de Atenea (Zendaya), Calypso (Charlize Theron) y Circe (Samantha Morton). Nolan ha sabido extraer de todos estos episodios los dos elementos nucleares que convierten la Odisea en una narración universal, capaz de conectar el mundo de Homero con el nuestro y el porvenir: la inutilidad de la guerra y la soledad como destino final de dioses (ideas) y hombres (pasiones). Estas consideraciones resultan al final mucho más interesantes que las posibles lecturas políticas derivadas, fundamentalmente, del personaje de Antínoo (Robert Pattinson), el líder violento y sin escrúpulos de los pretendientes de Penélope. Es fácil establecer paralelismos entre la decadencia de Ítaca y la de los actuales Estados Unidos, ambos a merced de mercaderes que aprovechan la ausencia o la inacción de hombres y mujeres con principios solidarios.

    Nolan no es un cineasta sutil a la hora de comentar el presente –ahí está su Batman como ejemplo palmario de su visión binaria de las cosas: blanco o negro, buenos o malos–, pero sí es un autor que no esconde sus preferencias ideológicas, lo cual palía de alguna manera su hasta cierto punto simplismo político. Por eso es de agradecer que su Odisea, aunque un tanto naif, más platónica que aristotélica, confirme que estamos ante un director que se gasta cientos de millones de dólares en decirnos que vamos por el mal camino y que acaso la solución sea recuperar el sentido comunitario en un mundo ferozmente individualista. Volver la vista a Grecia. A quien no vea, no esté de acuerdo o prefiera obviar este mensaje, le queda un monumento a lo que el cine fue en algún momento del pasado: la posibilidad de otra vida, la búsqueda de un sueño.♦


    lady nazca letterboxd whatsapp

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción