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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | The Day She Returns (그녀가 돌아온 날)

    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    The Day She Returns
    Hong Sang-soo
    Clase magistral de interpretación ante la cámara


    Ignacio Navarro Mejía
    Berlín |

    ficha técnica:
    Corea del Sur, 2026. Título original: «Geunyeoga doraon nal / 그녀가 돌아온 날» (The Day She Returns). Dirección, guion, fotografía, montaje y música: Hong Sang-soo. Compañía: Jeonwonsa Film. Producción ejecutiva / Jefe de producción: Kim Min-hee. Festivales: 76.º Festival de Berlín (Panorama). Distribución en España: Atalante Cinema. Reparto: Song Seon-mi, Cho Yun-hee, Park Mi-so, Ha Seong-guk, Shin Seok-ho, Kim Sun-jin, Oh Yoon-soo, Kang So-i. Duración: 84 minutos.

    Hoy en día, cualquiera puede rodar una película con un equipo muy limitado, usando incluso la cámara del móvil, rodeándose de colegas o conocidos y montando los archivos en el ordenador. La inmensa mayoría de las películas que llegan a nuestras salas siguen siendo el producto de una industria con ciertas exigencias de presupuesto y organización: al margen de lógicas variantes, asistimos siempre al resultado pulido de un trabajo en equipo, con múltiples departamentos y mucho dinero invertido, para asegurar que desde la iluminación hasta la decoración, pasando por el sonido o la edición, veamos una película donde todo queda ensamblado para deleite del espectador, que no es del todo consciente de esas partes previas que han concurrido a dicho resultado. Sin embargo, hay excepciones, como las películas de Hong Sang-soo. Este prolífico cineasta coreano, en efecto, plasma sus historias con un creciente minimalismo, cada vez más reducidas, en lo que podría llamarse una segunda etapa de su carrera (aunque sin romper abruptamente con la primera), en cuanto a metraje, actores, localizaciones, cambios de escenas o la mera resolución de la imagen, menos depurada y definida que en los estándares a los que estamos acostumbrados. Esta deriva no es por dejadez o escasez, sino consecuencia de una decisión tanto narrativa como estética, de rebeldía y en reacción a esos parámetros habituales del cine comercial. En algunas de sus cintas no se percibe tan claramente tal decisión, y para quien esto escribe no acaban entonces de funcionar como ejemplo marginal de una visión a contracorriente, sino que quedan en algo casi anodino.

    No es el caso de su última obra, recientemente presentada en la Berlinale, aunque en una sección paralela, no a competición, donde ha figurado en otras ocasiones. La relegación de categoría podría justificarse en esa frecuencia de producción que aconseja dar paso a otras voces, o en la consideración de esta como obra menor, algo que su somero análisis desmiente. The Day She Returns tiene, eso sí, una sencilla premisa: la vuelta al foco de una actriz reputada y algo olvidada, que acaba de rodar una película y que por ello es entrevistada de forma sucesiva, en la habitual jornada que suele dedicarse a estos menesteres de promoción, para en teoría compartir su experiencia de trabajo… lo que pronto se revela una suerte de MacGuffin. En concreto son tres las entrevistas a las que asistimos (se arranca in medias res), por lo que la película tendría una estructura en tres partes, aunque esto luego se trastoca para añadir otra dimensión interpretativa a la historia. En realidad, como es típico de Hong, la estructura es más cíclica o superpuesta que lineal, pues las tres entrevistas son como reflejos unas de otras, con la misma localización (en un restaurante de inspiración alemana, cuyas referencias autoconscientes suscitaron risas en todos los pases de la Berlinale), análoga puesta en escena (plano fijo general durante el diálogo, sin apenas cortes y con algún zoom in o zoom out marca de la casa, pues fuera de campo quedan el director y otros personajes invisibles del restaurante) y conversación en buena medida redundante. En efecto, la actriz protagonista habla de casi todo menos de la película que ha rodado, pero al mismo tiempo se cuida de trasladar un mensaje constante a sus interlocutoras, poco preocupadas igualmente de preguntarle acerca de dicha película, con variaciones de matiz en una conversación falsamente espontánea.

    En este sentido, a través de esta charla, Hong deja claro su desdén por el cine comercial, desde una posición, eso sí, que exige involucrar al espectador como un participante más de la acción, como si también estuviera sentado en esa mesa o como si estuviera asistiendo a lo que en ella se debate, desde la misma posición que el director. De ahí la correspondencia entre fondo y forma que vuelve especialmente brillante esta película, sobre todo porque, volviendo a los temas de conversación, no lo hace de manera didáctica, sino con unos diálogos que no parecen responder a una idea preconcebida (ni a la del director ni a la de una supuesta entrevista), sino surgir sobre la marcha según lo que se les vaya ocurriendo a los personajes, lo que les apetezca transmitir o lo que les suscite el intercambio de opiniones. En fin, como una conversación cotidiana cualquiera. Con todo, sí hay claramente un director que ordena lo que se expone (aunque su personaje permanezca fuera de campo, como decíamos, en un recurso metalingüístico genial, que incluso dota de cierto aire documentalista a la acción), condicionando tanto la duración de la charla como su punto de vista. Esto se confirma en lo que sigue a la sucesión de las tres entrevistas, revirtiendo una de las ocurrentes (y quizá hipócritas) afirmaciones de la actriz, contraria a que todo lo que se diga o se haga sea interpretado. Este añadido del metraje se sale de la estructura anterior, quiebra su coherencia intrínseca y resulta algo anticlimático, pero también es necesario para redondear la propuesta y emitir un juicio cabal sobre lo que ha antecedido. Con todo ello, The Day She Returns gustará a los fieles seguidores de Hong y atraerá, esperamos (pues así le ha sucedido a un servidor), a otros espectadores más inquietos (en el sentido más físico de la palabra), ya que estamos ante una película que lleva en sí misma el coloquio con la sala de cine, superando de esta manera sus múltiples y autoimpuestas limitaciones (al menos, de nuevo, en su sentido físico o material). ♦


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