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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Rose

    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    Rose
    Markus Schleinzer
    La libertad de los pantalones


    Carlos Ibarra Grau
    Berlín |

    ficha técnica:
    Austria, Alemania, 2026. Título original: «Rose». Dirección: Markus Schleinzer. Guion: Markus Schleinzer, Alexander Brom. Compañías: ROW Pictures, Walker + Worm Film, Schubert Füm. Festival de presentación: 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín - Berlinale (Competición Oficial - Oso de Plata a la mejor interpretación protagonista). Distribución: Vértigo Films. Fotografía: Gerald Kerkletz. Montaje: Hansjörg Weißbrich. Música: Tara Nome Doyle. Reparto: Sandra Hüller, Caro Braun, Marisa Growaldt, Godehard Giese, Augustino Renken, Robert Gwisdek, Maria-Victoria Dragus. Duración: 93 minutos.

    Nadie hubiera previsto que el director de casting de películas perturbadoras como La pianista o La cinta blanca de Michael Haneke, como otras tantas del provocador Ulrich Seidl, fuera capaz de escribir y dirigir un filme alejado del desasosiego y la controversia, elementos tan habituales en sus compatriotas austriacos. Menos aún tras su debut en la dirección en 2011 con Michael, filme de apabullante frialdad que relataba la cotidianidad en la vida de un pedófilo que había secuestrado a un niño de diez años.

    Porque la Rose de Marcus Schleinzer es una película fabulística, calmada y hermosamente narrada. Rodada en la región de Harz en el corazón de Alemania, una zona mística y boscosa famosa por sus leyendas de brujas, es un entorno de cuentos de hadas irrumpido por una suave voz en off femenina; con cuidada cadencia, nos anuncia la llegada a una aldea humilde de una mujer, una que se hace pasar por un hombre en la Alemania del siglo XVII, terminada la Guerra de los Treinta Años. La herida de esa guerra que deforma parcialmente su rostro -tras un impacto de bala- le confiere un aspecto conveniente para el engaño, una cara algo hinchada y desfigurada con la que se presenta ante los aldeanos.

    La mujer-hombre porta unos documentos oficiales que le hacen heredero de una granja del lugar. Pese a las sospechas iniciales de los habitantes, su porte recto y vestimenta distinguida, la sobriedad y confianza en sí mismo le confieren tal respeto que pronto lo interpelaran con el calificativo reverencial de “maestro”. La credibilidad del ardid reside en un firme y comedido comportamiento del personaje interpretado por Sandra Hüller, la actriz europea del momento, excepcional en su voz ligeramente arrugada, su caminar algo renqueante que nunca se asoma a la impostura o sobreactuación. Su sombrero y su continuo mascar (que no tabaco sino la bala que le fue extirpada, como recordatorio del pasado) casi la convierten en una arquetípica a la par que nada convencional cowgirl.

    Si hay algo común a los tres filmes de Schleinzer es el reflejo de la otredad, la representación de personajes marginales: el pedófilo en Michael, el sirviente africano durante la época del absolutismo monárquico europeo en Angelo y ahora una mujer soldado “reconvertida” a hombre con el fin de vivir. Otro director germanoparlante, Christian Petzold, preguntado en una ocasión sobre por qué el protagonista en sus películas eran siempre mujeres, alegó que le resultaban más interesantes dado que (dixit) “Männer leben, Frauen überleben”: los hombres viven, las mujeres sobreviven. Como sobrevive el espíritu de Carl Theodor Dreyer en Rose, por la nitidez de un paisaje rural y de hermosa vegetación, por su referencia directa a La pasión de Juana de Arco y por incorporar el milagro como lo hizo Ordet. Un milagro aquí distinto, pero también biológico. A nivel formal y sin ánimo de caer en la retranca hiperbólica, el blanco y negro de luz bergmaniana de Rose es una apuesta visual espléndida.

    En un mundo dominado por los hombres y marcado por su ambición, “el maestro” se comporta como tal queriendo construir un pequeño imperio. Así, con tal de expandir sus terrenos, acepta un matrimonio con una joven ignorante de nombre Suzanna, quien guarda sus propios secretos. La actriz novel Caro Braun debuta como un magnífico contrapunto al protagonista, uno inocente y dulce que va girando hasta evocar las hipnóticas secuencias de silencio y conversaciones junto a la chimenea de Daniel Day Lewis y Vicky Krieps en El hilo invisible (2017). Pero Schleinzer, a diferencia del filme de Paul Thomas Anderson, dota a su narración de un ritmo ágil en una excelente labor de montaje, una cámara tranquila que sabe observar paciente a la vez que evita siempre recrearse, eligiendo siempre ser breve. Un equilibrio remarcable. En esta coproducción austroalemana, Rose y Suzanna logran crear su propio rincón de libertad en un mundo que, por lo demás, niega a las mujeres casi cualquier cosa. Así, la hermosa voz en off prosigue hasta el final su historia, con el tono constante de fatalismo habitual de estos relatos. El guion es el resultado de una copiosa labor de investigación del propio cineasta austriaco, donde se recopilaron decenas de casos reales de los últimos siglos de mujeres que se hicieron pasar por hombres. Así, Rose es la reencarnación de muchas historias de muchas mujeres, trasportadas ahora al cine en forma de una especie de pareja queer pionera que ha encontrado una forma de sortear una miseria a la que, de otro modo, estarían destinadas. Un minúsculo, pero al fin y al cabo, oasis de libertad otorgado por los pantalones. ♦


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