«Déjame contarte un cuento, un cuento del mar, pero tienes que ir bajo tierra, entre las piedras»
Fotografía | Maria Contreras Coll.
Entrevista a Irene Moray
Directora de Plancton
Una mirada, un beso, una caricia. Los afectos son herramienta política en el cine de Irene Moray. Su cámara, cercana al rostro, atenta a la ternura del gesto, explora cuestiones como el abuso y el bloqueo emocional. Su emergente trayectoria como directora y guionista bascula entre la comedia gamberra con acento berlinés –como Bad Lesbian (2018)– y dos relatos que destilan un profundo humanismo. Si en Suc de Síndria (2019), el corto con el que ganó el Goya, un simple juego de pareja con trozos de fruta le servía a Moray como suave preliminar de una emotiva escena de sexo reparador; en Plancton (2025) opta por una historia más indefinida que la anterior, liberada de patrones narrativos. El protagonista se llama Joel, un joven escritor en crisis que se reencuentra una mañana de verano en el Cap de Creus con Cloe, un antiguo amor. Esta vez, las imágenes parecen impregnadas de una dimensión mística que invoca la fábula mediante una dulce voz en off. Asimismo, el drama intimista –un territorio natural en el cine de Moray– dialoga con otro registro. La directora incorpora pinceladas de fantástico a través de una atmósfera de resonancias mitológicas. En cuanto al reparto, Clara Sans y Malcolm McCarthy protagonizan esta propuesta de estimulante poética que, el año pasado, compitió en Locarno, Valladolid y Gijón. Ahora, con el corto todavía optando a selección en festivales, aprovechamos una mañana de invierno para quedar con Moray en Barcelona. Nos reunimos en el bar La Ikas de Gracia. Allí nos espera una charla entre infusiones, lejos del frío y el ruido.
¿Qué te han regalado estas navidades?
Pues mira, esta bufanda de cashmere, que me ha ido perfecto porque llevo un mes de gira.
La gira de la obra Del fandom al troleo de Berta Prieto.
Sí. ¡Llevo un mes de afonías y catarros!
El regalo perfecto.
Total.
Es un tópico, pero necesito preguntarlo. ¿Deseos para este 2026?
¿Sabes que no lo he pensado? A ver, este año ruedo mi primera peli y creo que... Lo que estoy intentando es preguntarme cómo puedo hacerlo para estar preparada, que me salga bien, enfocar el trabajo y que no me abrume... Este 2026 es muy mi primer largometraje.
¿Quieres compartir algo?
Bueno, puedo compartir que se titula Pell de foca y es una peli que aborda cierto realismo mágico.
Piel de foca abreviado es pdf.
¡Total! Abrir el archivo pe, de, efe, punto, pe, de, efe. [Carcajadas]
Has mencionado el realismo mágico y, justamente, en Plancton abordas una atmósfera que invoca el lenguaje fantástico.
Es curioso porque, en Suc de Síndria, aunque parezca que no, había muchas ganas de que una de las escenas fuera un poco fantástica, pero no salió por temas de luz. Básicamente, yo era la directora de foto. [Ríe] Lo que quería era darle una atmósfera poética que parte de mi forma de entender la vida a través de la magia. Como espectadora y como lectora es algo que siempre me ha interesado. También tengo la sensación de que, después del largo, la historia de Plancton se entenderá mejor.
En la escena mágica de este corto, dos amantes se bañan de noche y el agua brilla como si fuera de otro mundo.
Es una imagen que tuve desde el principio y que da nombre al corto. Para mi tiene un significado muy concreto, pero es curioso cómo cada uno lo interpreta de forma distinta.
Es muy interesante el juego lumínico que activas en esta escena.
Da la sensación de que están entrando en un lugar donde puede haber almas o seres extraños. Es como si fuera el inframundo. Están cruzando un umbral y parece que descienden a un espacio que no pertenece a lo humano.
¿Y el color que adopta el agua a través del plancton luminiscente? ¿Cómo ha sido el proceso de etalonaje?
Para esta escena, instalamos unas luces sumergidas que tintaban el agua de verde. No podían ser luces fuertes para tener margen de maniobra en la sala de montaje. Luego, el proceso de VFX, donde creamos las partículas luminiscentes, fue complicado. Esto me lleva a pensar en lo dura que va a ser la pospo de la peli, porque habrá un nivel heavy de VFX.
¡Todo un reto!
Sí.
¿Y por qué el verde?
Intuición. Realmente, en la escena, el agua no es del todo verde. La luz vira más hacia el azul.
Eso parece.
En cualquier caso, para mí es el verde. Creo que es un color que representa la esperanza, pero también se utiliza para evocar el mal. Me acuerdo de La bella durmiente, de cómo el verde se vincula con el maleficio.
En Vértigo es sinónimo de muerte cuando Kim Novak regresa de entre los muertos bajo la mirada obsesiva de James Stewart.
Yo creo que el verde abre una doble o triple lectura que también apunta a lo insondable, a los misterios de la naturaleza.
¿Y el diseño de sonido?
Mucho trabajo. ¡Todas las capas las hice yo con foley!
En la escena de sexo, también generas una atmósfera sonora envolvente que parece abrigar al espectador.
He trabajado con Xavi Saucedo en todos mis cortos. Me gusta mucho currar en su estudio. Es muy friki y me gusta frikear con él. Me acuerdo de que un día estábamos trabajando en el proceso de foley y me dijo que no podíamos hacer sonido de pieles rozando porque no había dinero. ¡Pues lo hacemos nosotros!, le dije, y me contesta que esto es muy difícil de hacer. Y yo: ¡tu déjame el micro! [Ríe]
Qué dijo tu productora Marta Cruañas al respecto?
Que si no me va bien como directora, me podría dedicar al foley. [Risas] Lo que sí teníamos claro en la escena sexual es que, a través del sonido, no sólo se muestra una pareja compartiendo intimidad, sino que la naturaleza interviene, que el agua y el viento también participan en este encuentro.
¿Y la dirección de foto con Nuria Gascón? ¿Qué os han inspirado a la hora de componer las imágenes?
Un referente en concreto es Bill Brandt. Su retrato de cuerpos en angular, un poco abstracto, fotografiados en estudio o en una playa. Y al mismo tiempo quería usar recursos del cine de terror, pero trasladarlos a un drama intimista. De hecho, para Joel, el protagonista del relato, abrirse emocionalmente ante una chica [Cloe] es algo terrorífico. Lo importante era generar el vértigo que siente hacia el cuerpo de la chica y hacia la naturaleza.
Justamente, las imágenes de cuerpos desnudos compartiendo intimidad conectan con tu experiencia como fotógrafa.
Para mí es algo natural, pero me he dado cuenta de que a mucha gente le incomoda. En Letterboxd hay comentarios negativos. En uno de ellos, alguien pregunta por qué es tan larga la escena de sexo.
«Plancton es una respuesta a la intriga sobre qué pasa con la crisis de la masculinidad, de chicos de mi alrededor que quieren hacer las cosas bien, pero no tienen un referente claro».
Es curioso porque abordas el sexo de forma afectiva, con la cámara cercana a unas miradas que destilan confianza.
Sí, pero incluso en Suc de Síndria hubo gente que me decía que, en las escenas de sexo, aunque no se ven los cuerpos, se sentía invadida.
En este sentido, parece que ambos cortos dialogan.
En Suc de Síndria exploré menos lo masculino. Al personaje le da miedo el agua y al final de la historia consigue bañarse, pero me quedé con ganas de más. Expliqué la historia de Bárbara [la protagonista que interpreta Elena Martín] y su problema... ¡Pero él también tiene tela! Lo que pasa es que igual no se lo ha mirado. Y creo que Plancton es una respuesta a la intriga sobre qué pasa con la crisis de la masculinidad, de chicos de mi alrededor que quieren hacer las cosas bien, pero no tienen un referente claro. Creo que es positivo que, desde el feminismo, hayamos replanteado ciertas cosas. Lo hemos hecho desde una crítica a la masculinidad, pero no hemos propuesto una alternativa que aún está por construir.
El bloqueo que sufre Joel, el protagonista de Plancton, no está tan lejos de la realidad de algunos hombres.
A veces, lo he notado en mis amigos y amantes. De ahí las ganas de explorar qué es lo que se mueve aquí y cómo la pareja o la relación entre amantes puede ser un espacio donde se consiguen cosas muy bonitas, pero donde también es fácil recibir daño y repararlo.
¿Sientes que has podido expresar estas cuestiones con el corto?
Realmente, no tengo una respuesta. Quizá por esto el corto es algo críptico. Es una exploración, el retrato de un estado emocional y la posibilidad de un cambio.
¿Por qué elegiste a Malcolm McCarthy como protagonista?
Isabel Coixet me habló de él. Ella fue la mentora de guion de mi primer largo en la Academia de Cine. El caso es que hice un casting y, curiosamente, Malcolm fue la única persona que dijo bien una línea de diálogo que no sale en el corto. Tenía que decir: «Me ha parecido escuchar alguien». Los otros actores decían: «Me ha parecido escuchar algo». Malcolm fue el único que dijo bien la frase. Son cosas pequeñas que marcan la diferencia.
¿Y la actriz Clara Sans?
Siempre me quedó la espinilla de trabajar con ella. Habíamos coincidido en Perra, el videoclip de Rigoberta Bandini. Me gusta como actriz, pero también la estética de su cuerpo, que es grande y curvilíneo. Creo que le da mucho sentido al relato. Cloe, el personaje que interpreta, es una fuerza muy heavy de la naturaleza. Encarna las sirenas, la noche, el terremoto.
Por cierto, en una escena del corto aparece un niño, como si el protagonista volviera a la infancia o proyectase un deseo de paternidad.
El niño es el hijo de Malcolm.
Padre e hijo en un mismo rodaje.
Eso le da un peso al personaje. Para mí, el momento en que se rompe el condón abre una posibilidad a lo paterno.
Y el cuento que Malcolm explica al final, donde se ve a sí mismo como una piedra en la cima de una montaña, ¿de dónde sale?
De un poema que escribí hace tiempo. En la sala de montaje, hicimos muchas pruebas en busca del tono correcto. Al inicio, había más diálogo, pero nos dimos cuenta de que, aunque resultó útil para los actores, no hacía falta incluirlo en montaje. Yo sentí desde el principio que ella estaba recordando el amor que tuvo con él para, finalmente, darle espacio a su voz. Creo que es más honesto así.
Es como si la chica se apoderase con su presencia del Cap de Creus, de sus mitos y leyendas, y que, desde ese territorio, le dijera al chico: Nárrate. Y él, de repente, contase un cuento para explicarse a sí mismo.
Cien por cien. Hay algo de mitológico en ambos personajes, pero no quería entrar en su pasado. Soy consciente de que el corto es como un poemita. De hecho, el inicio funciona como advertencia. Déjame contarte un cuento, un cuento del mar, pero tienes que ir bajo tierra, entre las piedras. Es como si el corto te invitara a un lugar extraño. Por esto hay gente que entra y otra que no.
¿Y qué hay de la convivencia durante el rodaje?
Fue muy guay. Estuvimos cinco días juntos en un camping de Cadaqués. Fueron unas trabajaciones. El primer día rodamos en una casa y a mediodía ya estaba todo el mundo en la piscina y yo: «¡Qué! ¿Dos escenas y ya estáis aquí?». El hijo de Malcolm vino un día con su madre para grabar. Era sólo una escenita, pero fue muy cute.
Por otra parte, has trabajado con una coordinadora de intimidad. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Nos ayudó a prepararlo todo, pero no vino al set. Fue muy útil trabajar con ella. Como Malcolm, también es una persona racializada. Trabajamos un feminismo interseccional. Era importante que Malcolm se sintiera seguro en un espacio donde dominaba la blanquitud. Hablamos mucho de esto.
¿Cómo se llama la coordinadora?
Kali Sudhra. Ella es trabajadora sexual y está implicada en un proyecto de educación sexual. Fue muy guay currar con ella.
¿Esta chica no aparece en el documental Alteritats de Alba Cros?
Sí. Yo la conocí por Erika Lust. Tenemos amigos en común de cuando estuve en Berlín haciendo fotos en el porno feminista.
«Lo que más me gusta es rodar y es lo que menos dura».
¿Y qué hay del proceso de montaje?
Pues me da la sensación de que he montado tres cortos distintos hasta encontrar lo que realmente quería hacer. Yo soy sufridora cuando monto. Lo que más me gusta es rodar y es lo que menos dura. En el rodaje me siento en mi salsa. En la escritura y el montaje lo paso peor. Soy más insegura.
Has montado Plancton con Maria Castan y Alex Sardà.
Con Maria fue más un trabajo de ir probando, pero no pudo seguir porque tenía que montar Estrany riu. Alex es un montador poco obediente. Le hacía la broma de que tenía un látigo que me regalaron un día porque no me hacía caso. Entonces, me resultó útil llevarme el montaje a casa y hacerlo en solitario. Ahí es donde encontré la voz en off que se escucha en el corto. Luego, se lo presenté y él me dijo: ¡Ua! Está chulísimo lo que has hecho. Y yo: ¡Cabrón! ¡Te lo estuve pidiendo tres horas! [Ríe] Yo no sé si es porque es un poco rebelde o qué, pero nos compenetramos así y al final funcionó.
Hablemos de tu paso por Locarno, Valladolid y Gijón. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Hay festivales y festivales. Locarno me gustó. Me lo pasé muy bien. Además, coincidí con amigos que también presentaban peli, pero el festival es un poco frío.
Gijón y Seminci, en cambio, son más familiares.
¡Sí! Se puede hablar más con la gente sobre qué ha entendido. Algunos chicos me decían que la historia les había tocado y, luego, muchas chicas llorando en plan: «¡Mi novio es así! ¡Se lo tengo que pasar!» [Ríe]
Es que Joel es un personaje donde los hombres se pueden proyectar.
También creo que ha sido útil hacer este corto para aprender a rodar más. Yo no he estudiado cine. Quería quitarme la presión después de Suc de Síndria. Vale, fue genial y ahora me ha salido una propuesta más bizarra porque quería encontrar mi voz. Plancton es otra cosa. Mucha gente me decía: «Te ha ido genial. Pasa directamente al largo». Yo quería rodar otro corto.
Pues hasta aquí la entrevista, Irene. Mucho ánimo con Pell de foca.
Gracias, pero espera dos años como mínimo. ¡Y pon velitas para que me den más dinero! [Ríe]
Por cierto, ¿qué te ha salido en la última tirada de tarot?
Que todo es posible, que no me cierre puertas. Bueno, me voy que tengo que seguir escribiendo.
¡Suerte!












