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    Crítica | Rara

    Rara

    Retrato de una familia con excesiva familiaridad

    crítica ★★★ de Rara (Pepa San Martín, 2016).

    Hace unas semanas la revista Film Comment publicaba una entrevista a James Gray sobre su visión de las películas que suelen triunfar en el festival de Cannes, fácilmente extrapolable a otros certámenes. La opinión del cineasta de Queens es que tras la deconstrucción narrativa abanderada por la Nouvelle Vague, el cine que más aplauden los jurados y el público asistente a estos encuentros es el que prosigue ese movimiento, consciente de que el relato clásico es una fantasía, y caracterizado por ciertos elementos técnicos como la cámara al hombro o la austeridad estética. Frente a ello Gray defiende una vuelta a la tradición para sacar el máximo partido a su emotividad, pues una vez descubierta su artificiosidad, no tiene sentido quedarse en su negación sino aprovechar su comprobado efecto anímico. Algo de razón tiene si las señas de identidad este cine “social”, “independiente”, “marginal”, “de autor”, etc. se convierten en sí mismas en un patrón que por coherencia reclamaría su propia superación o reformulación, sobre todo si estas historias, a diferencia de las últimas que ha rodado el mentado director norteamericano, tratan temas espinosos de la actualidad que el discurso de la mayoría suele ignorar. Este sería el caso de la homosexualidad, condición tan natural como otras que nos definen y sin embargo objeto aún de prejuicios, trabas y castigos, llegando hasta penas de cárcel o muerte en algunos países. Empero aún en los Estados desarrollados quedan avances pendientes: sin salirnos de la óptica cinematográfica, valga el dato de que ha habido que esperar a este año para que una cinta de esta temática haya sido galardonada con el Óscar a mejor película, si bien este mismo hecho harto publicitado constituye un descuido discutible, ya que en 1968 triunfó Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy, John Schlesinger). Por exigencias comerciales de entonces ésta debía difuminar la orientación de su protagonista, pero al mismo tiempo era bastante más transgresora que la recién estrenada Moonlight (Barry Jenkins, 2016).

    Presentada el año pasado en la Berlinale, con un foco menos mediático y aún más liviano se inscribe Rara, la ópera prima de Pepa San Martín, cineasta chilena curtida como ayudante de dirección que tras varios cortometrajes ha dado ahora el paso al largo. Para ello se inspira en la historia real de una juez de su país a quien le retiraron la custodia de su descendencia por su lesbianismo, que por cierto comparte la propia directora y coguionista, aprovechando así todos estos elementos biográficos para contarnos un drama sentido y verosímil. En concreto sus personajes principales son la madre y su pareja, las dos hijas de la primera y su ex marido, quien reclama a las niñas cuando una de ellas le confiesa que no se siente muy cómoda en su hogar. Congruente con este estado de cosas, la rareza del título no se refiere a la sexualidad de la madre, sino a los sentimientos de su primogénita, que ve cómo sus amigos y conocidos no se encuentran forzados como ella a salirse de la norma y lidiar con lo que pueda perjudicar la reputación ajena. Con todo, la trama evita el enfrentamiento directo, pues ninguno de estos otros individuos margina o incluso interpela a la joven protagonista por estas circunstancias. En otras palabras, el conflicto es decididamente interno, casi nunca externo. Si surgen discusiones o peleas, lo hacen entre los propios miembros de esta familia cuya pacífica existencia se ha visto alterada por lo que al fin y al cabo es un mero malentendido. O más precisamente lo ha sido por una comunicación errática que San Martín se cuida de contrastar con su presentación inicial, desplegando en ella su experiencia teatral, mediante un largo y armónico plano secuencia de la casa donde preparan la comida y luego la comparten las dos mujeres y sus hijas. Tras ello la narración se vuelve más fragmentada, sucediéndose los episodios en apariencia anodinos mientras las susodichas relaciones se van deteriorando.

    Rara

    «La denuncia cede ante una voluntad de imparcialidad que dota a la historia de cierta credibilidad cosmopolita, al no realzar casi ningún particularismo y basarse en una cotidianeidad cordial, pero se deja en el camino todo afán de transgresión e innovación».


    Con todo, desde este punto de vista técnico hay que detenerse antes en el primer plano, de seguimiento con steadycam del cogote de la muchacha mientras recorre el patio de su escuela y entra en su edificio, en un trecho considerable pero sin interacciones de por medio; antes de cortar en elipsis a un plano lateral del coche donde viaja, aprovechando la ventana abierta para ondear el aire con su brazo. Poner de manifiesto ahora estas dos tomas es revelador porque muestra que desde su arranque el metraje cae rendido a los clichés de ese tipo de cine censurado por James Gray, casi de forma paródica pese a su indudable rigor: el primero de estos planos es un recurso omnipresente entre sus movimientos de cámara, incluso más prolongado de lo habitual; mientras que el segundo es un detalle más nimio pero igual de ilustrativo del comportamiento de los seres a la deriva que suelen poblar estos relatos. Dejando de lado este ejemplo menor, el anterior podría justificarse si tenemos en cuenta lo dicho más arriba: importa la mirada de esta chica y la de los demás que se cierne sobre ella, por lo que iniciar la historia con esa escena sería toda una declaración de intenciones. El problema es que el encuadre está tan manido que arriesga a perder una significación propia, sobre todo si el estilo posterior se aleja de todo radicalismo subjetivo. La denuncia cede ante una voluntad de imparcialidad que dota a la historia de cierta credibilidad cosmopolita, al no realzar casi ningún particularismo y basarse en una cotidianeidad cordial, pero se deja en el camino todo afán de transgresión e innovación. En suma, sin desmerecer las citadas cualidades de Rara que recomiendan su visionado tanto a efectos de entretenimiento como de ética, lo argumentado aquí acaba difuminando su mensaje e incorporándolo a una cantidad ingente de filmes de similar acabado audiovisual, lo cual contradice su pretendida individualidad. | ★★★ |


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Chile & Argentina, 2016. Presentación: Berlinale 2016. Dirección: Pepa San Martín. Guion: Pepa San Martín & Alicia Scherson. Productoras: Manufactura de Películas / Le Tiro Cine. Fotografía: Enrique Stindt. Montaje: Soledad Salfate. Música: Ignacio Pérez Marín. Diseño de producción: Amparo Baeza.. Reparto: Julia Lübbert, Emilia Ossandon, Mariana Loyola, Agustina Muñoz, Daniel Muñoz. Duración: 88 minutos.

    El fulgor efímero

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