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    Crítica | 9 meses

    Keeper

    15 una vez

    crítica ★★★ de 9 meses (Keeper, Guillaume Senez, Bélgica, 2015).

    Maxime y Mel tienen 15 años. En una esquina del patio del instituto se besan como dos adolescentes de 15 años; se miran como dos adolescentes de 15 años; se tocan como dos adolescentes de 15 años. En la escena que abre la ópera prima del director belga Guillaume Senez se palpa la embriaguez pasional de quien ama por primera vez como si no hubiera un mañana, como si el presente se fuera a replicar de manera infinita sobre el futuro. Al realizador le bastan los primeros minutos de la cinta para presentar de manera certera a estos dos jóvenes. En su baboso morreo se concentran los anhelos de aquellos que esperan comerse el mundo, que son muy conscientes de que tienen todo el tiempo por delante y deciden exprimir el ahora al máximo. Es justo entonces cuando el hecho inesperado del embarazo irrumpe en su idilio puberal para intentar obligarles a que coloquen los pies en el suelo a marchas forzadas. Esa primera escena de la que hablábamos nos sirve no solo para conocer a los dos protagonistas de 9 meses, sino también para entender el acercamiento de Senez a sus personajes: con tomas largas, muy cerradas siempre sobre ellos, escrutando sus gestos y diálogos en un afán de retratar una situación que, pese a que no nos es ajena en el cine, se nos presenta de un modo un tanto diferente.

    Heredando de sus compatriotas los hermanos Dardenne el buen ojo y la pausa para el retrato social de personajes y de Lafosse su capacidad de retratar distintos puntos de vista de un conflicto, Senez construye una película que no trata de dar soluciones o sentar cátedra, sino más bien de exponer el difícil mecanismo que se esconde detrás de tomar cualquier decisión vital. La cercanía e implicación con la que se acerca la historia contrasta con su distancia a la hora de realizar cualquier tipo de juicio, subrayando así nuestra incapacidad como seres humanos de juzgarlos sin dobleces, como si todo fuera blanco o negro. Así, desde Maxime y Mel, para quienes parece que la decisión se puede tomar en un juego de feria (ya saben, a los 15 años, no se sabe más) pasando por los padres de ambos, cuyas vidas y posiciones determinan su visión sobre la situación, el director belga se esfuerza por escenificar una polifonía de razones y argumentos que se van desplegando en su justo tiempo, controlando en todo momento el tempo de la reflexión y la empatía narrativa. Si él está dispuesto a tenerlo no es más que por una mezcla entra la ilusión y la certeza de quien cree que se convertirá en una estrella incontestable, con mansiones, coches y lujo asegurado; puede que ella tenga más dudas, pero es consciente de que la decisión final es únicamente suya. Si los padres de él le apoyan es por esta concepción de la responsabilidad paterno filial que aboga por el apoyo a las decisiones de los vástagos, aunque estén equivocados, como una forma de educación. Si la madre de ella se niega a que el embarazo vaya adelante es por evitar que su hija repita los mismos errores que ella cometió. Y así, aunque Senez prefiera dar más importancia al punto de vista de Maxime (lo que desdibuja en exceso al personaje de Mel, un desequilibrio que afecta demasiado al propio principio narrativo de la película), lo cierto es que los personajes adultos tienen el espacio suficiente para mostrar la otra cara de la moneda, la de la madurez que tampoco está preparada para afrontar lo que se avecina.

    Pese a todos los recursos que tiene a su alcance para el subrayado y el remarcado, 9 meses se aleja de todos ellos. Huyendo del drama excesivo y de consideraciones políticas, Senez opta por crear una película donde la naturalidad y veracidad son su mejor arma de representación. Así, cuando la idea del aborto sobrevuela el ambiente o la adolescencia muestra su lado más irreflexivo, el director se cuelga del rostro de sus personajes, escruta la realidad que representan para mostrar el insoportable peso de la responsabilidad. Es el resultado de un método de trabajo distinto: pese a tener un guion cerrado, los actores protagonistas (Galatéa Bellugi, el rostro de la inocencia, y Kacey Mottet Klein, que lleva de manera magnífica sobre sus hombros el peso de toda la película) solo conocían pequeños fragmentos de los diálogos sobre los que debían construir el resto. Puede que este método le haya dotado de ese contacto con la realidad que no solo compone la espina dorsal de su puesta en escena, sino que es la base sobre la que se asienta su narrativa sosegada que va serpenteando por los deseos y las dudas de dos adolescentes en el proceso de convertirse en adultos. 9 meses es cine del que se pega a la retina por su naturalidad, por tener la impresión de estar frente a una historia veraz y humana, contada con una delicadeza y una sencillez que atrapa en cada primer plano. | ★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / Barcelona


    Ficha técnica
    Bélgica, Suiza, Francia. 2015. Título original: Keeper. Director: Guillaume Senez. Guion: David Lambert, Guillaume Senez, Marcia Romano. Productores: Olivier Abrassart, Samuel Feller, Elisa Garbar. Productoras: Iota Production, Magellan Films, Mollywood. Fotografía: Denis Jutzeler. Música: Marianne Roussy. Montaje: Julie Brenta. Reparto: Kacey Mottet Klein, Galatéa Bellugi, Laetitia Dosch, Corentin Lobet, Sam Louwyck, Catherine Salée. PÓSTER OFICIAL.

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