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    Crítica | Baskin

    Baskin

    Cuando el infierno nos alcance

    crítica de Baskin (Baskin, Can Evrenol, Turquía, 2015).

    Cada vez son más los realizadores que, tras llamar la atención en festivales gracias a impresionantes cortos de género fantástico, los convierten en las semillas sobre las que edifican sus debuts en el largometraje. Esto, la mayoría de las veces, es un arma de doble filo, ya que crean altas expectativas, pero, al mismo tiempo, deben luchar contra la alargada sombra de la obra original y conseguir un resultado que no cree la sensación de corto alargado. Andrés Muschietti o David F. Sandberg, por ejemplo, se quedaron en tierra de nadie con sus versiones ampliadas de Mamá (2008) y Lights Out (2013), dos pequeñas perlas que, en escasos minutos, resultaron espeluznantes, pero que perdieron fuelle en su versión extendida al venderse a los convencionalismos propios del cine de terror de multisalas. El turco Can Evrenol causó sensación con su corto Baskin en el Festival de Sitges de 2013, relatando la pesadilla en la que se veían inmersos cuatro agentes de policía cuando acudían a una misión rutinaria, y también ha escogido volver sobre los pasos de aquella historia para construir su ópera prima, con la que regresó a la ciudad catalana dos años después, despertando aplausos y animadversiones a partes iguales, aunque, eso sí, siempre sin dejar indiferente a nadie.

    Baskin, al igual que el corto homónimo, presenta a una patrulla de policías (cinco, en este caso) durante una noche de servicio como tantas otras, en donde las conversaciones sobre fútbol o iniciaciones sexuales, salpicadas de un humor un tanto soez que es interrumpido, de manera abrupta, por un imprevisible estallido de violencia, parecen querer remitirnos a los primeros tiempos del cine de Tarantino –el de Reservoir Dogs (1992)–, pero sin acercarse al ingenio de los diálogos del cineasta de Knoxville. Cinco hombres de personalidades dispares, entre los que sobresalen el jefe Remzi (Ergun Kuyucu) y el agente más joven del grupo, Arda (Gorkem Kasal), con el que mantiene una estrecha relación de afecto y protección casi paternal, que ven como su rutinaria guardia se convierte en una auténtico infierno cuando acuden a una antiguo cuartel policial abandonado, en medio de un apartado lugar de pasado de lo más turbulento, después de recibir una llamada de socorro. Evrenol y su grupo de guionistas (tres, nada menos) no consiguen eludir la antes mencionada sensación de haber tenido que recurrir a relleno de metraje innecesario, sobre todo en su primera mitad, con una presentación de personajes demasiado dilatada, mucho diálogo superfluo e, incluso, un chirriante episodio pseudomusical en el interior del furgón policial, con los policías animándose a canturrear un tema que suena en la radio. Parece que a la película le cuesta entrar en materia, pese a que en el camino se cuelen un par de escenas impactantes –el prólogo son el niño y sus "terrores nocturnos"; el cruce de confesiones entre jefe y discípulo en la mesa del bar–, de las que logran que se te erice el vello y que sirven para sobrellevar con mayor interés un primer acto titubeante.

    Baskin

    «Si en algo triunfa Evrenol en su primera incursión cinematográfica es en que, a pesar de sus numerosos referentes, Baskin jamás pierde esa genuina identidad propia que impide que pueda pasar desapercibida en una cartelera tan necesitada de revulsivos de este calibre».


    Definitivamente, aquellos años en los que el cine fantástico turco se hizo célebre por "tomar prestadas" las ideas de Hollywood para realizar esperpénticos plagios –hoy piezas de coleccionista de la serie Z para quienes gustan de echarse unas risas a costa de irrisorias actuaciones, fallos de raccord de manual y paupérrimos efectos especiales– de grandes éxitos del momento (aquellos que no llegaban a estrenarse en el país a causa de la censura) como Superman, Star Wars, E.T. o El exorcista, han quedado muy atrás y Baskin puede presumir de contar con un acabado formal que podría rivalizar con cualquier producción estadounidense de similares características. La fotografía de Alp Korfali contribuye con acierto a la creación de una atractiva ambientación, entre onírica y decadente, del mismo modo que la música de Ulas Pakkan, con sus ochenteros sintetizadores, haría las delicias del maestro John Carpenter que, con toda claridad, también se encuentra entre las influencias que el director turco ha tenido para su cinta –ese grupo de policías atrapados bien podría ser el de Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), expuesto a experiencias satánicas que no andan muy alejadas de los territorios de El príncipe de las tinieblas (1987) o En la boca del miedo (1993)–. Si de algo se puede vanagloriar también Baskin es que sus responsables no han traicionado el material original del que parten, manteniendo intactas toda su turbiedad y una violencia explícita que, en sus pasajes más extremos, no teme caer en el gore. Así pues, los amantes de las emociones fuertes pueden verse ampliamente recompensados en una última media hora que es toda una orgía de horrores, sangre y sexo bizarro, dentro del subgénero demoníaco de tintes lovecraftianos, con una atmósfera sucia y enfermiza como pocos valientes autores se han atrevido a plasmar en imágenes –hay ecos de la creación de Clive Barker La secta (Michele Soavi, 1991) o de las escenas culminantes de Society (Brian Yuzna, 1989) o The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012), pequeñas muescas de culto nunca del todo valoradas–, y un villano excepcional en la forma de horripilante maestro satánico. Con semejante clímax final, Baskin consigue redimirse de cualquier debilidad propia de una ópera prima, ya que el exotismo de su propuesta hace que esta se revele como una más que gozosa serie B que demuestra que la industria turca aún tiene mucho que aportar al género y que en este aún quedan caminos por transitar o, al menos, se puede hacer de forma diferente. Y es que si en algo triunfa Evrenol en su primera incursión cinematográfica es en que, a pesar de sus numerosos referentes (y aunque pueda sonar contradictorio), Baskin jamás pierde esa genuina identidad propia que impide que pueda pasar desapercibida en una cartelera tan necesitada de revulsivos de este calibre. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Turquía. 2015. Título original: Baskin. Director: Can Evrenol. Guion: Ogulcan Eren Akay, Can Evrenol, Cem Ozuduru, Ercin Sadikoglu. Productores: Todd Brown, Muge Buyuktalas, Mike Hostench. Fotografía: Alp Korfali. Música: Ulas Pakkan. Montaje: Erkan Ozekan. Diseño de producción: Sila Karakaya. Reparto: Gorkem Kasal, Ergun Kuyucu, Muharrem Bayrak, Fatih Dokgöz, Sabahattin Yakut, Mehmet Cerrahoglu. PÓSTER OFICIAL de BASKIN: LINK.

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