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    Crítica | Fort Tilden

    Fort Tilden

    Última parada: Queens

    crítica de Fort Tilden (Fort Tilden, Sarah-Violet Bliss, Charles Rogers, EE.UU., 2014).

    Una de las sensaciones televisivas más refrescantes de las últimas temporadas llegó de la mano de Lena Dunham con su serie Girls, que comenzó su andadura en 2012 en la cadena HBO, contando las peripecias de un grupo de veinteañeras de Nueva York (Soshanna, Hannah, Jessa y Marnie) que deben hacer frente a las dificultades de la vida adulta, a través de un humor ácido y provocativo. En esta línea se mueve, claramente, Fort Tilden (2014), la ópera prima que ha unido a Charles Rogers y Sarah-Violet Bliss –aunque ella ya había participado en uno de los segmentos de El color del tiempo (2012)– como directores, tras una amplia experiencia como guionistas y montadores. Se trata de un proyecto tan pequeño y humilde que la etiqueta de indie casi le viene grande, y que sus responsables han logrado sacar adelante con grandes esfuerzos, disponiendo de muy pocos meses para su escritura y realización. Nunca habrían imaginado Rogers y Bliss que esta película, rodada con más cariño que medios (el presupuesto es mínimo), obtendría tan entusiasta respuesta en su paso por la 17ª entrega del Festival SXSW, donde se hizo con el Gran Premio del Jurado, un reconocimiento que, unido a las buenas sensaciones despertadas en otras citas festivaleras como Boston, Chicago o Nueva Orleans, no ha sido suficiente para evitar la escasa proyección de la cinta en salas comerciales, remontándose su discreto estreno en Estados Unidos y Canadá a hace un año.

    El filme nos presenta a dos amigas y compañeras de piso del barrio de Williamsburg, Brooklyn. Harper y Allie están más cerca de los 30 que de los 20, circunstancia que no impide que continúen inmersas en una etapa de inmadurez que les imposibilita hacerles ver qué quieren hacer con sus vidas. Harper vive de los cheques que su adinerado padre le extiende, supuestamente, para financiar su carrera como artista, mientras que Allie se ha inscrito como voluntaria del Cuerpo de Paz, pero, cuando más cerca está la fecha de viajar hasta Liberia, el destino que le ha tocado, menos segura se siente sobre si será capaz de entregar dos años de su juventud, alejada de los placeres superficiales a los que está acostumbrada. Egocéntricas, vagas y más preocupadas de disfrutar el presente que en pensar en el mañana, estas amigas parecen mirar por encima del hombro a las personas de su entorno que sí se han embarcado en proyectos vitales o profesionales reales. Cuando conocen a un par de chicos durante una fiesta, acuerdan encontrarse con ellos al día siguiente en Fort Tilden, la playa más cool de Nueva York, famosa por sus dunas y la cantidad de celebridades que la frecuentan. Sin embargo, lo que se preveía como una divertida excursión a la playa, con un rato de sexo, drogas y desenfreno en compañía de sus ligues como objetivo final, se transforma en una sucesión de calamidades que sacan a relucir todos los miedos e inseguridades de las jóvenes, poniendo a prueba, de paso, una amistad no tan férrea como la que creían tener. Fort Tilden es una suerte de road movie que sustituye el coche habitual por un par de bicicletas prestadas (que no tardan en desaparecer de la ecuación) y algún que otro taxi para recorrer el no demasiado amplio espacio que separa Brooklyn de Queens. Uno de esos viajes de autodescubrimiento que, en esta ocasión, aporta más quebraderos de cabeza que satisfacciones a sus protagonistas.

    Fort Tilden

    «Fort Tilden es una película que, sin abandonar en ningún momento su agudo sentido del humor o su tono aparentemente superfluo, consigue convertir un simple viaje a la playa en una cruel metáfora de la transición a la madurez».


    El guion de los propios directores (en colaboración con Brian Lannin, desdoblado también como responsable del trabajo fotográfico) es, a pesar de su apariencia sencilla e improvisada, uno de los puntos fuertes de la cinta. Cada línea de diálogo o situación rebosa autenticidad, siendo un fiel reflejo de lo perdida que se encuentra buena parte de esta generación cercana a los treinta al encontrase de bruces con la dura realidad de la vida, ese momento en el que debe romper el cordón umbilical con los padres para encontrar su lugar en el mundo, tanto en lo sentimental como en lo laboral. La nutrida galería de personajes secundarios con los que Harper y Allie se va topando en su camino no hace más que actuar como reflejo de lo que deberían ser y aún no han logrado, desde esas antiguas compañeras de Allie que ahora trabajan como profesoras y se comportan de un modo mucho más adulto, a esas acompañantes de sus amigos que, a pesar de tener diez años menos que ellas, ya pueden presumir de haber visto más mundo o tener un currículum profesional remarcable. Un éxito ajeno que no hace más que acentuar ese sentimiento de frustración y vacío en unas protagonistas que postergan sus obligaciones (Allie se pasa toda la jornada esquivando, mediante excusas y mentiras vía whatsapp, a su coordinadora de Cuerpo de Paz) hasta el infinito. Bridey Elliott y Clare McNulty ofrecen unas actuaciones muy naturales que consiguen que sus personajes, a pesar de su comportamiento caprichoso, egoísta e infantil, terminen por ganarse la simpatía del público, gracias a una versatilidad tragicómica a prueba de bombas.

    Fort Tilden es una película que, sin abandonar en ningún instante su agudo sentido del humor (divertidísima la escena de la cola en el supermercado) o su tono aparentemente superfluo, consigue convertir un simple viaje a la playa en una cruel metáfora de la transición a la madurez, donde los constantes desvíos de camino de sus protagonistas, las pruebas a las que se tienen que enfrentar (esa camada de gatitos abandonados) y la fauna con la que les toca coincidir, están cargados de dobles lecturas. Los guionistas reconocen haber tenido como claro modelo a Romy y Michelle (David Mirkin, 1997) –disparatada comedia protagonizada por Mira Sorvino y Lisa Kudrow que, con los años, se ha visto muy revalorizada– para la construcción de los personajes de Harper y Allie, adaptando su carácter esperpéntico a una sociedad actual en la que la felicidad parece no existir más allá de la falsa imagen proyectada a través de una foto publicada en Facebook. Sarah-Violer Bliss y Charles Rogers triunfan en la forma (estamos ante una obra luminosa, rodada con más elegancia de la que su presupuesto se podía permitir) y en el tono, entre desenfadado y melancólico, de un debut que merece toda la consideración del mundo, y que demuestra que, cuando hay talento e inteligencia en la escritura, no existe obstáculo infranqueable para entregar un filme sincero y de lo más estimulante, que permanece en el recuerdo más tiempo del esperado después de su visionado. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2014. Título original: Fort Tilden. Directores: Sarah-Violet Bliss, Charles Rogers. Guion: Sarah-Violet Bliss, Charles Rogers, Brian Lannin. Productores: Mollye Asher, Geoff Mansfield. Fotografía: Brian Lannin. Música: Alexander Moro. Montaje: Sarah-Violet Bliss. Diseño de producción: Katrina Whalen. Reparto: Bridey Elliott, Clare McNulty, Neil Casey, Jeffrey Scaperrotta, Griffin Newman, Christine Spang, Hallie Haas, Desireé Nash, Becky Yamamoto, Peter Vack.

    Póster: Fort Tilden
    Feelmakers

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